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sobre Camas
Puerta del Aljarafe y cuna de toreros donde se halló el Tesoro del Carambolo de la cultura tartésica
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Aparcar no suele ser complicado si te quedas en las avenidas grandes y bajas andando. El tren de cercanías te deja en Sevilla en pocos minutos. Eso explica bastante bien qué es Camas: un municipio pegado a la capital donde mucha gente duerme y trabaja al otro lado del río.
Bajo del apeadero y la estación está tranquila. Calles rectas, bloques de ladrillo, coches aparcados en batería. Podría pasar por cualquier barrio periférico hasta que ves el cartel: "Bienvenido a la cuna de Curro Romero".
El cerro que pagó la hipoteca
Subí al Carambolo con el sol pegando. Son unos quince minutos de cuesta desde el centro. Arriba hay un pequeño mirador y una placa que recuerda el hallazgo del tesoro.
Las 21 piezas de oro están en el Museo Arqueológico de Sevilla. En el pueblo se ven réplicas en una calle cercana al centro. Un vecino me cuenta que cuando encontraron el oro en 1958 muchos se enteraron por la radio. “Pensábamos que éramos ricos, pero el oro se lo quedó el Estado”.
Desde arriba se ve la vega, la autovía hacia Huelva y varios polígonos. No es una vista de postal, pero es el único punto donde el pueblo se abre un poco. Bajo por un sendero de tierra que huele a romero y me cruzo con un chico paseando al perro.
“Vengo casi todos los días. Es como mi gimnasio”.
La plaza que no es plaza
El ayuntamiento ocupa un edificio moderno que recuerda más a un ambulatorio que a una casa consistorial. El antiguo edificio con arcos, de los años veinte, lleva tiempo cerrado. Un cartel anuncia que será museo del Carambolo. En el pueblo dicen eso desde hace años.
La plaza cercana no tiene muchos árboles. Hay bancos de piedra y una fuente que a veces está parada. A mediodía se juntan jubilados bajo el porche de un bar para jugar a las cartas. Pido una caña y el camarero me habla de toros, como pasa a menudo aquí.
Curro Romero sale en la conversación enseguida. “Salió de la escuela taurina de la plaza vieja”, me dice. La plaza sigue en pie, aunque hoy se usa más para entrenar que para otra cosa.
Sopeao y migas
En un bar del centro me ponen sopeao. Es un gazpacho espeso con pan frito, melón y uvas. El camarero lo llama “la ensalada de los pobres”. La mezcla dulce y salada sorprende al principio, pero funciona.
Cuenta que en muchas casas se hacía cuando sobraba pan duro y había fruta madura. Cocina de aprovechar, sin más historia.
Las migas suelen aparecer algunos domingos en bares cerca de la estación, cuando hay movimiento. El problema de Camas es simple: mucha gente come en Sevilla y vuelve aquí solo a dormir.
La vía verde hacia Itálica
Desde el pueblo sale la Vía Verde de Itálica en dirección a Santiponce. Camino ancho, de tierra compacta, con algunos puentes y tramos de vegetación baja. En bici se hace rápido.
No hay alquileres de bicicletas en el pueblo, así que toca venir con la tuya. Caminando también se puede hacer sin problema.
Me cruzo con dos sevillanas que vienen desde Itálica. Dicen que repiten muchos fines de semana porque aquí hay menos gente que en otros carriles. Van hablando de romanos y de historia local mientras siguen camino.
Consejo claro
Camas no es un destino en sí. Funciona más como parada rápida o como base barata para moverse por Sevilla.
Si vienes, sube al Carambolo, da una vuelta por el centro y enlaza con la vía verde. En una mañana lo tienes visto.
Aparca en las avenidas amplias y olvídate del coche después. El pueblo se recorre andando y Sevilla está a un salto de tren. El tesoro está en el museo de la capital. El lugar donde apareció sigue aquí, rodeado de casas y tráfico. Así es Camas.