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sobre Tomares
Municipio residencial de renta alta con numerosos parques y el Tesoro de Tomares hallado recientemente
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Hay sitios que los miras en el mapa y piensas: “esto será un pueblo más del Aljarafe”. Y luego llegas a Tomares y te das cuenta de que funciona casi como cuando un barrio de ciudad se independiza y se monta su propia vida. Está a un salto de Sevilla, pero tiene ese ritmo de sitio donde la gente hace la compra andando y se para a charlar en mitad de la acera.
Con más de 25.000 vecinos, Tomares ya no es el típico pueblo pequeño. Es más bien como esas urbanizaciones que han crecido tanto que acaban teniendo de todo: colegios, parques grandes, avenidas anchas… y vida propia. Aun así, todavía guarda algunas historias curiosas que no te esperas.
El pueblo que encontró 53.000 monedas debajo del parque
En el parque del Olivar del Zaudín pasó algo que parece sacado de una película. Durante unas obras aparecieron ánforas llenas de monedas romanas. Miles. Más de cincuenta mil.
Imagínate estar trabajando con una excavadora y que de repente salga algo así. Debe de sentirse como cuando sacas el sofá para limpiar y aparece una moneda… pero en versión arqueológica y a lo bestia.
El hallazgo se conoce como el Tesoro de Tomares. Hoy las monedas están conservadas fuera del municipio, pero la historia sigue muy presente. Y cuando paseas por el parque, inevitablemente miras el suelo un segundo más de lo normal, como si todavía pudiera quedar algo.
Cuando el agua iba de Tomares a Triana
Hubo una época en la que Tomares tenía algo que en Sevilla escaseaba: agua de buena calidad. A mediados del siglo XIX un empresario decidió aprovecharlo y llevarla hasta Triana mediante una conducción que terminaba en la zona de la calle Betis.
Visto ahora suena casi a invento casero, como cuando alguien tira una manguera larguísima desde el patio para llenar una piscina infantil. Solo que aquí la “manguera” cruzaba medio entorno de Sevilla.
Durante un tiempo funcionó. El agua salía de Tomares y acababa abasteciendo a vecinos al otro lado del río.
Bombita, el torero que puso el nombre en el mapa
Tomares también aparece en la historia del toreo por la familia Bombita. Emilio Torres Reina y su hijo Ricardo nacieron aquí y llegaron a ser figuras en su época.
En el pueblo todavía se recuerda ese apellido. Hay una estatua y una placa en la casa natal. Algo parecido a cuando un barrio presume del futbolista que salió de sus calles. Puede que no todo el mundo siga el tema taurino, pero el nombre forma parte de la memoria local.
Un pueblo del Aljarafe que no va de estrella
Lo curioso de Tomares es que, pese a estar tan pegado a Sevilla, no vive pendiente de ella. Tiene zonas residenciales, parques grandes y bastante vida cotidiana. Por la mañana se nota el trajín de colegios y coches saliendo hacia la capital. Por la tarde el ambiente cambia y las calles se llenan más de vecinos que de tráfico.
El parque del Zaudín es uno de esos sitios donde la gente sale a caminar al caer la tarde, como quien baja a estirar las piernas después de cenar. Amplio, con caminos largos y bastante verde para estar tan cerca de la ciudad.
Las fiestas locales siguen teniendo tirón entre los propios vecinos. La romería de San Sebastián en enero suele juntar a medio pueblo. La feria de septiembre mantiene ese ambiente de casetas y reencuentros que, en pueblos de este tamaño, acaba pareciendo una reunión de antiguos alumnos.
Llegar a Tomares y qué hacer al llegar
Tomares está pegado a la A‑49, la autovía que conecta Sevilla con Huelva. Desde la capital se llega en pocos minutos en coche. Es el típico trayecto que dura menos que una canción larga en la radio.
También hay autobuses frecuentes desde Sevilla, así que mucha gente entra y sale a diario. De hecho, parte del municipio funciona como ciudad dormitorio.
Una vez allí, lo más agradecido es moverse sin prisa. Dar una vuelta por el casco urbano, acercarse al parque del Zaudín y subir a la cornisa del Aljarafe. Desde algunos puntos se ve Sevilla entera extendida al fondo, como una maqueta blanca cuando cae la tarde.
Para comer no hay un plato exclusivo del pueblo. Aquí manda lo que manda en toda la zona: buen cerdo ibérico y cocina andaluza sin demasiadas complicaciones. Si entras en un bar donde la carta está escrita en una pizarra y la gente del barrio ocupa media terraza, vas bien encaminado.
Tomares no es un sitio al que uno venga a pasar tres días seguidos. Funciona mejor como escapada corta. Un paseo, algo de historia curiosa bajo los pies y la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que viven a la sombra de Sevilla… pero con vida propia. Como ese amigo tranquilo que siempre está cerca y al que acabas llamando más de lo que pensabas.