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sobre Gelves
Pueblo ribereño con puerto deportivo en el Guadalquivir y cuna del torero Joselito el Gallo
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Hay un momento, justo cuando el catamarán abandona el puerto, en que se te olvida que estás a un rato corto en coche del centro de Sevilla. El Guadalquivir se ensancha, las casas blancas de Gelves se quedan atrás y de repente estás en un río que se siente más tranquilo de lo que uno espera tan cerca de la capital. Es como cuando descubres que el bar de tu esquina hace el mejor café del barrio: llevabas años pasando por delante y no lo sabías.
El pueblo que no quiso convertirse en barrio de Sevilla
Gelves, en pleno Aljarafe, tiene algo de esos compañeros de trabajo que podrían meterse en todos los proyectos pero prefieren vivir con menos ruido. Está pegado a Sevilla —literalmente a un salto de puente— y aun así mantiene ritmo de pueblo.
Tiene algo más de diez mil vecinos y un término pequeño, así que aquí todo queda cerca. No hay esa sensación de periferia anónima que sí se nota en otros municipios del área metropolitana. Hay plazas con gente charlando, coches aparcados donde siempre, y vecinos que todavía se saludan por la calle.
La historia del sitio es la típica de muchos pueblos del valle del Guadalquivir: asentamientos antiguos, paso de romanos, época andalusí y, ya en el siglo XIII, conquista cristiana. Durante siglos estuvo vinculado a una familia nobiliaria, los Condes de Gelves. De hecho, tradicionalmente se cuenta que estaban emparentados con la familia de Cristóbal Colón y que varios de ellos ocuparon el cargo de Almirante de Indias. Imagina las sobremesas familiares con ese currículum flotando por la mesa.
Un puerto deportivo en pleno Guadalquivir
Lo primero que suele llamar la atención cuando llegas es el puerto deportivo. Un puerto en un río no es lo que la mayoría espera encontrar aquí.
Está en una de las orillas del Guadalquivir y funciona como punto de amarre para embarcaciones deportivas. En Andalucía no hay muchos puertos interiores de este tipo, y menos tan cerca de una capital grande. Ver mástiles y barcos a pocos kilómetros de Sevilla tiene algo raro, como encontrar una estación de esquí en la sierra de tu pueblo.
Desde aquí, algunos días salen rutas fluviales que remontan el río. El recorrido no es largo, pero cambia bastante la perspectiva: Sevilla queda atrás, aparecen orillas más verdes y el Guadalquivir se ve como lo que fue durante siglos, una vía de comunicación más que un decorado urbano.
Cocina de pueblo, de la que llena
La gastronomía de Gelves es de las que nacieron para que nadie se quedara con hambre.
El plato que más se menciona cuando hablas con gente del pueblo es el cascote. Básicamente un guiso de guisantes con arroz, panceta y chorizo, al que se le añade un chorrito de vinagre. Suena extraño la primera vez, pero funciona. Tiene ese punto entre guiso contundente y sopa espesa que apetece cuando hace fresco.
Otro clásico es el ajo molinero, una receta humilde donde el pan manda: pan, ajo, pimentón y agua. Comida de aprovechar lo que había en casa, que con el tiempo se quedó como plato tradicional.
En el lado dulce aparecen cosas muy de casa: magdalenas caseras, pestiños —que aquí a veces llevan un toque de brandy— y otras recetas que suelen salir en fiestas o reuniones familiares más que en escaparates.
Cuando la Virgen baja al río
Si hay una fecha señalada en Gelves es el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen.
La imagen baja desde el pueblo hasta el río y termina en el entorno del puerto, donde se organiza la procesión fluvial. Ver a la patrona embarcada en el Guadalquivir tiene algo curioso: mezcla tradición marinera con un paisaje que, en realidad, es completamente de interior.
Ese día el puerto se llena de gente, barcas adornadas y bastante ambiente. Incluso quien no es muy de procesiones suele acercarse a verlo, aunque solo sea por el ambiente que se forma junto al río.
¿Merece la pena acercarse a Gelves?
Si vienes buscando el típico pueblo blanco de postal andaluza, con cuestas imposibles y miradores a la sierra, este no es el sitio. Gelves juega en otra liga.
Aquí lo interesante es la mezcla: un pueblo del Aljarafe que vive pegado a una gran ciudad pero sigue mirando al río. El puerto, el paseo por la orilla y la vida diaria del municipio tienen más peso que cualquier monumento.
Mi consejo es sencillo: ven sin prisa. Aparca cerca del río, camina por el puerto y luego sube hacia el casco urbano hasta la iglesia de San Juan Bautista. Desde esa zona se entiende bien cómo el pueblo se fue acomodando entre el Aljarafe y el Guadalquivir.
Y si te cuadran las rutas en barco, súbete. No es ninguna expedición épica, pero durante un rato el paisaje cambia y cuesta creer que Sevilla esté tan cerca. A veces Gelves funciona justo así: como ese lugar al que llegas sin esperar demasiado y del que te vas pensando que deberías haber venido antes.