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sobre Valencina de la Concepción
Destaca por su importantísimo yacimiento prehistórico con dólmenes visitables de gran valor
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Te lo voy a decir claro: Valencina de la Concepción es como ese tío del pueblo que lleva años sentado en la misma silla y un día descubres que tiene una colección de sellos que vale un dineral. Está a un salto de Sevilla, en pleno Aljarafe, y durante mucho tiempo parecía otro pueblo más del área metropolitana. Hasta que los arqueólogos empezaron a mirar bajo tierra y apareció algo serio: un asentamiento prehistórico enorme, de esos que obligan a replantear lo que sabíamos del suroeste de la península hace cinco mil años.
Cuando tu vecino era un sitio importante (hace 5000 años)
Imagínate que en tu barrio empiezan a aparecer piezas de oro, ámbar o marfil cada vez que alguien remueve el terreno. Algo así ocurre en Valencina desde hace décadas. El yacimiento prehistórico ocupa cientos de hectáreas entre este municipio y el de al lado, y solo una parte pequeña se ha excavado hasta ahora. Dicho de otra forma: sabemos que hay muchísimo bajo tierra, pero todavía estamos leyendo las primeras páginas.
El Dolmen de La Pastora es la visita más conocida. Tiene un corredor larguísimo para este tipo de construcciones —más de cuarenta metros— que acaba en la cámara funeraria. Lo curioso es la orientación: mira hacia el atardecer. Cuando el sol cae, la luz entra por el pasillo con ese tono anaranjado que tienen las tardes del Aljarafe.
Ahora bien, conviene ir con la expectativa ajustada. No es una ruina monumental al aire libre. La estructura está protegida y el acceso suele hacerse con visita controlada. Puede parecer menos espectacular de lo que uno imagina leyendo sobre él, pero cuando estás dentro y piensas que ese corredor se levantó hace milenios, la cosa cambia.
La Virgen que se quedó de alcaldesa
En el centro del pueblo está la parroquia de Nuestra Señora de la Estrella. Por fuera es la típica iglesia andaluza que ha ido creciendo con los siglos: origen en el XVI, ampliaciones posteriores y ese aspecto de edificio que ha visto pasar medio milenio de vida local.
Tiene además una curiosidad que aquí se toman muy en serio: la Virgen de la Estrella fue nombrada alcaldesa perpetua de la villa. Dicho así suena a anécdota, pero forma parte de la identidad del pueblo. La celebración grande suele llegar a principios de septiembre, cuando la imagen sale en procesión y las calles del centro se llenan de sillas y vecinos esperando el paso.
Una hacienda del aceite en pleno Aljarafe
A las afueras queda una de las antiguas haciendas olivareras de la zona, esas construcciones grandes que mezclan vivienda, patio de labor y dependencias para la molienda. Durante siglos el Aljarafe vivió del aceite, y estos complejos eran casi pequeñas fábricas rurales.
Aquí todavía se pueden ver los espacios donde se trabajaba la aceituna y algunos de los mecanismos que movían las prensas. Si te interesa entender cómo funcionaba la economía agrícola de la comarca antes de las cooperativas modernas, ayuda bastante verlo sobre el terreno.
Un paseo rápido entre dólmenes
Valencina no es un sitio que te vaya a ocupar todo el día. Es más bien de parar un rato, caminar y seguir ruta por el Aljarafe.
Entre el casco urbano y los dólmenes hay varios caminos y senderos cortos que conectan distintos puntos del yacimiento. No es una ruta de montaña ni mucho menos: más bien un paseo tranquilo entre urbanizaciones, campos y algunos restos arqueológicos señalizados. Lo interesante es pensar que bajo muchos de esos suelos siguen enterradas estructuras que aún no se han excavado.
Si sigues hacia el término vecino también hay otros monumentos megalíticos. No es un recorrido largo, pero en verano el sol del Aljarafe aprieta bastante, así que conviene ir con agua y poca prisa.
Mi veredicto de amigo
Valencina es un poco como entrar en un videoclub antiguo: desde fuera parece normal, pero dentro hay cosas que no esperabas encontrar.
No es el pueblo más vistoso de la provincia ni el que sale en más fotos. Parte del término está muy mezclado con el crecimiento urbano del área de Sevilla. Pero bajo ese paisaje cotidiano hay uno de los yacimientos prehistóricos más grandes de la península.
Mi forma de verlo es sencilla: vienes por la mañana, visitas el dolmen si hay acceso ese día, das una vuelta por el centro y te tomas algo en la plaza. En un par de horas lo tienes visto.
Y mientras caminas, acuérdate de esto: probablemente estás pisando solo una pequeña parte de lo que hubo aquí hace cinco mil años. El resto sigue bajo tierra, esperando a que alguien vuelva a levantar la primera losa.