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sobre Moriles
Sinónimo de vino fino y generoso este pueblo rodeado de viñedos ofrece una experiencia enológica auténtica con sus lagares y bodegas familiares
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El mosto aún está tibio cuando llegas a una venta. Lo sirven en un vaso de tubo, sin etiqueta, directo de la pipa donde reposa desde la vendimia. No es vino todavía: es el momento anterior, cuando el Pedro Ximénez conserva buena parte del azúcar de la uva pasificada al sol. En Moriles, en plena Campiña Sur cordobesa, el tiempo se mide de otra manera: en criaderas y soleras, en vendimias que se recuerdan durante décadas.
El pueblo se levanta sobre una loma suave rodeada de viñedos. El terreno es claro y calizo, el conocido albariza de esta zona, que refleja el sol y guarda la humedad de la noche. Ese equilibrio explica por qué aquí se elaboran finos sin necesidad de la cercanía del mar que sí tienen otras zonas andaluzas.
De aldea a municipio propio
Hasta comienzos del siglo XX Moriles era una aldea dependiente de Aguilar de la Frontera. Entonces se conocía como Zapateros. La independencia municipal llegó por decreto durante el reinado de Alfonso XIII, cuando el crecimiento del viñedo ya había dado a la localidad cierta entidad económica.
El término municipal es pequeño y el paisaje tiene algo de continuo: lomas suaves cubiertas de cepas, caminos agrícolas y lagares dispersos. No hay grandes accidentes geográficos ni ríos cercanos que cambien el ritmo del territorio. Aquí el viñedo ha sido, durante siglos, el verdadero motor del lugar.
La parroquia de San Jerónimo
La iglesia de San Jerónimo ocupa el centro del casco urbano. El edificio actual comenzó a levantarse en el siglo XIX y se terminó bastante tiempo después, lo que explica una arquitectura sobria y algo irregular en sus proporciones. Predomina el ladrillo con refuerzos de piedra y una torre que sobresale claramente sobre el resto de las casas.
En el interior se conserva un retablo barroco anterior al templo actual, procedente de la iglesia que existía cuando Moriles todavía era una aldea. Ese traslado dice bastante sobre la historia local: cuando el nuevo edificio estuvo listo, lo que se hizo fue trasladar las piezas que tenían valor devocional o artístico.
Viñedos y lagares de la zona de Moriles Alto
La localidad forma parte de la denominación de origen Montilla‑Moriles, y dentro de ella existe una zona muy reconocida por la calidad de sus suelos: Moriles Alto. Son tierras blancas, muy calizas, donde la vid se cultiva desde hace siglos.
En los alrededores todavía aparecen antiguos lagares, algunos del siglo XVIII o XIX, que originalmente servían para prensar la uva y guardar el vino. Muchos han cambiado de uso con el tiempo, pero siguen marcando el paisaje del viñedo.
Hay varios caminos agrícolas que permiten recorrer estas lomas andando o en bicicleta. Pasan junto a lagares históricos y pequeñas explotaciones vitícolas. En época de vendimia, a finales del verano, es habitual ver la uva extendida al sol para pasificarla antes de elaborar el vino dulce de Pedro Ximénez.
El antiguo apeadero del ferrocarril
A las afueras del núcleo urbano se conserva el antiguo apeadero de Moriles‑Horcajo, perteneciente a la línea que conectaba Córdoba con Málaga. La estación se construyó a finales del siglo XIX y fue importante para el transporte del vino hacia otros mercados.
El tráfico ferroviario dejó de funcionar hace décadas, pero el edificio principal y algunas instalaciones auxiliares todavía se mantienen. En el entorno se ha acondicionado un tramo como vía verde que sigue el antiguo trazado ferroviario y atraviesa campos de olivar y viñedo camino de Lucena.
Cuándo ir y qué llevarse
La vida del pueblo sigue muy ligada al calendario del vino. A finales del verano suelen celebrarse actividades relacionadas con la nueva cosecha y las catas organizadas por bodegueros de la zona. También hay feria en verano y celebraciones de Semana Santa de carácter muy local, donde prácticamente todo el mundo se conoce.
Moriles es pequeño y se recorre caminando sin dificultad. Lo más interesante está en los alrededores: los caminos entre viñedos y los antiguos lagares dispersos por el término.
Si te interesa el vino de la zona, muchas bodegas venden directamente al público. A menudo se sirve el vino a granel, sin etiquetas ni ceremonias, tal como se ha hecho aquí durante generaciones. Es una forma bastante directa de entender qué significa realmente este paisaje de viña continua que rodea el pueblo.