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sobre Lucena del Puerto
Municipio agrícola con un importante monasterio histórico; combina la producción de frutos rojos con la cercanía al entorno natural de Doñana
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Si vas a Lucena del Puerto, entra con el coche hasta la plaza y aparca allí. Suele haber sitio y no se paga. El pueblo es pequeño y se recorre rápido.
Luego ya verás lo que hay alrededor. Invernaderos de fresa durante kilómetros. Plástico blanco a ambos lados de la carretera. Después aparece el casco urbano. Unas 3.390 personas viviendo en medio del Condado de Huelva, entre viñas, naranjos y cultivos de berries.
Aparcar y comer: lo primero que necesitas saber
La plaza mayor suele estar tranquila incluso a mediodía. Algún vecino en los bancos y poco más. Desde allí ves la iglesia de San José. Es grande para un pueblo de este tamaño, aunque por dentro es bastante sobria.
En los bares del centro salen platos de diario. Revuelto de cordero con tomate, caballas asadas con tostón, guisos sencillos. Comida pensada para la gente que trabaja en el campo, no para visitantes.
Si coincides con las Cruces de Mayo verás cruces con flores y vecinos en la calle con una copa de fino. La romería de El Romerito, que suele celebrarse en septiembre, funciona parecido: salida al campo, comida y vuelta al pueblo.
Un pueblo agrícola, sin decorado
Lucena del Puerto no intenta aparentar otra cosa. Casas bajas, calles rectas y vida bastante tranquila. Gran parte de la economía gira alrededor de la fresa y la frambuesa. En temporada entran y salen camiones a todas horas.
Muchos jóvenes trabajan fuera y vuelven los fines de semana. También hay bastante mano de obra extranjera en las campañas agrícolas. Es parte del día a día del pueblo.
A las afueras quedan restos del antiguo monasterio de la Luz. Hoy es una finca privada y apenas se ve desde fuera. También hay un yacimiento conocido como La Dehesa, con restos romanos. Está vallado y normalmente no se visita.
El paseo de los pinos
Desde el pueblo sale el camino de los Pinos de la Cruz hacia la zona del Alamillo. Son unos cuatro kilómetros de pista de tierra entre pinos.
No esperes grandes vistas. Es el paseo que hacen los vecinos los domingos o al caer la tarde. Algo de sombra, olor a resina y, de fondo, el ruido lejano de la autovía.
En primavera, cuando florecen los naranjos cercanos, el aire cambia bastante. El recorrido se hace en poco más de una hora andando.
Lo que sí se come bien aquí
En invierno aparece a veces la caldereta de liebre. Depende de la caza de la temporada. Es un guiso con tomate, vino del Condado y verduras. No siempre está en carta; hay que preguntar.
En Semana Santa circulan dulces caseros. Amarguillos de almendra y tortas de manteca con canela y azúcar. Varias casas del pueblo siguen haciéndolos como antes.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño funcionan mejor. En primavera los campos de fresa están en plena campaña y el movimiento se nota en todo el pueblo. En otoño empieza la actividad de la vendimia en la zona del Condado.
En verano el calor aprieta mucho y a mediodía no se ve a nadie por la calle. En invierno puede tocar lluvia y bastante barro en los caminos.
Ven con coche. El transporte público aquí no ayuda mucho. Desde Huelva se tarda poco más de veinte minutos por la A‑49; desde Sevilla, alrededor de una hora.
Párate, da una vuelta por la plaza y come algo si te pilla la hora. Con eso te haces una idea bastante clara del lugar.