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sobre Umbrete
Conocida como la ciudad del mosto con un impresionante palacio arzobispal y gran iglesia barroca
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Los viernes por la tarde, cuando el sol cae sobre el Aljarafe y el aire a veces huele a mosto recién prensado, Umbrete se convierte en ese tipo de pueblo donde los abuelos juegan a las cartas en la puerta y los niños corren por la calle sin que nadie les diga nada. No es que sea especialmente bonito ni tenga un monumento que te deje boquiabierto. Es algo más sencillo: el turismo en Umbrete tiene que ver con el ritmo del sitio. Aquí todo va un poco más despacio, como cuando en la radio suena una canción vieja y te quedas escuchándola aunque ibas a cambiar de emisora.
El Aljarafe que no esperas
A unos quince minutos de Sevilla capital —si el tráfico de la salida oeste se pone de tu parte— Umbrete es como ese compañero de trabajo que no habla mucho pero siempre tiene buen café. Llegas pensando que vas a ver otro pueblo del Aljarafe y te encuentras con una iglesia enorme para el tamaño del municipio.
La de Nuestra Señora de la Consolación la llaman muchos vecinos “la Catedral del Aljarafe”. Y cuando te plantas delante lo entiendes. Tres naves, proporciones grandes y un interior barroco bastante cargado, de esos que te obligan a levantar la vista un rato. En una plaza de pueblo relativamente tranquila, la iglesia se impone como alguien que entra tarde en una reunión y todo el mundo gira la cabeza.
Muy cerca está el Arco del Arzobispo, un pasadizo que conecta la iglesia con el antiguo palacio arzobispal. Es uno de esos rincones que terminan saliendo en casi todas las fotos del pueblo. No porque sea espectacular, sino porque resume bien la historia del sitio: Umbrete durante siglos estuvo muy ligado a los arzobispos de Sevilla.
Cuando el mosto manda en el pueblo
Aquí el mosto no es solo una bebida de temporada. Es casi una excusa para reunirse. Cuando llega el otoño y empiezan a abrir los lagares de la zona, mucha gente del Aljarafe se acerca a Umbrete a probar el vino joven.
En el pueblo hay tradición bodeguera desde hace bastante tiempo, y aún quedan lugares donde se sigue sirviendo mosto recién hecho durante esos meses. El ambiente suele ser bastante sencillo: mesas altas, gente comentando la cosecha del año y el olor dulzón de la uva fermentando cerca.
También se celebra cada temporada la Feria del Mosto y la Aceituna Fina, que normalmente se alarga durante varios meses de invierno. No es un festival masivo ni algo montado para turistas. Más bien funciona como una excusa para venir, probar el mosto del año y picar aceitunas de la zona, que en esta parte del Aljarafe tienen bastante fama.
Y sí, si alguien te habla de las patatas fritas del pueblo, no es broma: Umbrete tiene tradición en ese asunto y los vecinos lo cuentan con cierto orgullo.
Las haciendas que todavía aguantan
Si te apetece caminar un poco por los alrededores del casco urbano, aparecen varias haciendas agrícolas antiguas. En el Aljarafe son bastante comunes porque durante siglos esta zona vivió del olivar, el cereal y la vid.
La Hacienda de Quitapesares, que suele situarse en torno al siglo XVII, tiene uno de esos nombres que parecen inventados para una copla. Hoy se ve algo castigada por el tiempo, pero todavía deja intuir el tamaño que tuvo aquello: patios grandes, muros gruesos y la estructura típica de las haciendas de labor andaluzas.
La Hacienda del Rosario, más tardía (probablemente del XIX), se conserva mejor y ayuda a imaginar cómo funcionaban estas fincas cuando el campo movía de verdad la economía del Aljarafe.
No esperes museos ni visitas muy organizadas. Son más bien piezas del paisaje que siguen ahí, medio escondidas entre urbanizaciones y caminos.
La tortilla que no es la de siempre
La cocina de Umbrete se parece bastante a la de muchos pueblos del Aljarafe: platos sencillos, muy pegados al campo y a lo que da la temporada.
La tortilla de espárragos trigueros es uno de los ejemplos. Los trigueros son esos espárragos finos que crecen por los bordes de los caminos y los olivares. Con ellos se hace una tortilla bastante humilde de aspecto, pero con ese sabor un poco amargo que tienen las cosas que vienen directamente del campo.
Luego están los clásicos andaluces que aparecen en casi cualquier casa: salmorejo cuando aprieta el calor, gazpacho, algo de pescado frito. Comidos despacio en el centro del pueblo, escuchando a la gente mayor discutir si este año va a llover o no, que es un deporte local bastante extendido.
Mi consejo de amigo
Si vas a acercarte, prueba a hacerlo una tarde tranquila. Das una vuelta por la plaza de la iglesia, te asomas al arco, caminas un poco por el centro y, si es temporada, te tomas un mosto.
Umbrete no es un sitio lleno de cosas que tachar en una lista. En un par de horas te haces bastante buena idea del pueblo. Pero tiene algo agradable: es llano, cómodo para caminar y con ese ambiente de localidad del Aljarafe donde todo el mundo parece conocerse.
No vas a salir diciendo que es el pueblo más bonito de Andalucía. Pero sí puede pasarte algo curioso: que otro día, pasando cerca de Sevilla, pienses “vamos a desviarnos un momento por Umbrete”. Y acabes volviendo. Porque es de esos sitios que funcionan mejor cuando no esperas demasiado y simplemente te dejas caer.