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sobre Cútar
Pueblo de la ruta de la pasa conocido por la Fuente del Paraíso y por haber conservado el Corán de Cútar
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Al atardecer, en la calle Mayor, la luz dorada entra en los patios de las casas encaladas y rebota en las paredes todavía ásperas de cal. La quietud del pueblo se intensifica cuando pasa algún rebaño camino de las afueras y suenan los cencerros entre las fachadas. En ese momento, cuando el aire huele a tierra húmeda y a mosto, el turismo en Cútar se entiende mejor: no como una lista de cosas que hacer, sino como un ritmo lento que sigue el relieve de las laderas.
Cútar, con poco más de medio millar de habitantes, se extiende a unos 330 metros de altitud en la Axarquía malagueña. Muchas familias siguen vinculadas a los cultivos de secano de la comarca. El moscatel y las pasas siguen marcando parte del calendario agrícola, sobre todo en las parcelas escalonadas que rodean el pueblo. Los bancales de piedra seca sujetan las viñas en pendientes que obligan a trabajar despacio, con herramientas ligeras y mucha paciencia.
Calles estrechas y restos de la herencia andalusí
El casco urbano conserva el trazado irregular de origen andalusí. Las calles son estrechas y serpentean entre casas blancas con rejas oscuras y macetas que, en verano, desprenden olor a jazmín al caer la noche.
La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. Se levantó en el siglo XVI, en el lugar donde antes hubo una mezquita, algo común en muchos pueblos de la Axarquía tras la conquista castellana. Desde la plaza cercana se ve buena parte del caserío descendiendo por la ladera.
Caminar por estas calles implica ir frenando a cada rato: un antiguo lagar restaurado, una puerta de madera gastada, un pequeño mirador improvisado entre dos casas. Algunos de esos lagares se han recuperado y, en determinados momentos del año, permiten ver cómo se trabajaba el moscatel de forma tradicional.
Un detalle práctico: el casco histórico tiene cuestas cortas pero bastante inclinadas. Si vienes en coche, suele ser más sencillo aparcar en las entradas del pueblo y terminar el recorrido a pie.
Caminos entre viñas y almendros
A pocos minutos del centro empiezan los caminos rurales. Salen entre olivares y almendros y se abren poco a poco hacia las lomas de la Axarquía. En febrero, cuando florecen los almendros, el paisaje se llena de manchas blancas sobre la tierra rojiza; en septiembre, en cambio, el protagonismo lo toman las paseras donde se secan las uvas.
Algunos senderos conectan con rutas más largas hacia Comares o hacia el valle del río Vélez. No suelen tener gran dificultad, aunque el terreno es irregular y conviene llevar agua si aprieta el calor. En verano el sol cae con fuerza desde media mañana.
Entre las viñas todavía se ven pequeñas construcciones agrícolas y herramientas sencillas apoyadas en los muros. Durante la vendimia —normalmente a finales del verano— no es raro encontrarse a gente trabajando en las parcelas.
Vino moscatel y cocina de la Axarquía
El moscatel forma parte de la identidad local. En torno al pueblo hay pequeñas instalaciones familiares donde se elabora vino dulce siguiendo métodos heredados. Algunas permiten visitas en ciertos momentos del año, normalmente con cita previa.
En las mesas de la zona aparecen platos sencillos que tienen sentido con este paisaje seco y soleado. El ajoblanco, frío y espeso, suele servirse cuando el calor aprieta. También es frecuente el chivo al ajillo o los molletes con aceite de oliva de la comarca en desayunos largos de fin de semana.
Fiestas ligadas al calendario agrícola
A lo largo del año hay varias celebraciones que marcan el ritmo del pueblo. Las fiestas patronales dedicadas a la Virgen de la Encarnación suelen celebrarse en agosto y llenan las calles de música, procesiones y comidas populares.
En septiembre, cuando termina la recogida de la uva, Cútar acostumbra a organizar actividades en torno a la pasa y al vino moscatel. Durante esos días el pueblo huele a fruta madura y a mosto reciente.
También se mantiene la romería de San Isidro Labrador a comienzos de mayo, vinculada al mundo agrícola. Los caminos cercanos se llenan de carros, caballos y grupos que pasan el día entre olivos.
Quien llegue a Cútar encontrará un pueblo pequeño, con cuestas, silencio a ciertas horas y mucho campo alrededor. Conviene venir sin prisa, caminarlo al amanecer o al caer la tarde y entender que aquí la vida sigue marcada por la tierra y por las estaciones.