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sobre Albondón
Conocido como el balcón al mar de la Contraviesa; famoso por sus viñedos y la producción de vino tradicional de la zona
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Hay pueblos que parecen hechos para una visita rápida y una foto. Albondón, en cambio, es más bien de esos sitios donde uno llega y piensa: aquí la vida va a otro ritmo. Si buscas turismo en Albondón esperando monumentos grandes o calles llenas de tiendas, igual te descoloca un poco. Esto va de otra cosa.
El pueblo está a unos 900 metros de altura, en una de esas zonas donde la Alpujarra empieza a mirar hacia la costa. Viven aquí algo más de 700 personas y la vida gira alrededor de lo que da la tierra: olivos, almendros y algunas viñas plantadas en laderas que en verano parecen demasiado secas para que salga nada… pero salen.
No hay grandes reclamos ni un casco histórico preparado para autobuses. Lo que hay es un pueblo que sigue funcionando como pueblo.
Caminar por Albondón sin rumbo fijo
La mejor manera de entender Albondón es hacer algo muy simple: caminar cuesta arriba y cuesta abajo sin mirar demasiado el mapa.
Las calles son estrechas y empinadas, con casas blancas que se adaptan a la pendiente como pueden. Muchas mantienen elementos muy típicos de la arquitectura alpujarreña: chimeneas cilíndricas, azoteas planas y tinaos que todavía se usan como espacio de sombra o refugio cuando cambia el tiempo.
La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación ocupa uno de los puntos centrales del pueblo. Suele situarse su origen en el siglo XVI, levantada tras la etapa musulmana, algo bastante habitual en esta parte de Granada. Por fuera es sobria; por dentro conserva detalles mudéjares en la techumbre que recuerdan bien de dónde viene todo esto.
La plaza funciona como punto de encuentro. No es grande ni monumental, pero es donde acaba pasando todo: conversaciones largas, gente que se para a charlar y ese ambiente de pueblo pequeño donde siempre hay alguien que conoce a alguien.
El paisaje de bancales alrededor del pueblo
En cuanto sales un poco del casco urbano empiezan a aparecer los bancales. Si has estado por la Alpujarra te sonarán: terrazas de piedra que cortan la montaña en escalones.
Aquí siguen bastante presentes y todavía se trabajan muchos. Olivos, almendros y pequeños huertos van dibujando el paisaje alrededor del pueblo. En marzo, cuando florecen los almendros, el contraste con el terreno seco cambia bastante el aspecto del valle.
Es un paisaje muy agrícola, sin demasiada escenografía. Pero justo por eso resulta fácil imaginar cómo ha sido la vida aquí durante generaciones.
Caminos y monte en los alrededores
Albondón también es un buen punto para salir a caminar por la sierra baja que conecta con Sierra Nevada.
Uno de los recorridos más conocidos sube hacia el Cerro del Conjuro. No es una excursión técnica, pero la pendiente se nota y conviene llevar agua, sobre todo en meses calurosos. Desde arriba, cuando el día está claro, se llega a ver tanto la parte alta de la Alpujarra como la línea del Mediterráneo al fondo.
Hay más caminos rurales que salen del pueblo y atraviesan zonas de cultivo o monte bajo. Muchos son antiguos caminos agrícolas que siguen usando los vecinos, así que lo normal es encontrarse algún coche, tractores o gente trabajando.
Comer como se ha comido siempre aquí
La cocina del pueblo es directa, sin rodeos. Mucho producto de la zona y platos pensados para quien ha pasado la mañana en el campo.
El aceite de oliva es uno de los pilares, junto con embutidos caseros, platos de carne como el choto al ajillo o dulces donde la almendra aparece bastante. Son comidas contundentes, de las que te dejan claro que aquí el recetario viene del trabajo diario más que de la experimentación.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones mantienen un tono bastante local. Una de las más conocidas suele ser la de San Blas, a comienzos de febrero, cuando se organizan actos religiosos y encuentros vecinales donde la música y la comida tienen bastante protagonismo.
En verano llegan las fiestas principales, con verbenas, actividades organizadas por asociaciones del pueblo y ese ambiente típico de agosto en muchos pueblos andaluces: gente que vuelve unos días, familias que se reencuentran y la plaza con más movimiento de lo normal.
La Semana Santa aquí es más recogida que espectacular. Las procesiones avanzan despacio por calles estrechas y con pendiente, lo que ya marca el ritmo.
Llegar a Albondón
Desde Granada capital hay alrededor de 75 kilómetros. Lo habitual es bajar hacia la costa por la A‑44 en dirección a Motril y después subir por carreteras comarcales.
El último tramo tiene bastantes curvas, de los que te obligan a tomártelo con calma. Pero también es cuando empiezan a aparecer las vistas de la sierra y del mar a lo lejos.
Y ahí es cuando entiendes un poco mejor Albondón: un pueblo en tierra de paso entre montaña y costa, que sigue a lo suyo sin preocuparse demasiado por llamar la atención. Si llegas con esa idea, suele funcionar.