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sobre Fornes
Municipio joven cerca de los Bermejales y el Parque Natural Sierras de Tejeda; ideal para el turismo de naturaleza y senderismo
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A las siete, cuando aún no pasa casi ningún coche, Fornes suena a pasos sobre el cemento y a alguna persiana que se levanta despacio. El aire baja frío desde la sierra, incluso con el cielo despejado. Alrededor del pueblo se extienden los olivares y, más allá, la línea irregular de las montañas. Desde aquí se entiende rápido dónde está uno: en la comarca de Alhama, en un núcleo de unas quinientas personas donde el paisaje pesa tanto como las casas.
Fornes se asienta en las estribaciones de la sierra de Almijara, a cierta altura sobre el valle del Cacín. La sensación es de borde: detrás quedan las lomas cultivadas y delante se abre un terreno más abrupto. En invierno la luz es limpia y las distancias parecen más cortas.
Calles en pendiente y casas blancas
El caserío se agrupa sin grandes espacios vacíos. Calles estrechas, algunas con bastante cuesta. Las fachadas encaladas reflejan la luz con fuerza a mediodía. En muchas puertas todavía se ven aldabas gastadas y rejas de hierro que ya tienen varias décadas.
Caminar por el pueblo no lleva mucho tiempo, pero la pendiente obliga a parar de vez en cuando. Al levantar la vista, aparecen patios con macetas o pequeños huertos pegados a las casas. No hay grandes edificios ni conjuntos monumentales. Lo que se ve responde a una arquitectura pensada para vivir aquí, con veranos secos y mañanas frías en invierno.
La iglesia en el centro del pueblo
La iglesia parroquial, dedicada a la Inmaculada Concepción, ocupa uno de los puntos más visibles del núcleo. Su origen suele situarse en época mudéjar, aunque el edificio ha pasado por varias reformas. La fachada es sobria, blanca, sin demasiados adornos.
El interior no siempre está abierto. A veces se puede entrar cuando coincide con celebraciones o momentos concretos del día. Si la puerta está abierta, asomarse un momento permite ver detalles sencillos: una pila bautismal, una talla sobre un altar lateral.
Mirar hacia el valle del Cacín
En cuanto se sale un poco del casco urbano, el paisaje se abre. Los olivares bajan en terrazas hacia el valle y los barrancos aparecen entre las lomas. No hay miradores señalizados en todos los puntos, pero basta caminar unos minutos por los caminos que salen del pueblo.
Al atardecer la luz llega lateral y marca mucho el relieve. Las hileras de olivos dibujan líneas casi geométricas sobre la tierra clara. Es uno de esos momentos del día en que apenas se oye nada más que el viento.
Caminos entre olivares y restos de antiguos molinos
Desde Fornes salen varios caminos rurales que se internan en la sierra o atraviesan zonas de cultivo. Algunos llevan hasta restos de antiguos molinos, asociados al aprovechamiento del agua o del viento en otras épocas. En ciertos casos se conservan muros o estructuras básicas.
No todos los senderos están señalizados. Algunos cambian con las labores agrícolas o tras las lluvias. Si se quiere caminar más lejos, conviene preguntar antes en el pueblo o mirar bien el recorrido sobre un mapa.
Comida sencilla y fiestas del calendario local
La cocina que se mantiene aquí es directa y ligada al campo cercano. Aceite de oliva, verduras de temporada y carne de cerdo aparecen en muchos platos. Las migas suelen prepararse con uvas cuando llega el tiempo de la vendimia. También es habitual ver gazpacho serrano o gachas calientes en meses fríos.
Las celebraciones siguen el calendario religioso y el ritmo del verano. En diciembre se honra a la Inmaculada Concepción con actos que reúnen a vecinos y a quienes vuelven esos días. En agosto suele haber verbenas y actividades en la calle, cuando el pueblo se llena algo más.
Llegar desde Granada implica recorrer carreteras secundarias con bastantes curvas en los últimos kilómetros. Hay que calcular bien el tiempo si se conduce de noche.
Si se visita Fornes, los meses de primavera y principios de otoño son los más agradables para caminar por los alrededores. En invierno el frío se nota por la mañana y las tardes caen pronto. Aun así, en días despejados la luz sobre los olivares tiene algo muy claro, casi duro, que explica bien el carácter del lugar.