Artículo completo
sobre Alfarnate
El pueblo más alto de la Axarquía rodeado de montañas rocosas y conocido por su producción de cerezas y aceite de oliva
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Alfarnate pasa por entender primero dónde está. El pueblo se sitúa a unos 925 metros de altitud, en la vertiente sur de la Sierra de Alhama, dentro de la Axarquía pero ya muy cerca del límite con las tierras altas de Granada. Ese encaje entre sierras explica muchas cosas: el clima más fresco que en la costa, el paisaje de cultivos de secano y un casco urbano que se adapta a las pendientes del valle.
La trama del pueblo combina herencia andalusí y transformaciones posteriores tras la conquista cristiana. Calles estrechas, cambios de nivel y pequeñas plazas aparecen donde el terreno lo permite. Durante siglos la economía local se apoyó en la agricultura de montaña —cereales, olivo, almendro— y ese patrón sigue visible en los bancales que rodean el núcleo urbano.
El nombre del lugar procede del árabe y suele interpretarse como “lugar de fuentes”. No es una referencia casual: en el término aparecen varios manantiales y puntos de agua que históricamente permitieron mantener huertas y abastecer al pueblo. También quedan rastros de la actividad agrícola tradicional en antiguos molinos de aceite y construcciones dispersas por el campo.
La iglesia y el casco urbano
La iglesia de Santa Ana ocupa el centro del pueblo. El edificio actual se levanta en el siglo XVI, en el periodo en que muchas parroquias de la Axarquía se reorganizan tras la incorporación del territorio a la Corona de Castilla. No es una iglesia grande, pero su torre se reconoce desde distintos puntos del valle. En el interior hay elementos barrocos añadidos con el tiempo, fruto de reformas y donaciones de vecinos.
Algo más apartada del núcleo está la ermita del Santo Cristo del Perdón. Su interés no está tanto en la arquitectura como en la relación con el entorno: desde allí se abre el paisaje de lomas cultivadas que rodea Alfarnate, y el lugar sigue teniendo peso en la vida religiosa del municipio.
Pasear por el casco antiguo ayuda a entender cómo se ha ido formando el pueblo. Las calles se adaptan a la pendiente y a veces se estrechan hasta quedar en pasadizos entre fachadas. Aparecen antiguos lavaderos, pequeñas plazas y tramos empedrados. Las casas mantienen el encalado habitual en esta parte de Málaga, con rejas de hierro y macetas en ventanas o patios.
Caminos hacia la Sierra de Alhama
Desde el propio pueblo salen caminos que se internan en la Sierra de Alhama o atraviesan los llanos cercanos. Los llamados Llanos de Alfarnate forman una planicie rodeada de montañas donde durante mucho tiempo se cultivaron cereales. Hoy se siguen viendo campos abiertos y pistas agrícolas que muchos vecinos utilizan para caminar o moverse en bicicleta.
El relieve es irregular y los desniveles se notan, sobre todo si se recorren los caminos más largos hacia la sierra. A cambio, el paisaje cambia bastante según la estación: en primavera el valle se vuelve más verde de lo habitual en esta parte de la Axarquía, mientras que en otoño son frecuentes las mañanas con niebla baja.
Quien camine temprano puede ver fauna habitual de monte mediterráneo —sobre todo aves— en los bordes de cultivos y zonas de matorral.
Cocina de interior
La cocina local tiene más que ver con el interior montañoso que con la costa malagueña. El aceite de oliva es la base de muchos platos, acompañado por guisos sencillos, verduras del campo y carne de caza cuando la hay. También aparecen hierbas silvestres que tradicionalmente se recolectaban en los alrededores, como tagarninas o collejas.
No faltan los embutidos caseros y los quesos de cabra de la zona. Cuando hay cosecha de cereza en los huertos cercanos, es habitual ver dulces preparados con esa fruta en celebraciones familiares o en fiestas del pueblo.
Fiestas y vida local
El calendario festivo gira en torno a celebraciones religiosas y momentos del ciclo agrícola. Las fiestas dedicadas a Santa Ana reúnen cada año a vecinos que viven fuera y regresan durante esos días, con procesiones y actividades en las calles del centro.
La Semana Santa se vive de forma más recogida que en las ciudades grandes de la provincia, con recorridos cortos por el casco urbano. También se celebra una romería vinculada al Cristo del Perdón que lleva a muchos vecinos a las afueras del pueblo para pasar el día en el campo.
En otoño suele organizarse alguna jornada relacionada con la aceituna y el aceite, recordando el papel que han tenido los olivares en la economía local.
Para orientarse al llegar
Alfarnate es un pueblo pequeño y se recorre andando sin dificultad, aunque hay cuestas. El coche suele dejarse en las entradas del casco urbano y desde ahí moverse a pie. Si interesa el paisaje agrícola tradicional de la Axarquía más alta, merece la pena salir por alguno de los caminos que rodean el pueblo y observar cómo se distribuyen los cultivos en las lomas que lo rodean.