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sobre Las Cabezas de San Juan
Lugar histórico donde Riego proclamó la Constitución de 1812 situado sobre un cerro dominando la marisma
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Hablar de turismo en Las Cabezas de San Juan obliga a empezar por un episodio muy concreto de la historia española. El 1 de enero de 1820, el coronel Rafael del Riego se sublevó aquí con las tropas acantonadas en la zona y proclamó la Constitución de 1812. Aquel movimiento acabaría abriendo el llamado Trienio Liberal. En el pueblo el episodio no se recuerda como una nota a pie de página, sino como algo que forma parte de su identidad.
El pueblo que no olvida
La memoria del pronunciamiento aparece en varios puntos del centro. En la plaza del Ayuntamiento suele recrearse cada año aquel momento con uniformes de época y la lectura del bando constitucional. También hay un monumento dedicado a Riego levantado a comienzos del siglo XX y, desde hace poco, el lugar forma parte del inventario andaluz de espacios vinculados a la memoria democrática.
El casco antiguo mantiene un trazado irregular que recuerda al asentamiento medieval, aunque muchas casas actuales son de los siglos XVIII y XIX. La iglesia de San Juan Bautista ocupa el lugar de la antigua mezquita. Su torre conserva restos de la etapa almohade, con añadidos posteriores de época barroca.
Dentro del templo se encuentra la capilla del Cautivo, asociada al imaginero local Juan Bernabé Britto, activo en el siglo XX. Varias de sus tallas están aquí. Son imágenes de devoción muy arraigada en el pueblo, con ese dramatismo propio de la escultura procesional andaluza.
Entre marismas y lagunas temporales
El término municipal se abre hacia las marismas del Bajo Guadalquivir. Muy cerca del pueblo se encuentra el complejo endorreico de Lebrija‑Las Cabezas, un sistema de lagunas que dependen casi por completo de las lluvias. En los inviernos húmedos llegan a llenarse y atraen aves acuáticas; en los veranos secos quedan como grandes depresiones blanquecinas por la sal.
La laguna del Tarelo suele ser la más fácil de recorrer. Un sendero rodea parte del borde entre vegetación halófila y algunos tamarices. Cuando hay agua es frecuente ver flamencos, cigüeñuelas o ánades.
El paisaje cambia poco más allá del núcleo urbano: tierras bajas, cultivos y antiguos caminos ganaderos. Una vía verde aprovecha uno de esos trazados tradicionales y atraviesa zonas de olivar y lindes donde todavía aparecen casillas o pequeñas construcciones ligadas al pastoreo.
Lo que se come
La cocina local sigue el ritmo del campo. A finales del invierno aparecen las tagarninas, un cardo silvestre que suele cocinarse con garbanzos y algo de jamón. En primavera se recogen espárragos trigueros que muchas casas preparan revueltos o salteados.
En Semana Santa son habituales los pestiños, fritos y bañados en miel. Los chicharrones aquí no se parecen a los que se sirven en otras partes de Andalucía: se trata más bien de tortas hechas con manteca, que se comen templadas, a veces con unas gotas de limón.
Cuando termina la vendimia, algunas familias todavía preparan mostillo, una reducción dulce de uva cocida con especias. Son recetas domésticas, transmitidas más por costumbre que por carta de restaurante.
Fiestas y momentos del año
La primavera suele ser la época más animada. Después de Semana Santa se celebra el Festival de la Hierbabuena, dedicado al flamenco, que reúne a aficionados y artistas de la zona en el teatro del pueblo.
En junio llega la feria de San Juan, organizada en buena parte por peñas y familias locales. Mantiene un aire bastante vecinal, con muchas casetas privadas y baile hasta bien entrada la madrugada.
La romería de la Virgen de los Remedios se celebra hacia comienzos del otoño. Carros y caballos acompañan a la imagen por los caminos cercanos a las lagunas.
Y cada 1 de enero se recuerda el pronunciamiento de 1820. La escena se representa en la plaza, casi siempre por la mañana, cuando el pueblo todavía se está desperezando del cambio de año.
Cómo moverse
Las Cabezas de San Juan queda en el eje de la A‑4, entre Sevilla y Jerez. El centro se recorre andando sin problema: del Ayuntamiento a la iglesia hay apenas unos minutos.
Para acercarse a las lagunas o a los caminos de marisma conviene llevar coche o bicicleta. En verano el calor aprieta y apenas hay sombra en el campo, así que es buena idea llevar agua si se piensa caminar un rato largo.
No es un destino de grandes alojamientos. Mucha gente llega desde Sevilla o desde otras localidades del Bajo Guadalquivir y vuelve en el día. Quien se queda suele hacerlo en pequeñas casas o alojamientos familiares repartidos por el casco urbano. Aquí las noches son tranquilas y las conversaciones en las puertas de las casas todavía duran más que los planes de viaje.