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sobre Baena
Ciudad del aceite y el tambor con un impresionante legado arqueológico íbero y romano situada entre la campiña y la sierra con un casco histórico de calles sinuosas
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Si vienes por turismo en Baena, lo primero es resolver el coche. Aparca por la avenida de Andalucía o por el paseo de Cervantes y sube andando. Siempre se sube en Baena. El casco se arrima a la sierra como quien busca resguardo. Desde arriba se ve lo de siempre en esta parte de Córdoba: olivos hasta donde alcanza la vista y un pueblo que sigue a su ritmo.
El aceite que paga los platos
Baena vive del olivo y del olivo vive. Tiene denominación de origen desde hace décadas y no es un detalle menor: gran parte del término municipal son olivares. El aceite aquí no es adorno, es el sueldo de mucha gente. En invierno, si pasas temprano por las afueras, suele oler a aceituna molida cerca de las almazaras.
En los bares la cocina tira por lo que hay en la zona. Salmorejo espeso, berenjenas fritas con miel de caña, pan y aceite bueno. Nada raro ni moderno. Comida de pueblo y bien resuelta.
El parque que casi nadie pisa
A unos ocho kilómetros está Torreparedones. La carretera tiene curvas y es normal cruzarse con algún tractor, así que se tarda un poco más de lo que marca el mapa.
El parque arqueológico ocupa una meseta amurallada donde hubo una ciudad ibera y luego romana. Se reconocen bien el foro, parte de la calle principal y varios restos repartidos dentro del recinto. También hay un pequeño centro de interpretación.
No suele haber mucha gente. A veces puedes recorrerlo casi solo. Conviene comprobar antes si está abierto porque los horarios cambian según la época.
Cuando los tambores toman el pueblo
La Semana Santa de Baena gira alrededor del tambor. De madrugada el sonido llena calles muy estrechas. Si coincide tu visita, lo vas a oír sí o sí.
El resto del año el ambiente es más tranquilo. La feria de agosto se hace en el recinto ferial de las afueras y durante el día el pueblo funciona como lo que es: una cabecera comarcal con mercado, colegios, centro de salud y bares donde se alarga el desayuno más de la cuenta.
La subida al castillo
Arriba del todo quedan restos del castillo. No es una visita larga. Quedan tramos de muralla y poco más, pero la vista abre toda la campiña.
El centro mantiene el trazado de origen medieval. Calles estrechas, cuestas constantes y casas muy juntas. La plaza del Ayuntamiento es el punto donde acaba llegando todo el mundo tarde o temprano. El ambiente es sencillo: vecinos haciendo recados y bares con las mesas ocupadas a media mañana.
Ven temprano y aparca abajo. Luego camina sin prisa y con calzado cómodo. Aquí casi todo es cuesta. Si te interesa Torreparedones, mira antes si el recinto está abierto. Y no busques cocina elaborada: en Baena se come lo que da el campo, sobre todo aceite. Y eso, aquí, sobra.