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sobre Villanueva de los Castillejos
Centro comarcal del Andévalo occidental conocido por su jamón y la feria agroganadera; paisaje de dehesa y tradición chacinera
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En Villanueva de los Castillejos lo primero es resolver el coche. En la plaza hay algunas plazas, pocas. Si llegas a media mañana tendrás que dar un par de vueltas por las calles de alrededor. El pueblo ronda los 3.000 habitantes y está en el Andévalo onubense, entre Huelva y la frontera portuguesa. La carretera de acceso está bien. Una vez aquí, todo se mueve despacio.
Lo que encontrarás (y lo que no)
La calle principal concentra casi todo: un par de supermercados, farmacia, varios bares y poco más. La iglesia de la Purísima Concepción queda en la parte alta. Es un templo del siglo XVIII, de ladrillo y piedra de la zona. Correcto, sin grandes alardes.
La ermita de Piedras Albas está a unos dos kilómetros, junto a fincas de campo. Si vas un domingo por la mañana puede que esté cerrada; suele abrir solo en momentos concretos del año.
El casco urbano se recorre rápido. Veinte minutos si vas sin prisa. Casas bajas, fachadas encaladas y algunos palomares medio abandonados. En una pared todavía se ve el escudo de Felipe IV que concedió el título de villa en el siglo XVII. Durante la Guerra de la Independencia hubo presencia francesa por aquí. Hoy apenas queda recuerdo, salvo alguna referencia en edificios municipales.
La sierra que da nombre a todo
La Sierra Abuela se reconoce desde lejos: la silueta recuerda a una mujer tumbada. Pasa un poco de los 300 metros, que en esta parte de Huelva ya cuenta como altura.
Hay un sendero señalizado que sube hasta arriba por pinar de repoblación. La ruta ronda los seis kilómetros entre ida y vuelta y no tiene pendientes duras. En días claros se ve buena parte del Andévalo. A veces aparecen buitres leonados y otras rapaces. Lleva agua: en el camino no hay fuentes.
De vez en cuando organizan una carrera de montaña que conecta con El Almendro, el pueblo vecino. Están tan cerca que prácticamente se ven desde un extremo al otro. Fuera de esos días el sendero suele estar tranquilo.
Dulces que salvan el día
Si preguntas por Villanueva de los Castillejos, alguien acabará mencionando los merengues. Claras montadas con azúcar y algo de limón, secadas al horno durante horas. Quedan ligeros y se deshacen enseguida.
No siempre hay. Muchos obradores los preparan sobre todo en fin de semana. Entre semana depende del día.
También se ven yemas cocidas al baño maría y piñonate con almendra. Recetas de siempre, sin vueltas modernas. Funcionan con café o con una cerveza fría a media tarde.
Cuándo ir (y por qué)
El invierno suele ser más llevadero. En verano el calor aprieta y aquí no hay playa cerca que lo compense. Enero y febrero traen días claros y el campo se pone verde.
Si coincide con temporada de gurumelos verás coches aparcados en caminos y gente con cesta. Los buenos sitios no los cuenta nadie. Los que saben llevan años yendo a los mismos.
La feria se celebra hacia septiembre, después de la vendimia. Montan casetas en la plaza y el ambiente es de pueblo, sin más pretensión.
Consejo práctico
Entra, pasea un rato y acércate a la sierra si te apetece caminar. Con una mañana tienes una idea clara del sitio.
Si vas a comprar merengues, mejor pregunta primero si quedan. Y si llegas en verano, evita las horas centrales: las calles se quedan vacías y el calor manda.