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sobre Castilleja de la Cuesta
Famosa por sus tortas de aceite y por ser el lugar donde murió Hernán Cortés con gran tradición pastelera
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Castilleja de la Cuesta está en el borde inmediato de Sevilla, en la primera elevación del Aljarafe. Ese pequeño escalón del terreno explica muchas cosas: aquí termina la llanura del Guadalquivir y empieza una meseta suave que durante siglos resultó más segura frente a las crecidas del río. Por eso los asentamientos se fueron colocando en esta franja ligeramente elevada, mirando a la ciudad pero con tierra suficiente para cultivar.
Al entrar por carretera suele percibirse un olor dulce a aceite y anís que sale de una conocida fábrica de tortas situada junto al acceso al municipio. Esa presencia industrial forma parte del paisaje cotidiano desde hace más de un siglo. Mucho antes, los cronistas describían el entorno del Aljarafe como una extensión de olivares y viñas. El viñedo prácticamente ha desaparecido, pero el olivo sigue marcando el carácter agrícola de la comarca.
Un castrum en el Aljarafe
El nombre de Castilleja suele relacionarse con un pequeño castrum o fortificación romana que controlaba el camino que subía desde el valle del Guadalquivir hacia el interior. La lógica es geográfica: este borde del Aljarafe permitía vigilar los accesos a Hispalis y al mismo tiempo mantenerse a salvo de las inundaciones.
Algunos autores han querido identificar el lugar con la antigua “Ucia” mencionada por Ptolomeo. Es una hipótesis que aparece de vez en cuando en la bibliografía local, aunque las evidencias arqueológicas no son concluyentes.
Lo que sí está bien documentado es la reorganización del territorio tras la conquista castellana de Sevilla en el siglo XIII. A finales de esa centuria estas tierras quedaron vinculadas a la Orden de Santiago. Con el tiempo pasaron a manos de la nobleza vinculada a la corte sevillana. En el siglo XVI el condado de Olivares adquirió la jurisdicción, y en el XVII se impulsó la construcción de un convento dominico que todavía forma parte del perfil urbano del municipio.
Donde murió Cortés
Castilleja aparece en muchos libros de historia por un episodio concreto: aquí murió Hernán Cortés en diciembre de 1547. El conquistador de México se encontraba en una casa vinculada a una familia noble del entorno de Sevilla, donde pasó sus últimos días relativamente apartado de la vida pública.
El edificio exacto ha tenido distintos usos con el tiempo y hoy forma parte del entramado urbano del centro. La referencia suele pasar desapercibida para quien llega sin buscarla, pero recuerda hasta qué punto el Aljarafe estuvo ligado a la Sevilla del comercio americano y a las redes de poder que orbitaban alrededor de la ciudad.
La iglesia de Santiago Apóstol ocupa el núcleo histórico del pueblo. El edificio actual responde sobre todo a reformas de época moderna sobre una parroquia anterior. No es un templo monumental, pero ayuda a entender cómo se estructuraban estas poblaciones surgidas tras la repoblación medieval: iglesia, plaza cercana y una red de caminos agrícolas que conectaban con Sevilla y con las haciendas del entorno. La torre, visible desde distintos puntos del municipio, sigue funcionando como referencia en un paisaje de olivar cada vez más fragmentado por la expansión urbana.
El dulce negocio del Aljarafe
La economía local siempre ha estado ligada a lo que daba la tierra del Aljarafe: aceite, cereal y durante siglos también vino. En el último siglo se añadió la producción industrial de las conocidas tortas de aceite, elaboradas aquí desde principios del XX. La fábrica ocupa varias manzanas del municipio y continúa siendo una de las actividades más reconocibles del pueblo.
El olor que sale de los hornos recuerda a recetas domésticas mucho más antiguas. En muchas casas del Aljarafe era habitual preparar dulces fritos o de masa con aceite en determinadas épocas del año, especialmente en torno a la Semana Santa.
En el mercado municipal todavía se percibe algo de esa vida cotidiana. Los puestos mezclan productos de la comarca con compras del día a día. Cuando aprieta el calor no es raro ver bandejas de porra fría, preparada con abundante pan y aceite de oliva, una versión más densa que otras sopas frías andaluzas.
Entre haciendas y conventos
El centro de Castilleja se recorre en poco tiempo, pero para entender el municipio conviene mirar también hacia los bordes del casco urbano. En el Aljarafe las haciendas marcaron durante siglos la organización del territorio: grandes explotaciones agrícolas con patios de labor, almazaras o lagares y, en muchos casos, una pequeña capilla privada.
Algunas de estas construcciones siguen en pie en los alrededores del pueblo. Varias se han transformado en viviendas o equipamientos; otras conservan la estructura tradicional, aunque con distinto grado de conservación. Sus muros encalados y los patios interiores hablan de un sistema agrícola muy jerarquizado que dominó la comarca hasta bien entrado el siglo XX.
Una de las celebraciones populares del municipio mantiene la conexión con esos caminos rurales. La romería dedicada a la Virgen de la Salud suele celebrarse a comienzos del verano y recorre varios kilómetros hasta una ermita situada entre olivares. Allí se pasa el día en grupos familiares antes de regresar al pueblo al caer la tarde.
Cómo llegar y cuándo
Castilleja de la Cuesta está prácticamente pegada a Sevilla, en el inicio de la carretera que atraviesa el Aljarafe hacia el oeste. El acceso es rápido desde la capital, aunque en horas de tráfico intenso la entrada puede ralentizarse.
El casco urbano se puede recorrer a pie sin dificultad. Calles relativamente cortas, plazas pequeñas y una topografía suave hacen que el paseo resulte sencillo.
La primavera y el inicio del otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por el municipio y por los caminos del entorno. En verano el calor aprieta pronto, algo habitual en toda la cornisa del Aljarafe. En invierno, en cambio, el pueblo recupera un ritmo tranquilo: mañanas de mercado, calles con poca prisa y el olor persistente del aceite y la masa dulce saliendo de los hornos.