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sobre Montoro
Conjunto Histórico Artístico de gran belleza situado en un meandro del Guadalquivir con calles empinadas y casas de piedra molinaza roja características
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Montoro se ve en medio día si no se entretiene mucho. El puente medieval está justo al entrar. Si viene de Córdoba, verá primero el Guadalquivir haciendo el giro que da nombre al pueblo. Después el puente. Y después Montoro, pegado a la roca como puede.
Aparcar no es sencillo abajo. La primera zona suele llenarse rápido. Arriba, cerca del polígono, normalmente hay más sitio. Desde allí baja por la Cuesta de los Ángeles y se ahorra meterse con el coche en calles pensadas para vehículos bastante más pequeños que los de ahora.
Lo que encontrará si sube
Montoro no es un pueblo de callejones laberínticos. Es más bien un pueblo de escaleras y cuestas que buscan el río.
La primera parada suele ser la zona del castillo. Quedan muros sin techo y poco más, pero sirve para entender el lugar: el Guadalquivir rodea el casco urbano con una curva muy cerrada, casi como si fuera una isla. Desde ahí se ve todo.
La iglesia de San Bartolomé ocupa lo que hace de plaza. Es del siglo XVI. La piedra oscura le da un aspecto más antiguo de lo que es. Dentro hay retablos y capillas levantadas hace siglos. No espere demasiada información: normalmente hay algún cartel y poco más.
La calle Real es el eje del pueblo. Bancos para sentarse, vecinos que pasan sin prisa y varios bares pequeños. El salmorejo aquí suele ser algo más ligero que en Córdoba. Y el flamenquín aparece en muchas cartas: carne enrollada con jamón y frita. Nada raro en esta zona.
El río y lo que queda de romano
Debajo del puente sale un camino junto al agua. Es el paseo de los antiguos molinos. Ida y vuelta pueden ser un par de horas andando tranquilo. A lo largo del río quedan restos de lo que fueron molinos harineros. Alguno conserva parte de la estructura. Lleve agua si va en meses de calor: el sol pega fuerte y la sombra es irregular.
Si busca restos romanos hay dos cosas que suelen mencionarse. Una está dentro del propio casco urbano: tramos de calzada que aparecieron al hacer obras y que quedaron integrados en algunos muros. La otra está a unos cuatro kilómetros, en el campo. Es un tramo de la Vía Augusta conservado por pura casualidad. Se llega por pista de tierra. No hay centro de interpretación ni grandes carteles. Solo el pavimento antiguo y el campo alrededor.
Cuando viene gente
La Semana Santa suele llenar bastante el pueblo. Las procesiones pasan por calles estrechas y el ambiente cambia esos días. Si coincide con esas fechas, conviene mirar alojamiento con tiempo o dormir en Córdoba.
También hay romería de la Virgen de la Fuensanta, que sube a un cerro cercano, y feria a finales del verano con casetas y música hasta tarde. Durante esos días el movimiento es otro.
El resto del año Montoro funciona como un pueblo normal de la campiña. Campo, olivar y aceite. En temporada de molienda el aire huele a aceituna recién triturada. También hay talleres, pequeñas industrias y vida diaria más allá de las visitas de fin de semana.
Consejo de alguien que ha estado
Si puede elegir, venga cuando el calor afloja. En pleno verano el termómetro aquí aprieta de verdad, con el río metido en el valle y poco aire corriendo por las calles.
Suba andando y tómese el pueblo con calma. Montoro no tiene una lista larga de monumentos. Lo que funciona es el conjunto: las casas rojizas, el río doblando alrededor y las cuestas.
Deje el coche arriba. Baje a pie, llegue al puente, mire el Guadalquivir y vuelva a subir despacio. Con eso ya se entiende bastante bien el lugar. Montoro nunca necesitó más que eso.