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sobre Bentarique
Pequeña localidad del valle del Andarax; conserva el encanto de los pueblos blancos andaluces
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Bentarique se asienta en el valle medio del Andarax, en la transición donde la Alpujarra almeriense comienza a ceder terreno a un paisaje más árido. El pueblo se adhiere a una ladera de orientación sur, sobre una red de bancales que aún depende de acequias de origen andalusí. La población actual ronda los doscientos habitantes, una cifra que ocupa un trazado heredado de una alquería agrícola mucho más antigua.
El topónimo sugiere raíces andalusíes, como es común en la zona. Su historia está marcada por la rebelión y expulsión morisca del siglo XVI, que dejó el lugar casi despoblado. La posterior repoblación con familias de Castilla imprimió su huella en la arquitectura, donde se mezclan el urbanismo heredado y las construcciones posteriores.
El núcleo es pequeño. Calles cortas, pendientes suves y casas encaladas que miran al valle definen un espacio de escala doméstica, sin grandes monumentos. Su interés reside en esa adaptación al terreno y en el paisaje agrícola que lo envuelve.
La iglesia y la estructura del pueblo
La iglesia de San José ocupa el solar de la antigua mezquita, un patrón habitual tras la conquista cristiana. El edificio actual responde mayormente a reformas modernas, con una torre de traza sencilla donde pueden reconocerse algunos rasgos mudéjares.
Su interior es sobrio. No conserva piezas artísticas destacables, pero su presencia ayuda a comprender la reorganización social del siglo XVI. Estas iglesias actuaban como centros de cohesión para las nuevas comunidades en un territorio que mantenía su antigua estructura agrícola.
El caserío muestra los rasgos constructivos típicos de la zona: muros gruesos, teja árabe y chimeneas cilíndricas. En algunas calles aparecen tinaos, pasadizos cubiertos que conectan viviendas sobre la vía pública. Son una solución práctica para ganar espacio y crear sombra, no un elemento decorativo.
Los bancales escalonados que rodean el pueblo son en su mayoría de origen andalusí. El sistema de acequias sigue irrigando pequeñas parcelas de olivos, almendros y huertas familiares, manteniendo viva la lógica del paisaje.
Paseos por el valle
Los caminos agrícolas del entorno permiten caminatas sin gran exigencia. Conectan Bentarique con otros pueblos del valle del Andarax, atravesando almendrales y antiguas tierras de secano.
Hacia Terque el paisaje se abre, mostrando con claridad la estructura de terrazas. En dirección a Fondón el terreno gana altura, con pinares dispersos y restos de cortijos. Es aconsejable preguntar por el estado de los senderos, ya que muchos se usan activamente para labores del campo.
No hay un mirador señalizado. Basta subir a las calles más altas para comprender la geografía del valle: un mosaico de cultivos dibujado sobre la tierra seca.
El ritmo local
El calendario festivo sigue las pautas comunes de la comarca, con el patrón local marcando la celebración principal. En verano suelen organizarse actividades culturales, coincidiendo con el regreso de vecinos que viven fuera.
La recogida de la almendra en otoño forma parte del ciclo agrícola que aún estructura la vida en muchos pueblos de la Alpujarra almeriense. Es un trabajo del territorio, no un espectáculo para quien visita.
Acercarse a Bentarique
Bentarique se encuentra cerca de la carretera que recorre el valle del Andarax desde Almería hacia el interior alpujarreño. El último tramo es una carretera local que sube al pueblo entre huertas y laderas.
Primavera y otoño son las estaciones más aptas para caminar por el entorno. El verano trae calor intenso durante el día, algo característico de esta zona de Almería, aunque las tardes suelen ser más llevaderas.
El pueblo se recorre en poco tiempo. Conviene hacerlo sin prisa, observando los detalles: el trazado de las acequias, la sombra de los tinaos, la manera en que las casas se ajustan a la pendiente. Ahí se lee su historia.