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sobre Escacena del Campo
Pueblo de la campiña con un importante yacimiento arqueológico tartésico; combina la agricultura de cereal y garbanzo con la historia antigua
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Hay pueblos que parecen creados para que la gente los pase en coche sin parar. Escacena del Campo es uno de esos lugares que ves desde la carretera del Condado, lees el cartel y piensas: “otro pueblo más”. A mí me pasó exactamente eso la primera vez. Y, como cuando cambias de bar porque el de siempre está lleno y acabas encontrando uno mejor de casualidad, paré por pura curiosidad.
No es un sitio que te vaya a deslumbrar a primera vista. Pero cuando empiezas a rascar un poco —una ruina antigua por aquí, una iglesia con mucha historia por allá, alguna conversación con la gente del pueblo— la cosa cambia.
Tejada la Vieja: las ruinas que casi nadie ve
Si preguntas por restos romanos, tarde o temprano alguien te hablará de Tejada la Vieja. Está a unos kilómetros del casco urbano, entre campos y caminos de esos que parecen no llevar a ningún lado.
Y de repente aparece.
Lo que queda allí corresponde a la antigua Ituci, un asentamiento muy antiguo que luego tuvo etapa romana. No es un parque arqueológico lleno de paneles ni de pasarelas. Más bien es el tipo de sitio donde caminas entre piedras, muros bajos y restos de calles intentando imaginar cómo sería aquello cuando estaba vivo.
Dicen que desde aquí partía una conducción de agua que acababa llegando a la zona de Itálica, bastante lejos de Escacena. No soy arqueólogo, pero cuando ves la extensión del lugar entiendes que aquello no era un poblado pequeño precisamente.
Lo mejor de Tejada la Vieja es la sensación de estar en un sitio poco transitado. No hay colas ni tiendas alrededor. A veces estás prácticamente solo, con los olivos alrededor y el viento moviendo la hierba.
Ese tipo de visita que haces sin prisa.
La estación de tren que sigue marcando el ritmo
Escacena tiene estación de tren, algo que en muchos pueblos de este tamaño ya es historia. Forma parte de la línea entre Sevilla y Huelva y todavía hay movimiento de viajeros.
El edificio es de esos que recuerdan a las antiguas estaciones rurales: compacto, de ladrillo, con un aire algo decimonónico que hoy resulta casi raro de ver. No es grande ni espectacular, pero tiene ese punto de infraestructura que lleva ahí más de un siglo viendo pasar trenes y generaciones enteras del pueblo.
Desde la zona de la estación se divisa uno de los altos cercanos, el Alto del Cejo. No esperes grandes miradores acondicionados ni senderos llenos de señales. Aquí muchas veces funciona el método clásico: preguntar y seguir el caminito que te indican.
Y oye, a veces así se descubre mejor el sitio.
La iglesia del Divino Salvador
En el centro del pueblo está la Iglesia del Divino Salvador, uno de esos templos que te recuerdan lo antiguas que son muchas localidades del Condado.
Su origen se suele situar en la etapa medieval y mezcla rasgos góticos y mudéjares, algo bastante común en esta parte de Andalucía. Por fuera llama la atención la torre y el uso del ladrillo; por dentro, el techo de madera y ese ambiente tranquilo de iglesia de pueblo donde siempre parece que hay menos ruido que en la calle.
Dentro se venera la Virgen de Luna, muy vinculada a la historia local. Hay quien cuenta que la imagen dejó de salir en procesión hace décadas tras un incidente que la dañó. Son de esas historias que circulan por el pueblo y que cada vecino te explica con algún detalle distinto.
Lo que se come en Escacena
Aquí la cocina tira mucho de lo que ha habido siempre en el campo: legumbres, huerta, algo de cerdo y bastante aceite de oliva.
Uno de los platos que más se mencionan es el guiso de garbanzos, contundente, de los que se hacen a fuego lento y te dejan sin mucha gana de cenar después. No tiene ningún misterio moderno: garbanzos, embutido, verduras y tiempo.
En invierno también es bastante conocida la fiesta de Los Tostones. La base es sencilla: pan tostado con ajo y aceite acompañado de sardinas asadas. Dicho así parece poca cosa, pero cuando hace frío y estás en la calle con la gente del pueblo, funciona sorprendentemente bien.
Y luego están las orejitas de habas, un dulce tradicional que llama la atención por el nombre y por el ingrediente. Son de esas recetas que suelen guardarse en casa más que en los recetarios.
Cómo tomarse la visita
Escacena del Campo no funciona como un destino de checklist donde vas tachando monumentos. Es más bien de esos lugares donde la visita se arma con pequeñas cosas: un paseo por el centro, una conversación en la plaza, acercarte a Tejada la Vieja y mirar el paisaje del Condado alrededor.
Si vas con la idea de verlo todo en una lista perfecta, seguramente te parecerá poco. Pero si te lo tomas con calma —como cuando das una vuelta por el pueblo de un amigo— empiezas a entender cómo encaja en esta parte de Huelva.
Y entonces deja de ser “ese pueblo que pasas en coche”.