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sobre Castilleja de Guzmán
Pequeño municipio mirador del Aljarafe con jardines históricos diseñados por Forestier y vistas a Sevilla
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Te voy a contar un secreto: el turismo en Castilleja de Guzmán se parece un poco a ese bar de barrio que está al lado de uno famoso. La mayoría pasa de largo porque todo el mundo habla del otro. Y sin embargo, cuando entras, te preguntas por qué casi nadie se detiene.
El pueblo está a unos minutos de Sevilla, en lo alto del Aljarafe. Pequeño de verdad: un par de kilómetros cuadrados donde viven unas 2.800 personas. Desde algunas calles se ve la capital al fondo, pero el ambiente es otro. Más tranquilo, más de vecino que se saluda en la puerta y de coche aparcado sin prisas.
Y lo curioso es que, pese a lo pequeño que es, debajo del suelo hay más historia de la que uno esperaría.
El palacio que lleva demasiado tiempo esperando
Al llegar llama la atención el Palacio de los Guzmán. O mejor dicho, lo que queda de aquella casa señorial levantada hace siglos. El edificio está ahí, con presencia, aunque bastante castigado por el paso del tiempo.
A su alrededor están los llamados Jardines de Forestier, que tradicionalmente se atribuyen al paisajista francés que también participó en el diseño del parque de María Luisa de Sevilla. La idea, sobre el papel, era buena: un jardín histórico en lo alto del Aljarafe.
El problema es que llevan años cerrados. Pasas por delante y ves la verja, los árboles creciendo a su aire y esa sensación de sitio que podría estar mucho más vivo de lo que está. Es una de esas cosas que los vecinos comentan cuando sale el tema del pueblo: todo el mundo sabe que está ahí, esperando.
Un suelo con miles de años de historia
Aquí viene lo que mucha gente no se imagina. Esta zona forma parte del gran conjunto arqueológico de Valencina‑Castilleja, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de la península.
A poca distancia está el Dolmen de Montelirio, con varios milenios de antigüedad, donde aparecieron enterramientos, objetos de marfil y otros hallazgos que han dado bastante trabajo a los arqueólogos. No es un lugar que funcione como atracción turística al uso, con colas y taquillas. Más bien es un territorio donde sabes que bajo los olivares y los caminos hay capas de historia.
Los romanos también pasaron por aquí, claro. La antigua Hispalis (Sevilla) quedaba cerca, y toda esta parte del Aljarafe estaba salpicada de villas agrícolas y caminos.
Lo que se come en las casas del pueblo
Una cosa que siempre digo cuando paso por pueblos del Aljarafe: la cocina que de verdad merece la pena suele estar en las casas, no en los carteles.
Si caes por aquí un domingo por la mañana y el pueblo está tranquilo, a veces huele a guiso desde las ventanas abiertas. Platos sencillos, de los de siempre: habas guisadas, algún guiso de conejo, pescado en adobo cuando llega de la costa, fideos con marisco en días señalados.
No voy a darte direcciones concretas porque cambian con el tiempo y porque en un pueblo pequeño las cosas funcionan más por recomendación que por listado. Pregunta en la plaza o a alguien que veas paseando al perro. Lo normal es que te indiquen un sitio sin demasiada ceremonia.
Caminos del Aljarafe alrededor del pueblo
Otra forma de entender Castilleja de Guzmán es salir a caminar. El término es pequeño, pero alrededor hay caminos agrícolas y senderos que conectan con otros pueblos del Aljarafe.
Algunos siguen antiguos cordeles ganaderos o caminos históricos. No son rutas de montaña ni nada espectacular; más bien pistas de tierra entre olivares y campos abiertos. De esas donde vas andando y, de repente, aparece Sevilla en el horizonte.
A mí me gusta empezar por los caminos y terminar en el pueblo. Subes a alguno de los puntos altos, miras hacia la capital, y luego bajas otra vez a las calles tranquilas.
¿Merece la pena parar en Castilleja de Guzmán?
Te lo digo como se lo diría a un amigo: no vengas esperando un pueblo museo ni un casco histórico lleno de tiendas.
Castilleja de Guzmán es más discreto. Tiene historia bajo tierra, un palacio que lleva tiempo pidiendo una segunda vida y la calma típica de los pueblos del Aljarafe que viven a la sombra de Sevilla.
Si pasas por la zona, es una parada corta que ayuda a entender mejor el territorio. Un paseo, mirar el paisaje desde arriba y seguir camino. A veces los sitios pequeños funcionan justo así.