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sobre Almensilla
Localidad residencial del Aljarafe rodeada de olivares que mantiene su estructura tradicional en el casco antiguo
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Turismo en Almensilla empieza un poco así: aparcas donde puedes, bajas del coche y en dos minutos tienes la sensación de que aquí el reloj va a otro ritmo. A mí me pasó delante del ayuntamiento. El reloj marcaba las doce y cuarto… con cierto retraso. Un hombre que pasaba con la bolsa de la compra lo resumió con naturalidad: “aquí nunca hemos tenido mucha prisa”. Y la frase se te queda rondando mientras empiezas a caminar.
El pueblo que no quería ser ciudad
Quince kilómetros separan Almensilla de Sevilla, pero la sensación es mayor. Sales de la capital, cruzas el Aljarafe, y de repente entras en un pueblo donde el ritmo es otro. No hay grupos con cámara colgada ni cartas traducidas a tres idiomas. Lo que encuentras es vida de barrio: gente que se conoce, conversaciones largas en las puertas de las casas y bares donde el mosto aparece en la mesa casi sin pedirlo.
El pueblo se fue extendiendo por el llano del Aljarafe sin demasiados alardes: calles amplias, casas bajas y urbanizaciones que han ido creciendo con los años. No es un casco antiguo de esos que parecen congelados en el tiempo. Es más bien un sitio donde la vida cotidiana ha seguido su curso mientras Sevilla se acercaba cada vez más.
Hace años Almensilla apareció bastante en la prensa por la deuda municipal. Fue uno de esos momentos en que un pueblo pequeño salta a titulares nacionales por algo que nadie esperaba. Hoy, cuando lo comentas con vecinos, lo cuentan casi con resignación tranquila: aquí la vida sigue igual, con sus problemas y sus costumbres.
Donde el mosto corre más rápido que el tiempo
Si hay algo que mueve gente por esta zona del Aljarafe en otoño es el mosto. Y Almensilla forma parte de esa tradición. Durante esas semanas en las que el vino aún es joven y turbio, el pueblo se llena de vecinos y gente de alrededor que viene a tomarse un vaso y a echar el rato.
No esperes bodegas monumentales ni visitas organizadas. Esto funciona de otra manera. Casas de toda la vida que abren sus puertas, vasos de mosto que aparecen uno detrás de otro y algo de comer para acompañar. Es un ambiente bastante informal, más de charla larga que de cata seria.
Si has estado alguna vez en la Ruta del Mosto del Aljarafe, sabes de qué va la cosa: un domingo que empieza al mediodía y se alarga sin mirar el reloj.
Las romerías que marcan el calendario
En Almensilla hay una relación bastante fuerte con las romerías. No hace falta vivir aquí mucho tiempo para darse cuenta de que el calendario del pueblo gira bastante alrededor de ellas.
La de San Diego suele traer bastante movimiento, con carretas, caballos y gente que llega también desde otros puntos del Aljarafe. El ambiente es muy de encuentro entre pueblos vecinos.
Y luego está la conocida como Romería de la Tostá, que se celebra en noviembre. La idea es sencilla: salir al campo, encender lumbre, tostar castañas y acompañarlas con mosto del año. Dicho así suena simple, pero cuando ves a medio pueblo reunido alrededor de las brasas entiendes por qué estas tradiciones siguen tirando tanto.
El arte de no hacer nada (bien hecho)
Si vienes un sábado por la mañana es probable que encuentres bastante movimiento en la plaza, donde suele instalarse el mercadillo. Puestos de ropa, fruta, cosas de casa… el típico mercado ambulante donde la gente compra y charla al mismo tiempo.
Después puedes caminar por la calle principal del pueblo y parar a tomar algo. No hay grandes monumentos que obliguen a ir de un punto a otro con el mapa en la mano. Aquí el plan es más sencillo: pasear un rato, sentarte un rato más largo y ver cómo transcurre la mañana.
La ermita de San Diego es relativamente reciente —se levantó en la segunda mitad del siglo XX— y mantiene ese aire sencillo de las ermitas de romería: paredes claras, espacio abierto alrededor y bastante vida cuando llegan las fiestas.
La parroquia de Nuestra Señora de las Nieves es el otro edificio religioso del pueblo. No es de esos templos que impresionan por tamaño o decoración, pero forma parte del paisaje cotidiano de Almensilla desde hace generaciones.
Consejo de amigo
Si te acercas, intenta hacerlo en otoño. El calor afloja, el ambiente del mosto anima las calles y el pueblo está más movido que en otras épocas del año.
Y no vengas buscando grandes monumentos ni fotos de postal. Almensilla funciona mejor cuando lo tomas como lo que es: un pueblo del Aljarafe donde lo interesante pasa en las conversaciones, en las barras de los bares y en las fiestas que reúnen a todo el mundo.
Es ese tipo de sitio al que llegas pensando que vas a estar un rato… y al final se te va la mañana sin darte cuenta.