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sobre Monturque
Pueblo conocido por sus impresionantes cisternas romanas subterráneas únicas en España y un cementerio incluido en la ruta europea de cementerios singulares
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El turismo en Monturque tiene bastante que ver con su posición en la Campiña Sur de Córdoba. El pueblo se asienta en un cerro a unos 395 metros de altitud, rodeado casi por completo de olivares. Desde lejos se reconoce por esa silueta compacta que forman las casas blancas escalonadas en la ladera. Con algo menos de dos mil habitantes, la vida diaria sigue marcada por el campo y por los ritmos propios de los pueblos agrícolas de esta parte de Andalucía.
La trama urbana responde a ese origen: calles estrechas, pendientes pronunciadas y un caserío apretado alrededor de los edificios más antiguos. No es un lugar transformado por el turismo; lo que se ve hoy es, en buena medida, el resultado de siglos de economía rural y de una población que ha ido adaptando el pueblo a la topografía del cerro.
Patrimonio y arquitectura
El edificio que organiza el perfil del casco urbano es la iglesia de San Bartolomé, levantada entre los siglos XVI y XVII. Combina elementos del gótico final con formas ya renacentistas, algo habitual en muchas iglesias rurales cordobesas de ese periodo. La torre sobresale sobre el resto del caserío y sirve como referencia visual desde los caminos que llegan al pueblo.
Sin embargo, uno de los elementos históricos más singulares de Monturque no se ve a simple vista. Bajo el actual cementerio municipal se conservan unas grandes cisternas de época romana, excavadas en la roca y destinadas a almacenar agua. Formaban parte de una infraestructura hidráulica vinculada a un asentamiento romano anterior al pueblo actual. Hoy se consideran entre los depósitos subterráneos de este tipo mejor conservados de la península.
En las calles del centro aparecen algunas casas de mayor tamaño, con patios interiores y rejas de hierro forjado. No son palacios, pero sí viviendas vinculadas a familias con cierta posición dentro de la economía agraria local. El antiguo pósito municipal recuerda una etapa en la que el cereal tenía más peso que el olivar en la economía de la zona.
Desde los bordes del cerro hay miradores naturales hacia la campiña. En días despejados se alcanzan a ver las primeras alineaciones de las Sierras Subbéticas al sur, mientras que alrededor del pueblo se extiende el mosaico continuo de olivares.
Caminos entre olivares
El entorno de Monturque se recorre mejor caminando o en bicicleta por caminos agrícolas. Son rutas sencillas que atraviesan explotaciones de olivar, pequeñas lomas y antiguos cortijos dispersos. Más que senderos de montaña, son caminos de trabajo que con el tiempo se han convertido también en itinerarios tranquilos para pasear.
Al recorrerlos se entiende bien cómo el paisaje y la economía local están ligados al olivo. Durante la campaña de recolección —habitualmente entre finales de otoño e invierno— es frecuente ver la actividad en las fincas cercanas y el movimiento de remolques cargados de aceituna.
A lo largo de estos caminos todavía aparecen restos de molinos antiguos, albercas o pequeñas fuentes ligadas a las labores del campo.
Tradiciones y calendario local
Las celebraciones siguen un calendario muy parecido al de otros pueblos de la campiña cordobesa. La Semana Santa se vive sobre todo dentro del propio municipio, con procesiones que atraviesan las calles en pendiente del casco histórico.
A finales de agosto suelen celebrarse las fiestas patronales en honor a San Bartolomé, patrón del pueblo. Durante esos días regresan muchos vecinos que viven fuera, algo habitual en municipios pequeños de la zona. También se organizan ferias y encuentros populares en torno al final del verano, donde el ambiente es más de reunión vecinal que de evento turístico.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Monturque se encuentra a unos 50 kilómetros de Córdoba capital. Lo más habitual es acceder por la autovía A‑45 (Córdoba–Málaga) y continuar por carreteras comarcales hacia la Campiña Sur.
El casco antiguo tiene calles estrechas y bastante pendiente. Si se llega en coche, suele ser más práctico aparcar en las zonas exteriores del centro y continuar a pie.
En verano el calor puede ser intenso, como en buena parte de la campiña cordobesa. Conviene llevar agua, gorra y planear los paseos por la mañana temprano o al caer la tarde. En primavera y otoño el paisaje del olivar cambia de color y el recorrido por los caminos resulta más llevadero.