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sobre Valverde del Camino
Capital del Andévalo famosa por la fabricación artesanal de calzado y muebles; ciudad industrial y de servicios con gran tradición comercial
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Te juro que no es coña: hay un pueblo en Huelva que vive del jamón y las botas. No como metáfora, no como logo en el escudo. Literal. En Valverde del Camino hay muchas fábricas de calzado y talleres ligados al cuero, y cada vez que abres un armario en casa de alguien aparece un jamón, una caña de lomo o un bote de miel que “trajeron de pasar el día”.
Fui porque me dijeron: “es como esos pueblos manchegos donde todo gira alrededor de una industria, pero aquí huele a piel nueva”. Me quedé porque vi a un señor ya mayor limpiando una bota vaquera con el mismo mimo que yo limpio las gafas. Y porque comí un choco en salsa que me hizo plantearme mudarme a un piso sin ascensor con tal de justificar plato diario.
El pueblo que camina en sus propias botas
Valverde del Camino no es un sitio de postal. Es un pueblo que funciona. Las calles son anchas, hay naves y talleres mezclados con las casas y muchos escaparates enseñan botas, cinturones o artículos de cuero como si fueran joyas.
Y tiene lógica: aquí el calzado lleva décadas marcando el ritmo del pueblo. Suele contarse que todo empezó a crecer a mediados del siglo XIX, cuando algunos artesanos empezaron a fabricar botas que acabaron vendiéndose mucho más allá de la comarca. Con el tiempo aquello se convirtió en toda una industria local. Hoy incluso existe una marca colectiva asociada al nombre del pueblo, algo poco habitual en España.
Cuando te quedas un rato en la plaza o en una terraza pasa una cosa curiosa: la gente habla de fábricas como otros hablan de equipos de fútbol. “Mi primo está en tal taller”, “mi cuñado empezó en otro”. Aquí el trabajo se mezcla con la identidad del sitio.
Jamón, miel y mesa seria
Comer en Valverde es bastante sencillo: te sientas y pides chacina. El jamón ibérico de la zona aparece en muchas cartas, y se nota que no es un producto puesto para cumplir. La dehesa del Andévalo está ahí mismo y forma parte de la despensa del pueblo desde hace generaciones.
También salen platos muy de casa: sopas de tomate con pan asentado, guisos con pimentón, chocos en salsa… cocina de la que pide pan para mojar.
En fechas de Semana Santa es habitual ver pestiños por las pastelerías del pueblo: masa frita, miel por encima y ese punto pegajoso que hace que siempre caiga uno más de la cuenta. Si te gusta la miel, en la zona se mueve bastante la de romero o la de brezo.
Dólmenes, antiguas vías mineras y el río rojo
A las afueras del pueblo hay varios dólmenes prehistóricos. A simple vista parecen grandes piedras colocadas sin demasiado orden, pero cuando te acercas entiendes que aquello llevaba allí miles de años antes de que existiera cualquier carretera de la zona.
Desde Valverde también pasa el Camino Natural del Río Tinto, que aprovecha el trazado de antiguas infraestructuras mineras. Son varios kilómetros de camino bastante fácil, muy usado por ciclistas y gente que sale a caminar un rato.
El río, cuando lo ves por primera vez, sorprende: el agua tiene ese tono rojizo que parece sacado de otro planeta. No es un efecto raro para turistas; tiene que ver con los minerales del terreno y con siglos de actividad minera en toda la cuenca.
Si aprieta el calor, por los alrededores hay algunas rutas cortas hacia arroyos y pequeños saltos de agua donde la gente del pueblo suele ir a refrescarse en verano. No esperes grandes cascadas ni pasarelas de madera: son sitios más bien sencillos, de los de toalla en la piedra y listo.
Romería y feria: cuando el pueblo se mueve al pinar
Una de las celebraciones más conocidas del calendario local es la romería de San Pancracio. La gente suele ir hasta un pinar cercano para pasar el día o el fin de semana entre carretas, comida y música. Tiene bastante de reunión entre amigos y familias que se conocen de toda la vida.
Meses después llega la feria dedicada a la Virgen de los Dolores. Cambia el pinar por el recinto ferial, pero la idea es parecida: casetas, música, niños corriendo y gente que se encuentra con medio pueblo mientras pasea.
Consejo de amigo: ven con estómago y maleta vacía
Si vas a pasar por Valverde del Camino, acércate por la mañana. Algunos talleres y fábricas venden directamente al público y es cuando más movimiento hay en la calle.
Date una vuelta por el centro, siéntate a comer algo con calma y luego, si te apetece estirar las piernas, sal a caminar un tramo del camino del Río Tinto. No hace falta hacer la ruta entera: con media hora ya ves el paisaje y entiendes la relación del pueblo con la minería de la zona.
Y deja hueco en el maletero. Entre unas botas, un poco de chacina y algún bote de miel, es fácil que salgas con más cosas de las que pensabas.
Valverde no intenta ser un decorado rural. Es más bien ese tipo de pueblo que vive de lo suyo —el cuero, la dehesa, el trabajo de toda la vida— y al que le da bastante igual si sales o no con la foto perfecta. A mí, la verdad, me cayó bien por eso.