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sobre Canillas de Aceituno
Situado en la falda de La Maroma ofrece acceso al pico más alto de la provincia y destaca por su gastronomía de chivo
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Canillas de Aceituno me recordó a esos pueblos que ves desde la carretera y piensas: “ahí arriba tiene que haber cuestas”. Y las hay. El turismo en Canillas de Aceituno empieza casi siempre así: aparcas abajo, levantas la vista y ves las casas blancas subiendo por la ladera como si alguien las hubiera ido colocando con paciencia.
No es un sitio que suela aparecer en todas las listas de la Axarquía, y quizá por eso mantiene un ritmo bastante normal. Viven aquí algo menos de dos mil personas y se nota que esto no está montado alrededor del visitante. Hay olivares por todas partes, huertas pequeñas y ese aire de pueblo de sierra donde el coche se usa lo justo porque muchas calles directamente no invitan a ello.
Además, el pueblo está pegado al Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Así que, mires donde mires, hay montaña. A veces verde, a veces seca, según el mes y lo que haya llovido ese año.
El casco antiguo: cuestas, cal y alguna pausa
El centro se recorre rápido, pero las piernas lo notan. Las calles son estrechas y empinadas, de esas en las que acabas caminando más despacio sin proponértelo.
La iglesia de Nuestra Señora del Rosario marca bastante el corazón del pueblo. El edificio actual se levantó hace siglos sobre estructuras anteriores y sigue siendo uno de esos puntos donde todo el mundo termina pasando, aunque solo sea para orientarse. La plaza que tiene delante funciona como punto de encuentro, sobre todo cuando cae la tarde y el calor afloja un poco.
Una de las cosas que más me llamó la atención es que desde muchas esquinas se abre la vista hacia el valle. No hace falta buscar miradores oficiales: basta con asomarse a cualquier calle que se descuelgue hacia la ladera.
La sierra empieza prácticamente en la última casa
Aquí la montaña no está “cerca”. Está encima.
Canillas de Aceituno es uno de los accesos habituales a La Maroma, el pico más alto de la provincia de Málaga. La ruta es conocida entre senderistas y no es precisamente un paseo corto: hay desnivel y conviene tomárselo con calma. Cuando el día está claro, desde arriba se llega a ver una buena parte del sur peninsular, incluso Sierra Nevada a lo lejos.
Si no te apetece algo tan largo, por los alrededores salen caminos más tranquilos entre pinos, encinas y bancales antiguos de cultivo. Son de esos paseos donde vas encontrando muros de piedra, acequias viejas y olivos que parecen llevar ahí toda la vida.
Comer aquí: cocina de sierra, sin demasiadas vueltas
La cocina del pueblo gira mucho alrededor del aceite de oliva, como en casi toda la Axarquía interior. Platos sencillos y contundentes: migas cuando refresca, gazpacho cuando aprieta el calor, carnes al horno y muchas recetas donde el aceite bueno marca la diferencia.
En temporada de aceituna —normalmente durante el invierno— la actividad en el campo se nota bastante. No es raro ver remolques cargados o gente trabajando en los olivares que rodean el pueblo.
Fiestas y vida de pueblo
Las celebraciones aquí siguen teniendo bastante de reunión vecinal. La festividad de la Virgen del Rosario, patrona del pueblo, suele ser uno de los momentos más importantes del año y saca a la gente a la calle.
En verano también hay días de feria y música en la plaza, con ese ambiente de pueblo donde al final te cruzas varias veces con las mismas caras.
Si vienes en Semana Santa encontrarás procesiones más bien tranquilas, lejos de las grandes multitudes de otras zonas de Andalucía. Todo sucede a otro ritmo, que al final es un poco la clave de Canillas de Aceituno: un pueblo de sierra que no parece tener demasiada prisa por cambiar.