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sobre Ohanes
Primer pueblo ecológico de Europa; situado en ladera de Sierra Nevada con vistas al valle
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Hay un punto en la carretera de la Contraviesa donde el coche parece que se va a quedar atrás. Son unos cuantos kilómetros de subida constante, curvas de las que te hacen levantar el pie del acelerador, y de repente: boom, aparece Ohanes. Como cuando abres la nevera a las tres de la mañana y la luz te deja medio cegado, pero en versión pueblo colgado en la ladera.
El pueblo que se tomó en serio lo ecológico antes de que se pusiera de moda
Cuando se habla de turismo en Ohanes suele salir el mismo dato: a finales de los noventa el municipio se declaró ecológico y durante años se presentó como el primero de Europa con esa etiqueta. Más que una campaña moderna, aquí suena a lógica de montaña: con algo más de 500 vecinos y a más de mil metros de altitud, el margen para hacer las cosas mal siempre ha sido pequeño. O cuidas lo que tienes o lo pierdes.
El nombre árabe del pueblo, “Wahhans”, suele traducirse como “lugar de agua”. Y encaja bastante. Las acequias pasan por debajo de las calles como si fuesen venas ocultas, y si te fijas en el empedrado verás que no está puesto al azar. Son cantos redondeados colocados para que las bestias no resbalasen al subir cargadas. Detalles muy de pueblo agrícola: aquí un mulo que se cae no es una anécdota, es un problema serio.
La iglesia de la Anunciación y una historia que pasa por Manila
La iglesia de la Anunciación tiene una de esas historias largas que se repiten en muchos pueblos de la Alpujarra. El templo original se levantó en época nazarí y durante la rebelión morisca del siglo XVI terminó incendiado. La reconstrucción llevó años y fue cambiando con el tiempo.
Siglos después aparece un personaje curioso: Diego Martínez de Araque, que llegó a ser regente de la Audiencia de Manila. Volvió al pueblo en el siglo XVIII y mandó construir la conocida Casa de la Torre. Siempre me hace gracia pensar en eso: alguien que había vivido en Filipinas regresando a un pueblo pequeño de la Alpujarra y levantándose aquí su casa señorial. Algo así como si hoy un directivo de una multinacional decidiera instalarse otra vez en el pueblo donde nació.
Dentro de la iglesia hay imágenes muy veneradas en el pueblo, y cuando llegan las fiestas de San Marcos, el 25 de abril, Ohanes cambia bastante. Aparece gente que vive fuera y vuelve esos días. En un pueblo pequeño se nota rápido: la plaza pasa de tranquila a llena de vida en cuestión de horas.
El arrocillo, las correas y la historia de la uva de Ohanes
La cocina local es la típica de los pueblos de sierra: platos que nacieron de aprovechar lo que había cerca.
El arrocillo es uno de los más conocidos. Lleva arroz, carne —a menudo conejo— y verduras de la zona, y tradicionalmente se hacía al fuego de leña. No es nada sofisticado, pero tiene ese sabor de comida hecha despacio que suele sentar mejor después de una caminata.
También se habla de las correas, un guiso de cerdo asociado a la época de la matanza. El nombre siempre despierta curiosidad; en realidad alude a partes del animal que había que aprovechar cuando no se tiraba nada.
Y luego está la uva. La llamada uva de Ohanes, o “de embarque”, fue durante mucho tiempo uno de los grandes motores económicos de la zona. Desde el siglo XIX salía por el puerto de Almería hacia otros países. Pensarlo ahora tiene algo de surrealista: racimos cultivados en un pueblo de montaña viajando a mesas de media Europa.
Senderos alrededor del pueblo
Si te gusta caminar, alrededor de Ohanes hay varios senderos señalizados que se adentran en la sierra.
Uno de los conocidos es el PR-A 248, el llamado Camino de la Sierra. Son unos 8 kilómetros de recorrido con bastante desnivel, entre almendros, bancales y restos de cortijos. No es una ruta técnica, pero sí de las que te recuerdan que estás en la Alpujarra y aquí casi todo va cuesta arriba o cuesta abajo.
El PR-A 249, que sigue el valle del Río Chico, es algo más corto y llevadero. Por el camino se pasa por zonas donde, según cuentan en el pueblo, estuvo una de las primeras instalaciones hidroeléctricas que dieron luz a la zona a principios del siglo XX. De hecho, a Ohanes a veces se le ha llamado “los americanos de la Alpujarra” porque se suele decir que tuvo alumbrado eléctrico muy pronto para la época.
La romería de Tices
El primer domingo de mayo mucha gente del pueblo sube hasta la ermita de la Virgen de Tices. La romería se hace caminando y la subida tiene lo suyo, pero las vistas desde allí arriba explican por qué el lugar terminó siendo un punto de reunión.
Es una romería bastante familiar: manteles en el suelo, comida que aparece de mochilas y cestas, vino que pasa de mano en mano y gente charlando durante horas. Ese tipo de día que empieza con una caminata y termina con sobremesa larga.
Mi consejo si estás pensando en visitar Ohanes
Si hablamos de turismo en Ohanes, yo lo veo más como una parada tranquila dentro de un viaje por la Alpujarra almeriense que como un destino para varios días.
Primavera suele ser buen momento: los almendros florecen, el paisaje está más verde y caminar se hace llevadero. El pueblo se recorre rápido, así que lo interesante es combinarlo con algún sendero o con otros pueblos cercanos de la sierra.
Acércate a la plaza, pasea sin prisa por las calles empedradas y sube hasta alguno de los miradores naturales que hay alrededor. Y trae calzado cómodo. Aquí las cuestas son de las que te recuerdan, a mitad de subida, que igual el coche no estaba tan mal plan.