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sobre Tarifa
Punto más meridional de Europa y capital del viento; paraíso del kitesurf con playas infinitas y ambiente bohemio
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El turismo en Tarifa siempre acaba girando alrededor de lo mismo: el viento y el estrecho. Se nota desde el momento en que aparcas el coche. No es una brisa ligera, sino el Levante, un viento que aquí forma parte de la vida cotidiana y que condiciona desde la pesca hasta los deportes de mar. Tarifa se asoma justo al punto donde el Mediterráneo y el Atlántico se encuentran. Desde la Isla de las Palomas —unida a tierra por una carretera— se entiende bien la geografía: África queda enfrente, a unos catorce kilómetros en línea recta.
Una ciudad pensada como frontera
El nombre de Tarifa suele relacionarse con Tarif ibn Malik, un militar bereber que llegó a estas costas a comienzos del siglo VIII. Pero el lugar ya tenía importancia antes. En época romana existió aquí Julia Traducta, una ciudad vinculada a la industria del pescado en salazón y al comercio marítimo del Estrecho.
A pocos kilómetros, en la ensenada de Bolonia, el conjunto arqueológico de Baelo Claudia ayuda a entender ese mundo romano ligado al mar. Las calles, el teatro frente a la playa y las factorías de salazón explican cómo funcionaba la economía del lugar, basada en el garum y otros productos derivados del atún.
La Tarifa medieval se organizó sobre todo como plaza defensiva. El Castillo de Guzmán el Bueno, iniciado en el siglo X por orden del califa Abderramán III, controlaba el paso del Estrecho. La fortaleza quedó asociada a un episodio muy repetido en la historiografía castellana: el asedio de 1294, cuando Alonso Pérez de Guzmán se negó a entregar la plaza aun bajo la amenaza de que mataran a su hijo. La escena del puñal arrojado desde la muralla pertenece ya al terreno de la tradición, pero forma parte del relato histórico de la ciudad.
El atún y la memoria del mar
La relación de Tarifa con el atún rojo sigue muy presente. Cada primavera se instalan almadrabas en distintos puntos de la costa gaditana siguiendo una técnica de origen antiguo —suele vincularse a métodos introducidos en época islámica, aunque seguramente sea más compleja—. El paso de los atunes hacia el Mediterráneo marca el calendario de muchas localidades del Estrecho.
En las cocinas de la zona el atún aparece de muchas formas: crudo, apenas marcado en la plancha o guisado. También son habituales las frituras ligadas al mar cercano. En buena parte de la provincia se preparan tortillitas de camarones; en esta parte del litoral aparecen variantes con marisco muy pequeño que se fríe en una masa ligera.
En repostería siguen pesando las recetas andalusíes. Los pestiños, habituales en Semana Santa y en invierno, mezclan miel, aceite y masa frita con ese aroma a anís que se repite por muchas casas de Andalucía.
Playas largas y viento constante
La costa de Tarifa suma muchos kilómetros de playa abierta. Los Lances, Valdevaqueros o Bolonia comparten un rasgo claro: arena extensa, viento frecuente y el Estrecho siempre visible. Desde finales del siglo XX el viento atrajo a quienes practicaban windsurf y, más tarde, kitesurf. Esa actividad ha cambiado bastante la imagen del litoral, con cometas sobre el agua durante buena parte del año.
Más allá del deporte, el entorno está protegido en gran medida por el Parque Natural del Estrecho y el de los Alcornocales. Hay senderos sencillos cerca del litoral y otros que suben hacia pequeñas sierras desde donde se observa bien el paso entre continentes. En días despejados la costa marroquí se distingue con claridad.
En el entorno de la llamada Cueva del Moro se conservan pinturas rupestres vinculadas al arte sureño. Las dataciones varían según los estudios, pero se sitúan en la Prehistoria reciente y forman parte de un conjunto amplio de abrigos con arte esquemático en el Campo de Gibraltar.
El interior de las murallas
El casco antiguo conserva el trazado irregular heredado de la ciudad medieval. La mayor parte de las murallas actuales corresponden a reformas de época islámica y posteriores adaptaciones cristianas. Se recorre a pie sin dificultad.
La iglesia de Santa María se levanta sobre lo que fue una antigua mezquita mayor. El edificio actual es fruto de varias etapas constructivas, sobre todo entre los siglos XVI y XVIII. En las calles cercanas todavía se reconocen lienzos de muralla, portales antiguos y casas adaptadas al viento del Estrecho, con patios interiores y fachadas bastante cerradas hacia el exterior.
Durante la Guerra de la Independencia la ciudad volvió a tener importancia estratégica. Las defensas soportaron ataques de tropas napoleónicas que intentaban controlar el paso marítimo entre el Atlántico y el Mediterráneo.
Cómo llegar y cuándo ir
Tarifa queda en el extremo sur de la provincia de Cádiz, dentro de la comarca del Campo de Gibraltar. Se llega por carretera desde Cádiz o desde la zona de Algeciras siguiendo la vía que bordea el Estrecho. El último tramo discurre junto al mar y suele tener bastante tráfico en verano.
La afluencia aumenta mucho en los meses más cálidos, cuando coinciden playas, viento y vacaciones. La primavera suele coincidir con la temporada de almadraba en la costa gaditana. A comienzos de otoño el ambiente se calma algo y las playas siguen siendo largas y abiertas.
Conviene llevar algo de abrigo incluso con temperaturas suaves. En Tarifa el viento cambia bastante la sensación térmica, sobre todo al caer la tarde.