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sobre Ugíjar
Centro histórico y comercial de la Alpujarra Oriental; cuenta con un importante santuario mariano y museo
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Si vienes a hacer turismo en Ugíjar, empieza por lo práctico: el coche. Aparca en la entrada, cerca del cementerio, y baja andando. El centro tiene dos calles principales y muchas líneas amarillas. Dar vueltas no compensa.
Ugíjar es uno de los pueblos grandes de la Alpujarra granadina. Algo más de dos mil vecinos, juzgado comarcal, instituto, centro de salud. No es un decorado de postal. Es un pueblo donde la gente vive y hace recados.
La Colegiata te la encuentras antes de buscarla. Está en la plaza, pegada al ayuntamiento. La torre no mira a la plaza sino a un callejón. Entra por la puerta de los pies. Normalmente es gratis y suele haber alguien junto a una mesa con velas.
Dentro huele a cera y piedra húmeda. La Virgen del Martirio está a la derecha, con manto verde y una corona bastante sencilla. Es la patrona. Cada agosto la sacan en procesión hasta el llamado Pozo de la Virgen. La tradición dice que allí la escondieron durante la rebelión morisca del siglo XVI.
El castillo que no existe
Sal por la carretera en dirección a Trevélez. Al cabo de un rato aparece un desvío con un cartel viejo que pone “Castillejo”. Deja el coche donde puedas sin molestar y sigue a pie.
El camino empieza con cemento y luego pasa a tierra. En unos veinte minutos llegas arriba. Del castillo de Escariantes queda muy poco: algún resto de muro y poco más. Lo que sí merece la pena es la vista sobre Ugíjar y el valle.
En algunas crónicas se menciona este cerro como lugar donde Ibn Hud se proclamó rebelde contra el poder almohade a comienzos del siglo XIII. Hoy lo que hay es un banco de madera y una papelera.
La Ruta de los Mártires arranca detrás del polideportivo. Son unos cinco kilómetros por las laderas cercanas al pueblo. A lo largo del recorrido aparecen cruces de madera con nombres asociados a los llamados mártires de la rebelión morisca. El sendero está señalizado, aunque en algunos tramos se mete entre olivares.
Lleva agua. En verano casi no hay sombra y el terreno refleja el calor.
Comer sin prisa
A mediodía el pueblo baja el ritmo. Algunos bares de la plaza siguen abiertos, poco más.
Si preguntas, es fácil que te hablen de las migas. Suelen llevar longaniza y pimientos de la zona. Las gachas dulces aparecen sobre todo en fiestas o reuniones familiares: harina, anís y canela.
En invierno se ve el puchero con hinojos y garbanzos. El choto al ajillo también aparece en algunas cocinas, a veces solo ciertos días o si hay más mesas.
Aquí conviene preguntar antes de sentarte. No todo se cocina todos los días.
Lo que se cuenta en el pueblo
Se dice que Boabdil pasó una temporada en Ugíjar después de perder Granada. A veces lo llaman “señor de la Alpujarra”. Del supuesto lugar donde vivió no queda gran cosa, solo una placa en una calle del centro.
También circula la historia de que Ulises fundó el pueblo. No es exclusiva de Ugíjar; medio litoral mediterráneo reclama lo mismo.
Lo que sí parece más claro es que los romanos explotaron minerales en los cerros cercanos. En la zona quedan restos dispersos de conducciones antiguas de agua y trabajos mineros.
En enero celebran San Sebastián con hoguera en la plaza. En septiembre llegan las fiestas de Santa Rosa y la plaza se llena de casetas y música. Los domingos hay mercadillo: dos filas de puestos con ropa, fruta y lo que vaya llegando esa semana.
Cómo y cuándo
Primavera funciona bien. Los almendros florecen pronto y las laderas alrededor del pueblo se ven verdes durante unas semanas.
En verano el calor aprieta y la sombra escasea. El río Andarax por aquí suele bajar muy justo de agua. Otoño coincide con la vendimia y a veces se nota el olor a mosto en algunas calles.
El pueblo se recorre en una tarde sin prisa.
Antes de irte, sube hasta la ermita de San Antón, por encima del cementerio. Hay varios árboles grandes que dan sombra y buenas vistas del valle. Sitio tranquilo para sentarse un rato y cerrar la visita.