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sobre Bonares
Pueblo blanco rodeado de viñedos y espacios naturales como el Arboreto del Villar; famoso por sus doce cruces de mayo que son Fiesta de Interés Turístico
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Llegas por la A-492 y lo primero que ves son invernaderos. Kilómetros de plástico blanco que brillan bajo el sol. Bonares empieza así: campo y trabajo. El pueblo aparece pegado a la carretera, sin rodeos.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
Aparcar suele ser fácil. La carretera principal tiene espacio y no suele haber problema. Si vienes en fin de semana de mayo cambia la cosa: las Cruces de Mayo llenan el pueblo y tocará dejar el coche algo más lejos. El resto del año, sin estrés.
Desde Huelva se tarda alrededor de media hora por autovía. Desde Sevilla algo más de una hora. Sin coche se complica; normalmente hay que hacer transbordo en otros pueblos.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia de la Asunción concentra casi todo el interés del casco urbano. Se levantó sobre la antigua mezquita y guarda retablos del siglo XVI. Están bien conservados, pero tampoco esperes un templo monumental.
La ermita de San Sebastián es pequeña. Básica. Si pasas por delante la ves en un minuto. Las cruces de los barrios son parte de la tradición local, aunque fuera de mayo son solo cruces.
La llamada romana de Los Bojeos suele verse desde fuera. Está cerrada y la visita se queda en mirar a través de la valla.
El Arboreto del Villar tiene más sentido que el centro del pueblo si te gusta la botánica. Allí plantaron decenas de especies de eucalipto a mediados del siglo XX para pruebas forestales. El resultado es un bosque raro que huele fuerte a eucalipto. Está a unos dos kilómetros y se llega por un camino de tierra.
Comer y beber
La caldereta de cordero aparece mucho en las cartas de la zona. Está bien hecha, pero es cocina de campo, sin artificios.
Los revoltillos son otra historia: menudo de borrego atado con tripa. Plato antiguo. Si te gusta el menudo, adelante. Si no, mejor pedir algo más sencillo.
Las tortas de Pascua salen en Semana Santa. Dulce seco, de los de antes.
También circulan mostos y mistelas hechos en casas particulares. Producción pequeña, bastante directa: llamas, te abren y te venden una botella. No hay escena nocturna ni terrazas modernas. Aquí la vida social sigue girando alrededor del campo y de las fiestas.
Cuándo venir y cuándo no
Mayo mueve el pueblo. Las Cruces de Mayo llenan las calles de claveles, música y comidas populares. Los vecinos montan las cruces por barrios y la gente va de una a otra. Hay bastante ambiente.
En octubre suele celebrarse la romería de Santa María Salomé. Funciona como muchas romerías de la provincia: camino, trajes rocieros y reunión familiar.
El verano se hace largo. Mucho calor y poca sombra. Además, la costa queda lejos para ir y volver sin pensarlo. Invierno es tranquilo, incluso demasiado.
Un detalle curioso que aquí recuerdan con orgullo: una vecina del pueblo, María Josefa del Álamo, bordó en el siglo XIX la primera bandera de Uruguay. La referencia aparece en el archivo municipal. No hay grandes placas ni museo.
Consejo final
Bonares se ve rápido. Pasea por la plaza, entra en la iglesia y da una vuelta corta. Si coincide con las Cruces de Mayo, entonces sí merece parar más tiempo.
Si no, funciona mejor como parada breve camino de Niebla o de La Palma del Condado. Aquí lo que hay es vida agrícola y un pueblo normal que sigue a lo suyo. No intenta impresionar a nadie.