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sobre Cenes de la Vega
Municipio alargado que conecta Granada con la carretera de la Sierra; conocido por sus restaurantes y acceso al río Genil
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En Cenes de la Vega el agua sigue marcando el ritmo del lugar. La acequia baja llena en marzo. Entonces el pueblo huele a tierra mojada y a hierba recién cortada.
Desde el puente de la carretera de Almería se ve correr el agua por un cauce de piedra. Los moriscos lo reparaban cada invierno. En aquel tiempo Cenes se llamaba Qanāt Ibn Sālim y Granada era una ciudad de mezquitas.
Hoy la acequia es un canal de riego más. Aun así, sigue ordenando los huertos que llegan hasta la falda del cerro.
El agua que hizo el pueblo
La Real Acequia del Genil —aquí muchos la llaman «la acequia mayor»— no es un resto histórico. Sigue en uso. Toma agua del Genil río arriba y la conduce hasta las vegas que rodean el pueblo.
El trazado parece anterior a 1492. Tras la conquista, la Corona confirmó su uso para asegurar el abastecimiento de Granada. El canal, sin embargo, ya funcionaba en época nazarí.
Si se camina junto a la acequia se entiende su lógica. El sendero bordea el cauce durante varios tramos. El agua se reparte mediante compuertas de madera. De ahí salen pequeños ramales hacia parcelas de olivos, nogales y hortalizas.
Esa red explica el origen de Cenes. Un pueblo de regantes pegado a Granada. Mucha gente trabaja en la ciudad, pero aquí aún se mira el nivel del agua.
Un lugar de paso que se quedó
Cenes apenas aparece en los relatos de la conquista. Debió de ser una alquería dispersa. Tal vez un punto del camino hacia la Alpujarra.
Los primeros documentos municipales son de 1572. Tras la expulsión morisca, la Corona repartió tierras entre colonos castellanos. Fueron unas pocas decenas de familias.
La forma del pueblo se fijó mucho después. Durante el siglo XIX se consolidó el núcleo que hoy se reconoce. Calles estrechas que bajan hacia la acequia. Casas blancas con tejado a dos aguas.
A mediados del siglo XX llegaron cambios rápidos. Granada creció y Cenes quedó a su puerta. Muchas viviendas nuevas aparecieron en las laderas. Aun así, el trazado antiguo siguió ahí.
Por eso el contraste resulta tan claro. En pocos metros se pasa de chalés recientes a corrales con gallinas y olivos viejos.
Lo que se come aquí
En la Vega de Granada el invierno se nota. La cocina es directa y de olla lenta.
El estofaíllo de ternera se prepara con tomate, cebolla y un toque de comino. Cuece durante horas. La receta suele transmitirse en casa.
Las habas con jamón llegan cuando la huerta entra en temporada. Muchas salen de los mismos bancales que riega la acequia.
También siguen presentes los embutidos de matanza. Morcilla y longaniza aparecen en muchas mesas del pueblo cuando llega el frío.
Los bares funcionan con una lógica sencilla. Vino de la casa y tapas que cambian según el día. Migas cuando sopla viento. Tortilla cuando el día viene lluvioso.
La campana que se oía de noche
El cerro de la Mora se levanta sobre el pueblo. Desde arriba se abre la Vega de Granada. En días claros se distingue incluso la Alcazaba de la Alhambra.
Hasta bien entrado el siglo XX, la noche en la vega era oscura. Entonces el sonido viajaba lejos. La campana de la Torre de la Vega podía oírse desde estos cerros.
Cenes formaba parte de lo que se llamaba la «Campana Granadina». Era una red de pueblos que ayudaban en los traslados funerarios nocturnos. Cuando sonaba la señal, los vecinos se organizaban para bajar hacia la ciudad.
Hoy el cerro funciona más bien como mirador natural. Al caer la tarde se encienden las luces de Granada. Detrás queda la silueta de Sierra Nevada.
Cómo llegar y recorrerlo
Cenes de la Vega está pegado a Granada. En coche se llega en pocos minutos desde el centro. También hay autobuses que conectan ambos lugares con frecuencia.
El pueblo se recorre sin prisa en una mañana. Conviene empezar junto a la acequia, cerca de la calle Real. Después se puede subir hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Expectación. El edificio actual se reformó en el siglo XVIII sobre uno anterior.
Desde el cementerio sale un sendero que sube al cerro de la Mora. No es largo y permite entender la posición del pueblo dentro de la vega.
Algunos días aparece mercado en la plaza. Suelen verse puestos de fruta y verdura de la comarca. El resto del tiempo queda el ritmo tranquilo de un pueblo que vive entre la huerta y la ciudad cercana.