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sobre Nevada
Municipio que agrupa a Laroles
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¿Sabes cuando llegas a un sitio y lo primero que notas es el silencio? No el de postal, sino el de verdad: el de un lugar donde apenas pasa un coche y donde el sonido más claro suele ser el viento bajando de la sierra. Turismo en Nevada empieza un poco así.
Nevada no es un único pueblo compacto, sino un municipio repartido en varios núcleos pequeños en la Alpujarra Granadina, pegados a las laderas de Sierra Nevada. En total apenas pasan del millar de habitantes. Aquí la vida va a otro ritmo desde hace mucho tiempo, más por necesidad que por elección.
Las calles estrechas y las casas cuentan bastante bien cómo se ha vivido aquí. Tejados planos con launa, chimeneas cilíndricas y muros gruesos pensados para aguantar inviernos serios. Algunas viviendas están bien cuidadas; otras parecen ir cediendo poco a poco al paso de los años. Es el tipo de sitio donde se ve que la montaña manda.
Lo que permanece en sus calles y vistas
En uno de los núcleos principales está la iglesia dedicada a San José, con base mudéjar aunque muy transformada con el tiempo. El campanario se ve desde bastantes puntos y funciona como referencia cuando vas subiendo o bajando por las calles.
El casco antiguo no es de esos que parecen recién arreglados. Más bien lo contrario. Hay puertas viejas, muros irregulares, patios pequeños y chimeneas que en invierno siguen soltando humo casi todo el día. Caminas despacio porque las cuestas obligan y porque, al final, no hay prisa.
Si levantas la vista en cualquier esquina un poco abierta, aparece Sierra Nevada ocupando medio horizonte. En los alrededores todavía se reconocen los bancales agrícolas que durante generaciones sostuvieron a las familias de la zona. También hay robles y castaños dispersos; en otoño el contraste de colores cambia bastante el paisaje.
Por el pueblo quedan lavaderos y alguna fuente pública que antes eran puntos de reunión. Hoy se usan menos, claro, pero siguen ahí recordando cómo se organizaba la vida cotidiana cuando el agua no llegaba con solo girar un grifo.
Caminar por los alrededores
Nevada no es un sitio de agendas llenas ni de atracciones. Aquí lo más lógico es salir a andar.
De los pueblos salen caminos antiguos que conectan con otros núcleos de la zona, como Laroles o Picena. Muchos de esos senderos se usaban para ir a trabajar las tierras o para visitar a familiares cuando el coche no era una opción. Hoy siguen siendo buenas rutas para pasear sin demasiada dificultad.
El paisaje mezcla barrancos, pistas forestales y zonas de cultivo abandonadas. Si madrugas un poco o sales al caer la tarde, no es raro ver rapaces aprovechando las corrientes de aire o algún zorro moviéndose entre los matorrales.
La comida de la zona sigue muy ligada a lo que da el campo según la temporada: habas, espárragos trigueros cuando toca, guisos contundentes y embutidos curados con el aire frío de la sierra. En los bares del pueblo —cuando están abiertos— la cocina suele ser sencilla y de olla grande.
Fiestas y costumbres
Las celebraciones aquí siguen siendo bastante de pueblo, en el sentido literal.
En torno a marzo se honra a San José con actos religiosos y algo de música en la calle. Y en verano suelen llegar las fiestas grandes, normalmente en agosto, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera y el ambiente cambia por unos días.
En Navidad la cosa también es tranquila: luces discretas, chimeneas encendidas y reuniones familiares más que eventos organizados. No hay grandes montajes; se vive más de puertas adentro.
Cómo llegar
Llegar a Nevada desde Granada capital lleva su tiempo. Lo normal es bajar primero hacia la costa y luego entrar a la Alpujarra por la carretera que recorre el valle, enlazando después con carreteras locales que suben hacia los pueblos.
Son trayectos de montaña: curvas, cambios de altura y tramos donde conviene conducir con calma. También merece la pena llevar algo de abrigo incluso si el día parece templado; en cuanto cae el sol la temperatura baja rápido.
Y si te gusta caminar, mejor traer calzado cómodo para senderos de tierra y piedra. No hay grandes infraestructuras, pero sí bastantes caminos que llevan años ahí.
Al final, Nevada funciona bien si vienes con la idea clara: pasar unas horas o un día tranquilo en la Alpujarra alta, caminar un poco y entender cómo se vive en un sitio donde la montaña sigue marcando el ritmo. No es un lugar para correr de foto en foto. Más bien para bajar el paso y mirar alrededor.