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sobre Ventas de Huelma
Pueblo de paso histórico en la zona del Temple; agricultura de secano y ambiente rural tradicional
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Hay pueblos que funcionan como un destino y otros que se parecen más a una pausa en el camino. Turismo en Ventas de Huelma va un poco por ahí. Vas conduciendo entre olivares por esta parte de la provincia de Granada y, casi sin darte cuenta, aparece el pueblo: unas cuantas calles, casas bajas y ese silencio que solo se rompe cuando pasa un tractor o alguien charla desde una puerta.
Ventas de Huelma ronda los pocos cientos de vecinos y vive, sobre todo, del campo. Está en la comarca de Alhama, rodeado de colinas suaves llenas de olivos. En días claros, desde algunos puntos altos del término se intuyen las sierras que rodean esta parte de Andalucía, aunque aquí el paisaje no va de grandes panorámicas sino de mirar alrededor y entender cómo se trabaja la tierra.
El pueblo, además, tiene ese origen de cruce de caminos que todavía se nota. Una calle principal, la plaza, la iglesia de San Sebastián y poco más. No es un sitio de monumentos ni de grandes sorpresas; es más bien de sentarse un rato en la plaza, escuchar conversaciones que van y vienen y seguir camino.
El entorno inmediato es el típico del interior granadino: lomas cubiertas de olivar y caminos agrícolas que serpentean entre las fincas. El aceite de oliva ha marcado aquí el ritmo durante generaciones. En época de recogida se nota enseguida: tractores entrando y saliendo del pueblo y movimiento constante en las almazaras de la zona.
Un paseo por el pueblo
Ventas de Huelma se recorre rápido. En veinte minutos has cruzado las calles principales sin necesidad de mapa.
Las casas encaladas, las puertas grandes de madera y algunos corrales antiguos recuerdan que este siempre ha sido un pueblo agrícola. Nada de fachadas pensadas para la foto: aquí todo responde más a la utilidad que a la estética.
La iglesia de San Sebastián ocupa el centro de la plaza. Es sencilla, como casi todo en el pueblo, y durante el día suele ser el punto alrededor del que gira la vida cotidiana: gente que pasa, vecinos que se paran a hablar y coches que entran y salen despacio.
También quedan algunas fuentes tradicionales repartidas por el casco urbano. Son pequeñas, de las que usaban los vecinos a diario, y todavía hay quien se acerca a llenar una garrafa o simplemente a refrescarse en verano.
Caminar entre olivares
Si te gusta caminar sin complicarte, los alrededores dan bastante juego. No hablamos de rutas de montaña ni de senderos famosos, sino de caminos rurales que atraviesan los olivares y conectan distintas fincas.
Son trayectos tranquilos, con poco desnivel, donde lo interesante es fijarse en los detalles: los muros de piedra que separan parcelas, los mantos bajo los olivos en época de recogida, el sonido de los tractores trabajando a lo lejos.
Ese tipo de paseo que se parece más a acompañar el ritmo del campo que a hacer una excursión.
Al atardecer el paisaje cambia bastante. La luz baja, las sombras se alargan entre los árboles y todo se vuelve más silencioso. Si te gusta la fotografía rural, suele ser el mejor momento para sacar la cámara.
Comer como en los pueblos de alrededor
La cocina aquí sigue siendo la de siempre en esta parte de Granada: platos contundentes que tienen sentido después de una mañana en el campo.
Migas, guisos sencillos, carne de caza cuando toca temporada y mucho pan para acompañar. Y, claro, el aceite de oliva virgen extra de la zona, que aparece en casi todo.
Durante la campaña de la aceituna, a veces se pueden ver las almazaras trabajando a pleno rendimiento. Si tienes ocasión de entrar o visitar alguna con alguien del pueblo, es una buena forma de entender todo el proceso, desde la aceituna recién recogida hasta el aceite.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones aquí mantienen ese aire de fiesta local donde participa casi todo el mundo.
San Sebastián, patrón del pueblo, suele celebrarse en invierno con procesión y actos sencillos que reúnen a los vecinos. En verano llega la feria, con música en la plaza y reuniones que se alargan hasta la madrugada cuando el calor aprieta menos.
También la Semana Santa tiene su espacio, con recorridos cortos por las calles del centro y mucha participación de familias del pueblo.
No son celebraciones pensadas para atraer multitudes, sino más bien momentos en los que el pueblo se junta.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para moverse por esta zona. En primavera el campo está más verde y el clima acompaña para caminar. En otoño llega el movimiento de la aceituna, que cambia bastante el ambiente del pueblo.
El verano puede ser caluroso, como en buena parte del interior andaluz, así que lo mejor es madrugar si vas a salir a caminar y dejar las horas centrales para la sombra.
Ventas de Huelma no es un lugar al que venir con una lista larga de cosas que hacer. Es más bien ese tipo de sitio en el que paras un rato, das una vuelta tranquila y te haces una idea bastante clara de cómo es la vida en los pueblos pequeños de esta parte de Granada. Y a veces, con eso, ya vale.