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sobre Escúzar
Localidad con un importante parque industrial y tecnológico; conserva un núcleo histórico tranquilo y canteras de piedra tradicionales
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¿Sabes cuando pasas por un sitio en coche y piensas: “aquí no debe pasar gran cosa”? Escúzar es uno de esos lugares. Y luego aparcas, caminas diez minutos, y empiezas a entender que precisamente de eso va el pueblo. Turismo en Escúzar no significa una lista de monumentos ni calles llenas de cámaras. Significa asomarse a un pueblo pequeño de la comarca de Alhama donde la vida sigue bastante pegada al campo.
Está a unos 890 metros de altitud y ronda los 800 habitantes. Casas blancas, muchas con rejas antiguas y portones de madera que han visto pasar más de una generación. Aquí casi todo gira alrededor del olivar y de los cultivos de secano que rodean el casco urbano.
Un centro pequeño que se recorre en un rato
El corazón del pueblo se entiende rápido. No es grande y tampoco intenta aparentar lo contrario. La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario marca el centro, con una fachada sobria, de esas que no buscan llamar la atención pero llevan ahí toda la vida.
Alrededor salen calles cortas y tranquilas. Algunas conservan puertas labradas y patios interiores que se adivinan desde la acera. Caminas cinco minutos y acabas en la plaza, donde lo normal es ver a algún vecino charlando o trasteando con el coche.
Es un casco urbano sencillo. Pero también bastante auténtico, de los que todavía funcionan como pueblo y no como decorado.
El paisaje que rodea Escúzar
Si levantas la vista en casi cualquier esquina, aparecen los olivares. Colinas suaves, parcelas de tierra seca y ese verde grisáceo tan típico del olivo andaluz.
En las zonas algo más altas cerca del pueblo hay puntos desde donde se entiende bien el entorno. El campo se abre hacia todos lados y, cuando el día está claro, suele dibujarse al fondo la silueta de Sierra Nevada.
No es un paisaje espectacular en el sentido de postal. Se parece más al fondo que ves desde la ventanilla cuando atraviesas media Andalucía en coche: repetido, tranquilo y muy ligado al trabajo agrícola.
Caminar entre olivares
Una forma sencilla de entender Escúzar es salir del casco urbano y seguir alguno de los caminos rurales. No hace falta ser senderista ni llevar equipo especial.
Son pistas de tierra entre olivos, cortijos dispersos y algún algarrobo viejo. En verano el sol pega fuerte, así que conviene ir con calma. El silencio aquí es bastante real. Lo rompen los pájaros y poco más.
De vez en cuando se ve algún cernícalo planeando bajo sobre el campo. Ese tipo de escena que dura unos segundos y ya está, pero se te queda grabada.
Comida de casa y despensa del campo
La cocina local sigue muy conectada con lo que se cultiva alrededor. El aceite de oliva es la base de casi todo y suele encontrarse directamente en pequeñas tiendas del pueblo.
Los platos que más se repiten son de los de cuchara o sartén grande: migas, guisos con legumbres, caracoles cuando llega la temporada. Comida sencilla, contundente y pensada para gente que ha pasado la mañana trabajando fuera.
También aparecen dulces caseros en algunas épocas, sobre todo ligados a celebraciones o a recetas que se preparan en familia.
Fiestas y momentos del año
La devoción a Nuestra Señora del Rosario suele marcar una de las celebraciones principales del calendario local, tradicionalmente en octubre. Durante el año también aparecen romerías o fiestas más pequeñas vinculadas a santuarios cercanos.
La Semana Santa se vive de una forma bastante recogida. Procesiones lentas por calles estrechas, vecinos mirando desde las puertas y un ambiente más tranquilo que en ciudades grandes.
Son celebraciones muy del pueblo. Aquí la mayoría de la gente se conoce.
¿Cuánto tiempo dedicarle?
Escúzar no necesita un día entero para entenderse. En un par de horas puedes recorrer el centro, subir a algún punto alto y pasear un rato por los caminos cercanos.
Está relativamente cerca de Granada capital, así que mucha gente llega en coche para una visita corta. Es más una parada tranquila que un destino que te obligue a planificar demasiado.
A mí me recuerda a cuando visitas el pueblo de un amigo: no vas buscando monumentos. Vas a ver cómo es el sitio, caminar un rato y entender el ambiente.
Escúzar funciona así. Sin grandes gestos. Solo un pueblo pequeño, rodeado de campo, que sigue a su ritmo. Y a veces eso ya dice bastante.