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sobre Benamargosa
Conocido como el Gibraltar Chico es un pueblo agrícola famoso por sus cultivos subtropicales como el aguacate y el mango
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Hay pueblos que se visitan con una lista de cosas que ver. Y luego están sitios como Benamargosa, donde lo mejor que puedes hacer es aparcar, empezar a caminar y dejar que el propio pueblo marque el ritmo. En la Axarquía pasa mucho: llegas pensando que vas a “ver algo” y acabas más bien observando cómo se vive.
Benamargosa, con algo más de mil quinientos vecinos, está en ese valle fértil donde el paisaje cambia respecto a otras zonas más secas de la comarca. Aquí el verde aparece más de lo que uno espera en la Axarquía. Entre huertas, aguacates y frutales, el pueblo se extiende con sus casas blancas y un entramado de calles estrechas que recuerdan bastante a su pasado andalusí.
No hay grandes monumentos ni una lista larga de lugares que tachar del mapa. Y, curiosamente, eso juega a su favor. El plan aquí es sencillo: caminar un rato, mirar alrededor y entender que el pueblo sigue funcionando más como lugar para vivir que como escenario para visitantes.
El rastro del pasado en sus calles
La parte antigua de Benamargosa se recorre rápido, pero conviene hacerlo despacio. Es de esos cascos urbanos donde las calles se doblan sobre sí mismas y de repente aparece una placita o un rincón con sombra.
La Plaza Mayor suele ser el punto donde termina llegando todo el mundo, antes o después. No es grande ni monumental, pero sí el lugar donde se ve la vida diaria: vecinos charlando, gente que pasa con la compra o alguna partida de cartas cuando el tiempo acompaña.
Muy cerca está la Iglesia de la Encarnación, levantada en el siglo XVI sobre estructuras anteriores. Por fuera es bastante sobria; dentro se mezclan elementos mudéjares con añadidos posteriores. Es el tipo de iglesia que cuenta más sobre la historia del pueblo que sobre la arquitectura en sí.
Si te mueves por calles como Calle Alta o Calle Costa, verás mejor la lógica del trazado antiguo. Son calles estrechas, con curvas inesperadas, pensadas para proteger del calor y del viento. Ese diseño sigue funcionando hoy: en verano se agradece bastante.
Desde algunos puntos algo más altos del pueblo se ve bien el valle que lo rodea. El paisaje es un mosaico de cultivos: olivares, aguacates —cada vez más presentes en toda la Axarquía— y pequeñas huertas familiares. En primavera, cuando los almendros florecen por la zona, el contraste con el verde de los aguacates resulta curioso.
Quedan también restos de antiguas almazaras en el municipio. Algunas conservan maquinaria antigua, aunque no suelen estar preparadas para visitas. A veces el ayuntamiento organiza actividades puntuales relacionadas con el aceite, pero no es algo permanente.
Rutas por el valle de Benamargosa
Los alrededores del pueblo son más interesantes de lo que parecen al llegar. El valle del río Benamargosa crea un paisaje agrícola bastante vivo, con caminos rurales que conectan fincas, huertas y pequeñas elevaciones.
Hay senderos sencillos que se utilizan desde hace décadas para moverse entre parcelas. Caminarlos es una buena manera de entender cómo funciona el campo aquí: acequias que reparten el agua, bancales con cultivos mezclados y caminos de tierra que siguen el relieve del terreno.
Si te gusta la bicicleta, también hay rutas por pistas agrícolas que enlazan con otros pueblos de la Axarquía. Eso sí, conviene no confiarse: el mapa puede parecer llano, pero los repechos aparecen cuando menos te lo esperas. En esta comarca casi siempre acabas subiendo más de lo que pensabas.
Otra cosa que se nota al caminar por los alrededores es el cambio agrícola de la zona. Tradicionalmente el olivo ha sido muy importante, pero en los últimos años los aguacates y otros cultivos tropicales han ido ganando terreno gracias al clima suave del valle.
Las fiestas que marcan el calendario
En pueblos de este tamaño, las fiestas siguen siendo momentos importantes del año. En Benamargosa, una de las celebraciones más arraigadas gira en torno a San Sebastián, el patrón local. Las calles del centro se llenan de actividad y las procesiones recorren el casco antiguo.
En verano suelen organizarse actividades culturales y música en la calle, algo bastante común en los pueblos de la Axarquía cuando llegan las noches largas de agosto.
También hay celebraciones vinculadas al campo y a la recolección de la aceituna, que históricamente ha sido uno de los motores económicos de la zona. En esas fechas es cuando mejor se ve la relación del pueblo con su entorno agrícola.
Cómo llegar y cuánto tiempo dedicarle
Benamargosa está a algo más de media hora en coche de la costa oriental de Málaga, entrando hacia el interior de la Axarquía. La carretera va serpenteando entre colinas y cultivos, algo bastante normal por aquí.
El pueblo no es grande. En un par de horas puedes recorrer el centro con calma. Lo interesante es usarlo como parada dentro de una ruta más amplia por la Axarquía interior, combinándolo con otros pueblos cercanos o con alguna caminata por el valle.
Mi consejo: ven sin prisas, da una vuelta por el casco antiguo y luego aléjate un poco por los caminos del valle. Ahí es donde Benamargosa empieza a tener sentido. Es de esos sitios que se entienden mejor caminando que mirando un mapa.