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sobre Dos Hermanas
Gran ciudad industrial y residencial con importantes haciendas de olivar y el hipódromo de Andalucía
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Hablar de turismo en Dos Hermanas exige empezar por su relación con Sevilla. La ciudad queda a unos quince kilómetros de la capital y durante décadas se ha interpretado como una extensión residencial del área metropolitana. Sin embargo, cuando llegan ciertas fechas —la Semana Santa o la romería de Valme, por ejemplo— aparece otra capa más antigua del lugar. Los nazarenos, como se conoce a sus habitantes, mantienen tradiciones que vienen de cuando esto era todavía una pequeña población agrícola rodeada de olivares.
De aldea a ciudad en pocos siglos
La fundación cristiana suele situarse en 1248, tras la conquista de Sevilla por Fernando III. La tradición local cuenta que las hermanas Elvira y Estefanía Nazareno recibieron aquí tierras, y de ahí derivaría el nombre del municipio y el gentilicio. No es fácil separar historia y leyenda en este episodio, pero el relato forma parte de la memoria del lugar.
Mucho antes ya había actividad en la zona. En época romana existió cerca de aquí la mansio Orippo, un punto de parada en la vía que comunicaba el valle del Guadalquivir con la costa gaditana. Han aparecido monedas con ese nombre en hallazgos dispersos, lo que sugiere un asentamiento con cierta importancia dentro de la red viaria romana.
Durante siglos, la economía giró en torno al olivar, el cereal y algunas huertas ligadas al río Guadaíra. La población se mantuvo modesta hasta bien entrado el siglo XX. El crecimiento fuerte llegó a partir de los años sesenta y setenta, cuando la proximidad con Sevilla convirtió el municipio en destino de nuevas urbanizaciones y zonas industriales. En ese proceso pasó oficialmente a tener rango de ciudad.
La Torre de los Herberos
A las afueras del casco urbano se levanta la Torre de los Herberos, una construcción defensiva levantada en época almohade y reformada tras la conquista castellana. Formaba parte de una red de vigilancia vinculada al control del territorio y de los caminos que atravesaban esta parte del valle del Guadaíra.
Hoy la torre queda rodeada por infraestructuras modernas y zonas comerciales, pero sigue funcionando como referencia visual del paisaje. Su presencia recuerda que esta franja del Aljarafe y la campiña sevillana fue durante siglos un espacio fronterizo y vigilado.
En las calles cercanas sobreviven algunos trazos del antiguo ambiente rural: casas bajas, patios interiores y acequias que todavía llevan agua a pequeñas huertas. En el siglo XIX la escritora Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber) situó aquí parte de la acción de La familia de Alvareda, una novela que retrata la sociedad agraria sevillana de la época.
Iglesias y haciendas agrícolas
La Parroquia de Santa María Magdalena ocupa el centro histórico. El templo actual se levantó en el siglo XVIII y su torre se completó más tarde, cuando la población comenzaba a crecer con más rapidez. Más allá del edificio en sí, lo relevante es el lugar: la plaza donde confluyen antiguos caminos que conectaban con Utrera, Carmona y Sevilla.
En el entorno aparecen varias haciendas agrícolas que ayudan a entender cómo se organizaba el territorio. Muchas eran complejos productivos dedicados al aceite o al cereal, con vivienda, patio de labor, capilla y dependencias para trabajadores.
Entre las más conocidas están la Hacienda de Ibarburu, del siglo XVIII, y La Almona, hoy integrada en la vida cultural del municipio. También la Alquería del Pilar, un palacete del siglo XIX con jardines que algunos autores han relacionado con el paisajista Forestier, aunque esa atribución no siempre aparece documentada con claridad.
Durante generaciones, estas propiedades concentraron buena parte de la actividad económica. Familias terratenientes gestionaban grandes extensiones de olivar y tierras de cultivo que rodeaban el núcleo urbano.
Cuando el calendario lo marcan las hermandades
La Semana Santa de Dos Hermanas tiene un peso notable en la vida local. Varias hermandades recorren las calles entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, y muchos vecinos participan como nazarenos, costaleros o músicos.
La hermandad de la Vera Cruz suele considerarse una de las más antiguas del municipio, con orígenes que se remontan a la Edad Moderna. Otras corporaciones se incorporaron con el crecimiento urbano del siglo XX. Las procesiones atraviesan el centro y algunas avenidas principales, lo que transforma durante unos días el ritmo habitual de la ciudad.
Fuera de la Semana Santa, la celebración más conocida es la Romería de Valme, que se celebra tradicionalmente en otoño y lleva a miles de personas desde el casco urbano hasta el santuario situado a las afueras. Tiene un fuerte carácter local y familiar.
Entre el Guadaíra y los parques periurbanos
El municipio se extiende hacia el Parque Periurbano de La Corchuela, uno de los espacios verdes más cercanos al área metropolitana sevillana. Encinas, acebuches y zonas de pinar recuerdan el paisaje de dehesa que dominaba esta parte del territorio antes de la expansión urbana.
El Corredor Verde del Guadaíra sigue el curso del río en dirección a Sevilla. El sendero ciclista y peatonal permite recorrer varios kilómetros junto al cauce, atravesando zonas industriales y tramos más abiertos donde todavía quedan huertas y vegetación de ribera. En los últimos años el río ha mejorado su estado ambiental y es habitual ver pescadores y grupos de ciclistas durante los fines de semana.
Cómo moverse y cuándo venir
La línea de cercanías que conecta con Sevilla tarda alrededor de quince minutos y facilita mucho las visitas desde la capital. El centro urbano puede recorrerse andando sin dificultad.
En coche no suele haber grandes problemas para aparcar, salvo durante los días de Semana Santa o en celebraciones muy concurridas.
El clima marca bastante la experiencia. El verano puede ser muy duro, con temperaturas que superan con facilidad los 40 °C. En otoño y primavera el ambiente es más llevadero y coinciden varias fiestas locales que permiten ver la ciudad en pleno movimiento.