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sobre El Cuervo de Sevilla
Municipio joven fronterizo con Cádiz conocido por su pan y su laguna de los Tollos importante para aves
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El algodón cruje bajo los pies como papel de periódico viejo. Es octubre, las plantas ya han sido recogidas y los campos de El Cuervo de Sevilla quedan como un colchón deshecho, blanco y desordenado, que se estira hacia la marisma. Un tractor pasa despacio por la carretera comarcal y levanta una nube de polvo que tarda en caer. En el Bajo Guadalquivir el calendario lo marcan más las cosechas que el reloj.
El olor a pan caliente y ajo frito por la mañana
A primera hora la plaza huele a horno encendido. Antes de las siete ya salen bandejas de rosquetes, de esos que tienen un punto de anís y una miga compacta que aguanta bien el café. El vapor dulce se mezcla con el aire fresco de la mañana y se queda flotando un rato entre las fachadas bajas.
Un poco más tarde, en los bares donde desayuna la gente del pueblo, empiezan a salir platos de ajo frito con espárragos. Huevos revueltos, ajos tiernos y espárragos trigueros cortados a trozos irregulares. Humea bastante y deja un olor que se pega a la ropa. Aquí la cocina tira mucho de lo que da el campo alrededor: espárragos, alcachofas, arroz de las marismas, algo de caza cuando toca.
Una iglesia relativamente reciente
La iglesia de San José no es antigua comparada con otras de la campiña. Se levantó en el primer tercio del siglo XX, cuando el asentamiento empezaba a tomar forma alrededor de la antigua carretera entre Jerez y Sevilla. El ladrillo rojizo todavía se ve limpio en muchas partes, y el campanario sobresale sin demasiada competencia en un pueblo donde casi todo es bajo.
Dentro suele haber silencio, de ese que se llena con pasos y con el roce de una escoba contra el suelo. La imagen de la Virgen del Rosario es la patrona local; la tradición cuenta que llegó desde otro lugar de la provincia en circunstancias algo confusas, una de esas historias que cada vecino narra con algún detalle distinto.
A ciertas horas la puerta está abierta y entra una luz oblicua que deja el interior en tonos amarillos y grises, con olor a cera vieja.
La antigua Casa de Postas
El Cuervo nació como lugar de parada en el camino entre Cádiz y Sevilla, y la antigua Casa de Postas recuerda ese origen. El edificio, frente al ayuntamiento, conserva escudos reales en la fachada y muros gruesos que guardan bien el fresco en verano.
Durante el siglo XVIII y parte del XIX aquí cambiaban caballos y descansaban viajeros. En algunos relatos locales aparecen miembros de la corte que pararon en la ruta hacia Cádiz, aunque no siempre es fácil separar historia y tradición oral.
Hoy el edificio se usa para actividades culturales o exposiciones cuando se organiza algo en el pueblo. Cuando está abierto, arriba se ven vigas oscuras y salas sencillas donde se explica cómo era aquel antiguo camino. Mirando por las ventanas se entiende bien la lógica del lugar: una llanura amplia, carreteras rectas y horizonte bajo.
La laguna de los Tollos y el paisaje abierto
A pocos kilómetros del núcleo urbano está la laguna de los Tollos, uno de los humedales más conocidos de esta parte de la provincia. El camino llega por pistas agrícolas, entre parcelas de cultivo que en verano quedan polvorientas y en invierno se vuelven barro pesado.
Cuando la laguna tiene agua —algo que depende bastante de las lluvias— aparecen flamencos y otras aves de marisma. Desde lejos parecen manchas rosadas sobre una superficie gris verdosa. Conviene llevar prismáticos y agua: hay muy poca sombra y el viento sopla con fuerza en muchos días.
El terreno alrededor es blando en algunas zonas y hay carteles que advierten de no acercarse demasiado a ciertas orillas.
Cuándo acercarse al pueblo
La primavera suele ser el momento más agradecido. Los campos alrededor están verdes, los caminos todavía guardan humedad y la laguna suele tener más vida.
En otoño, después de la recogida del algodón, el paisaje cambia completamente y queda esa extensión blanca y desordenada que se ve desde las carreteras secundarias.
El Cuervo celebra su feria y la romería de la Virgen del Rosario en torno al otoño, y también hay una romería que sube hacia la zona de Gibalbín en primavera. En esos días el ambiente se vuelve mucho más ruidoso y el pueblo se llena de coches y carretas.
Para llegar, la carretera que une Jerez con la zona del Bajo Guadalquivir pasa muy cerca. Desde Jerez se tarda algo menos de media hora en coche; desde Sevilla, alrededor de tres cuartos de hora según el tráfico. El terreno es llano y el centro se recorre caminando sin esfuerzo. En diez minutos se cruza prácticamente todo.