Artículo completo
sobre Arenas del Rey
Situado junto al embalse de los Bermejales; reconstruido tras el terremoto de 1884 con un trazado urbano moderno y ordenado
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos que parecen inventados para que los meteorólogos practiquen. Arenas del Rey es uno de esos. Aquí la lluvia no suele quedarse a medias: cuando entra un frente, entra de verdad. Y cuando despeja, el cielo se queda con ese azul limpio de sierra que te hace pensar que alguien ha subido el contraste sin avisar.
El pueblo que renació de sus cenizas (literalmente)
La noche del 25 de diciembre de 1884 Arenas del Rey tembló. No fue uno de esos sustos rápidos que comentas al día siguiente y ya está. El terremoto dejó el pueblo prácticamente en ruinas: casas caídas, calles irreconocibles y decenas de vecinos muertos.
Muchos lugares no se recuperan de algo así. Arenas, en cambio, volvió a levantarse. El rey Alfonso XII visitó la zona tras el desastre y promovió la reconstrucción de varios pueblos afectados. De ahí viene el apellido actual: Arenas del Rey. Antes era simplemente Arenas.
Ese “del Rey” funciona casi como una nota al margen en el nombre del pueblo, recordando que el lugar que ves hoy nació, en buena parte, después de aquel terremoto.
Donde el agua manda
Si soy sincero, el casco urbano de Arenas del Rey está bien, pero no es lo que hace que la gente llegue hasta aquí. El motivo suele ser el pantano de los Bermejales.
La primera vez que lo ves desde la carretera sorprende. Ese color azul entre pinares no encaja mucho con la imagen mental que muchos tienen de Granada. A mí me recordó a esos embalses de montaña que te encuentras en el norte, solo que aquí alrededor hay olivares y sierras más secas.
En verano la orilla se llena de gente que viene a bañarse, a pasar el día o a sacar la caña de pescar. También es habitual ver kayaks o pequeñas embarcaciones. Nada grandioso ni ruidoso: más bien familias, grupos de amigos y gente que viene a pasar la tarde junto al agua.
La cueva que requiere un poco de ganas
Cerca de aquí está la surgencia de Linarejos, un sitio curioso que no siempre aparece en las rutas más conocidas.
Normalmente se accede desde Játar, el pueblo vecino. Dejas el coche y toca caminar un buen rato por pista forestal; luego hay un sendero más estrecho que ya te mete de lleno en la sierra. No es una excursión complicada, pero conviene ir con tiempo y con ganas de andar.
La surgencia es, básicamente, una cavidad en la roca de la que brota agua de forma constante. Ver cómo sale directamente de la montaña tiene algo hipnótico. No es un lugar preparado ni lleno de carteles, más bien un rincón de esos que encuentras porque alguien te dijo “si te gusta andar, acércate”.
Lo que se come por aquí
La cocina de Arenas del Rey tira mucho de monte y de despensa antigua. Platos que siguen apareciendo en las casas del pueblo aunque no salgan mucho en redes sociales.
Uno bastante típico es el conejo con almendras en salsa moruna, una receta con ese punto especiado que recuerda a la cocina andalusí. También aparecen guisos de caza como liebre o perdiz, dependiendo de la temporada.
Los quesos de Játar, el pueblo de al lado, suelen salir en muchas mesas de la zona. Y luego está el hornazo, una masa de pan con huevo que aquí se asocia mucho al día de San Marcos. Es habitual que se comparta al aire libre, con habas verdes, en una comida colectiva bastante popular.
Cuando el pueblo se llena
Las fiestas locales tienen ese aire de celebración de pueblo que todavía gira alrededor de la plaza.
San Sebastián se celebra en enero, con procesión y fuegos artificiales si el tiempo lo permite. En mayo suele organizarse la romería de San Isidro, que reúne a vecinos y gente de los alrededores.
Pero el momento en que más movimiento hay llega en agosto, durante las fiestas de verano. Entonces aparecen los que viven fuera, los que tienen familia aquí y los que vuelven cada año. El pueblo, que ronda los seiscientos habitantes el resto del año, de repente parece otro.
Mi consejo de amigo
Arenas del Rey no es un sitio para planificar una semana entera de visitas. Tampoco funciona muy bien con el turismo de “paro media hora, hago dos fotos y sigo”.
Es más bien un buen plan de fin de semana tranquilo. Pasar la mañana por el pantano de los Bermejales, acercarte a caminar por la sierra, comer sin prisa y dejar que el día se estire.
Ven en coche. El transporte público por esta zona existe, pero moverte con libertad depende bastante de tener ruedas.
Y ven sin esperar un espectáculo. Arenas del Rey funciona más como esos bares de carretera donde paras casi por casualidad y el café acaba siendo mejor de lo que pensabas. No tiene grandes titulares, pero cuando te vas tienes la sensación de haber estado en un sitio que sigue viviendo a su ritmo.