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sobre Huécija
Conocida como la villa de los conventos; conserva un importante patrimonio religioso barroco
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Entre los pliegues de la Alpujarra Almeriense, donde las montañas de Sierra Nevada descienden suavemente hacia el mar Mediterráneo, se encuentra Huécija, un pequeño pueblo blanco que conserva intacta la esencia de la Andalucía más auténtica. Con apenas 533 habitantes, este rincón de la provincia de Almería ofrece al viajero una experiencia única, lejos de las multitudes, donde el tiempo parece haberse detenido entre calles empedradas y casas encaladas.
Situado a 410 metros de altitud, Huécija forma parte de esa constelación de pueblos alpujarreños que salpican las laderas de estas montañas milenarias. Su nombre, de origen árabe, evoca siglos de historia multicultural que han dejado su huella en la arquitectura, las tradiciones y el paisaje de esta comarca singular. El pueblo se despliega en terrazas naturales, adaptándose a la orografía del terreno con esa sabiduría constructiva heredada de sus antiguos pobladores musulmanes.
Qué ver en Huécija
El corazón de Huécija late en torno a su iglesia parroquial, un templo modesto pero significativo que preside el núcleo urbano desde una pequeña elevación. La arquitectura religiosa del pueblo, aunque sencilla, refleja la transición histórica tras la conquista cristiana, con elementos que hablan de adaptaciones y reconstrucciones a lo largo de los siglos.
Pero el verdadero patrimonio de Huécija reside en su conjunto urbano. Las calles estrechas y serpenteantes, herederas del trazado medieval musulmán, invitan a perderse entre casas blancas de muros gruesos y pequeñas ventanas, diseñadas para combatir el calor estival. Los patios interiores, muchos de ellos aún conservados, son verdaderos oasis de frescor adornados con macetas de geranios y buganvillas.
El paisaje circundante constituye otro de los grandes atractivos. Desde cualquier punto del pueblo se contempla un mosaico de bancales y terrazas de cultivo que descienden hacia el valle, testimonio vivo de una agricultura milenaria adaptada a la montaña. Los campos de almendros crean un espectáculo especialmente hermoso durante la floración invernal, cuando el blanco y rosado de las flores contrasta con el verde de las montañas.
La arquitectura del agua, tan característica de la Alpujarra, también está presente en Huécija. Acequias, fuentes y lavaderos públicos recuerdan la importancia de este elemento en la vida cotidiana y económica de estos pueblos de montaña.
Qué hacer
Huécija es un destino ideal para quienes buscan desconectar y disfrutar de la naturaleza. Las posibilidades de senderismo son numerosas, con rutas que parten del mismo pueblo y se adentran por senderos tradicionales entre almendros, higueras y pequeños huertos familiares. Uno de los recorridos más gratificantes conduce hacia las cotas más altas, desde donde se obtienen panorámicas excepcionales de toda la Alpujarra y, en días claros, del mar Mediterráneo.
La ruta de los bancales ofrece una perspectiva única sobre el sistema agrícola tradicional alpujarreño. Este paseo, apto para toda la familia, permite comprender cómo generaciones de agricultores han modelado el paisaje creando este sistema de terrazas que previene la erosión y aprovecha al máximo los recursos hídricos.
Para los amantes de la fotografía, Huécija ofrece infinitas posibilidades. Los juegos de luz y sombra entre las calles, los contrastes cromáticos entre el blanco de las casas y el azul del cielo alpujarreño, y los detalles arquitectónicos tradicionales constituyen un repertorio inagotable de motivos.
La gastronomía local, aunque modesta, mantiene viva la tradición culinaria alpujarreña. Los productos de la huerta, cultivados en los bancales circundantes, protagonizan una cocina sencilla pero sabrosa donde no faltan las migas, los platos de cuchara y las verduras de temporada preparadas según recetas ancestrales.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Huécija gira en torno a las celebraciones tradicionales que han marcado el ritmo de la vida rural durante siglos. Las fiestas patronales, que suelen celebrarse durante el verano, constituyen el momento de mayor animación del pueblo, cuando los emigrantes regresan para reunirse con familiares y amigos.
La Semana Santa mantiene aquí un carácter íntimo y recogido, muy diferente de las grandes procesiones urbanas. Los actos religiosos se desarrollan en un ambiente familiar donde participa prácticamente todo el pueblo.
Las tradiciones relacionadas con el ciclo agrícola aún perviven, especialmente durante la época de la recogida de la almendra, que se convierte en una actividad comunitaria donde se mezclan trabajo y celebración.
Información práctica
Para llegar a Huécija desde Almería capital, hay que recorrer aproximadamente 30 kilómetros por la A-348 en dirección a Berja, desviándose posteriormente hacia el interior de la Alpujarra. El trayecto, de unos 45 minutos, discurre por carreteras de montaña con curvas y pendientes, pero bien señalizadas y en buen estado.
una de las mejores época para visitar Huécija es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra sus colores más intensos. El invierno también tiene su encanto, especialmente durante la floración de los almendros, aunque las noches pueden ser frescas.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y disponer de vehículo propio para explorar los alrededores. La tranquilidad del pueblo invita a estancias de varios días para saborear verdaderamente el ritmo pausado de la vida alpujarreña.