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sobre Rincón de la Victoria
Ciudad costera residencial con extensas playas y la Cueva del Tesoro que es una de las pocas cuevas marinas visitables
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Rincón de la Victoria creció mirando a un mismo punto: el acantilado del Cantal. Allí se abre la Cueva del Tesoro, una cavidad marina excavada en la roca que cae directamente al Mediterráneo. No es una cueva de interior, sino un sistema de galerías formado cuando el mar ocupaba esta franja de costa. Se entra desde tierra y, sin embargo, se desciende hacia el nivel del agua.
La cavidad ya era conocida en la Antigüedad. A menudo se menciona la presencia fenicia en la zona y la tradición local habla de exploraciones muy tempranas. Hoy se recorren varias salas amplias donde aparecen formaciones erosionadas por el agua salada y algunas pinturas cuya cronología sigue siendo discutida. Lo interesante no es solo lo que hay dentro, sino el lugar donde se abre: un hueco en pleno frente litoral, en una pared que durante siglos sirvió de referencia para navegantes.
De los fenicios a los ingleses: una costa de vigilancia
Rincón de la Victoria se entiende mejor si se mira como frontera marítima. Esta parte de la costa malagueña siempre fue un punto de paso y también un lugar vulnerable. Los fenicios aprovecharon los abrigos naturales del litoral para las salazones; más tarde, los romanos establecieron instalaciones ligadas al garum en el entorno de Bezmiliana.
La Edad Media dejó otra huella: torres vigía repartidas por los promontorios. La del Cantal se asocia a la red defensiva nazarí que controlaba posibles incursiones desde el mar. Siglos después, ya bajo la monarquía borbónica, se levantó la fortaleza de Bezmiliana para reforzar esa vigilancia costera. El edificio sigue en pie y recuerda que esta franja del Mediterráneo estuvo expuesta a ataques y desembarcos durante mucho tiempo.
También quedan restos romanos en Torre de Benagalbón. Allí se han documentado mosaicos de época tardía y estructuras vinculadas a una villa agrícola cercana a la costa. No es un yacimiento monumental, pero ayuda a entender que el territorio estuvo ocupado de forma continua.
El núcleo actual del municipio se consolidó bastante después. A comienzos del siglo XVI los ataques berberiscos arrasaron buena parte del litoral malagueño y provocaron un fuerte despoblamiento. La repoblación cristiana llegó décadas más tarde. Durante siglos el lugar funcionó sobre todo como tramo del camino que conectaba Málaga con los pueblos de la Axarquía.
El nombre actual es relativamente reciente. Hasta mediados del siglo XX el núcleo se identificaba más bien con el antiguo Rincón de Bezmiliana. La referencia a la Victoria se incorporó después, vinculada a la devoción a la patrona malagueña.
El mar como oficio
Aquí el mar no fue solo paisaje. Durante generaciones marcó el trabajo diario. En las playas del municipio todavía se ven jabegas, las barcas tradicionales de la costa malagueña. Sus proas pintadas con un ojo protector remiten a tradiciones muy antiguas del Mediterráneo oriental.
La pesca artesanal dejó también costumbres que siguen visibles en algunas zonas del litoral. En Cala del Moral, por ejemplo, todavía es posible ver a pescadores reparando redes o preparando las embarcaciones pequeñas que salen al amanecer. Son escenas cada vez menos frecuentes, pero ayudan a entender cómo funcionaba esta economía antes del crecimiento urbano de las últimas décadas.
En la cocina local aparecen platos ligados a esa vida marinera. El gazpachuelo malagueño, una sopa caliente de pescado ligada con mayonesa, tiene fama de haber nacido en los barcos. Otros platos proceden del interior de la Axarquía, donde el cultivo de la vid y de pequeñas huertas marcó la dieta cotidiana.
Caminar el frente del Cantal
Entre Rincón de la Victoria y Cala del Moral hay un paseo que sigue el trazado del antiguo ferrocarril costero inaugurado a comienzos del siglo XX. Aquella línea conectaba Málaga con Vélez y otros puntos de la comarca. Cerró en los años sesenta, pero el recorrido quedó como pasillo natural entre el mar y el acantilado.
Uno de los tramos más reconocibles es el túnel excavado en la roca del Cantal. Hoy lo cruzan peatones y ciclistas. Al salir, el paseo continúa pegado al Mediterráneo durante varios kilómetros. Es un trayecto sencillo que permite observar de cerca el relieve abrupto de esta costa, poco adecuado para la agricultura y durante siglos más útil para la pesca y la vigilancia que para el cultivo.
Quien se interese por las torres vigía puede seguir la línea de costa hacia Torre de Benagalbón. Desde algunos puntos todavía se entienden las distancias entre torres: lo bastante cercanas para transmitir señales visuales en caso de peligro.
Cuándo se mueve más el pueblo
A mediados de julio suele celebrarse la procesión marítima de la Virgen del Carmen, muy arraigada en las localidades pesqueras del litoral malagueño. La imagen se traslada en barca mientras otras embarcaciones la acompañan cerca de la costa.
A comienzos de septiembre se organiza la romería vinculada a la Virgen de la Victoria. Parte del recorrido sube hacia el interior, en dirección a los caminos que comunican con la Axarquía.
Fuera de esos momentos, el invierno muestra un ritmo distinto. Con menos visitantes en las playas, el frente del Cantal queda bastante tranquilo y la visita a la cueva se hace con grupos pequeños.
Cómo moverse
Rincón de la Victoria está pegado a Málaga y se llega por la autovía costera en pocos minutos. El coche facilita moverse entre los distintos núcleos del municipio, aunque el paseo marítimo se recorre bien a pie o en bicicleta.
También hay autobuses metropolitanos que conectan con la capital. El antiguo tren que recorría esta franja de costa desapareció hace décadas, pero el paseo que ocupa su trazado permite hacerse una idea de por dónde discurrían las vías.
Para visitar la cueva conviene llevar calzado con buena suela. El interior mantiene humedad y algunas rampas pueden resultar resbaladizas. Fuera, el paseo del Cantal ofrece un buen resumen del paisaje litoral que ha marcado la historia del lugar.