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sobre Laujar de Andarax
Capital histórica de la Alpujarra y última residencia de Boabdil; famosa por sus fuentes y vinos
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A las once de la mañana, la luz en Laujar de Andarax cae con un brillo áspero sobre las fachadas blancas. En algunas esquinas se oye correr el agua antes de verla: pequeños caños, acequias, fuentes donde la gente se detiene un momento y sigue. La sierra está muy cerca y se nota en el aire fresco que baja por las calles. A esa hora el pueblo todavía se mueve despacio: alguna persiana levantándose, una puerta que se abre, pasos sobre el empedrado.
El casco antiguo guarda esa mezcla habitual en la Alpujarra: trazas moriscas en el trazado de las calles y edificios levantados después de la conquista cristiana. La Iglesia de la Encarnación, del siglo XVI, ocupa el lugar donde antes hubo una mezquita. Su torre de ladrillo, con aire mudéjar, se ve desde varios puntos del pueblo. Dentro, la penumbra es fresca incluso en verano; algunas piezas de arte sacro recuerdan cómo la vida religiosa ha ido cambiando con los siglos.
La Plaza Mayor funciona como punto de encuentro más que como postal. La fuente de los dieciocho caños suena de fondo todo el tiempo, y el edificio del ayuntamiento, de piedra clara, cierra uno de los lados. A media mañana suele haber vecinos charlando a la sombra. Al caer la tarde vuelve el movimiento: gente que se sienta un rato, niños cruzando la plaza, el agua cayendo sin prisa.
Desde aquí salen calles estrechas que se enredan entre casas encaladas. Algunas terminan en pequeños patios con macetas; otras suben poco a poco hasta miradores desde donde se abre el valle del Andarax. En días muy claros se distinguen bien las laderas cultivadas y, hacia el norte, la presencia de Sierra Nevada. El paisaje mezcla viñas, castaños y parcelas pequeñas que cambian de color según la estación.
Caminos que se adentran en la sierra
Alrededor de Laujar el terreno empieza a empinarse casi enseguida. Hay varios senderos señalizados que se internan en la parte más húmeda de la Alpujarra almeriense. Uno de los más conocidos es la Ruta de los Castaños Centenarios, que atraviesa un bosque donde los troncos son gruesos y retorcidos, con cortezas oscuras que parecen absorber la luz. En otoño el suelo queda cubierto de hojas y erizos de castaña; conviene llevar calzado con buena suela porque algunos tramos resbalan si ha llovido.
Otro recorrido habitual es el sendero de la Hidroeléctrica, que sigue antiguas conducciones de agua ligadas a pequeñas instalaciones del siglo XX. A lo largo del camino aparecen acequias, saltos de agua y muros de piedra medio cubiertos de musgo. No es una ruta complicada, aunque tras días de lluvia algunos pasos se embarran.
Más allá de los senderos señalizados, hay caminos agrícolas que salen del pueblo hacia la vega. Las huertas siguen activas y, en las laderas cercanas, se ven viñas adaptadas a la altitud. En esta parte de la Alpujarra el vino tiene tradición antigua; algunos productores trabajan variedades locales y, cuando organizan visitas, permiten entender mejor cómo se cultiva aquí, con inviernos fríos y veranos secos.
Cuándo se nota más el lugar
En primavera la vega alrededor de Laujar se vuelve muy verde. El agua baja con más fuerza por acequias y barrancos después del invierno, y los caminos huelen a tierra húmeda. Es una buena época para caminar sin el calor del verano.
El otoño tiene otro ritmo. Los castaños cambian de color y muchas mañanas aparecen con niebla baja en el valle. A media mañana suele abrirse el cielo y la luz atraviesa el bosque con tonos amarillos y rojizos.
En verano el sol aprieta al mediodía, aunque aquí se lleva algo mejor que en la costa. Si vas a caminar, compensa salir temprano o esperar al atardecer. En invierno las noches son frías y a veces hay heladas; durante el día, cuando despeja, el aire es limpio y seco.
Lo que no sale en las fotos
Laujar no funciona como decorado. Es un pueblo que sigue con su ritmo: gente que trabaja en el campo, coches aparcados donde pueden, conversaciones largas en la plaza. A veces el visitante llega esperando una imagen muy pulida de la Alpujarra y se encuentra algo más cotidiano.
También cambia mucho según la época. En agosto hay más movimiento y las calles del centro se animan; en días de invierno puede parecer casi silencioso. La carretera de acceso tiene bastantes curvas al subir desde el valle del Andarax, algo normal en esta parte de la sierra. Conviene tomárselo con calma: el paisaje empieza a abrirse justo cuando el pueblo aparece entre viñas y castaños.