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sobre Manzanilla
Pueblo de tradición vinícola y arquitectura típica del Condado; destaca por sus bodegas y el recinto ferial donde se celebra una antigua feria real
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Turismo en Manzanilla no es algo que el pueblo persiga demasiado. Llegas por la A‑49, sales en La Palma y en unos 20 minutos estás aquí. Carretera entre algodón y viñedos y, al final, el campanario de ladrillo. A la entrada hay una explanada amplia donde suele haber sitio para aparcar. Gratis. Si vienes un día normal, no tendrás problema.
El pueblo se recorre rápido. Calles blancas, poco tráfico y bastante silencio entre semana.
El vino que no es jerez
Aquí hacen blanco seco desde hace siglos. Los ingleses ya lo compraban cuando el comercio del vino andaluz empezaba a moverse por Europa. No tiene que ver con la manzanilla de Sanlúcar. Es otro vino. Más directo, menos conocido. Pertenece a la DOP Condado de Huelva.
Las bodegas de la zona de Molinos siguen siendo muy básicas. Calles de tierra, naves frescas, olor a madera y humedad. Algunas abren si llamas antes. A veces enseñan el interior y sirven una copa. No esperes tienda ni visitas montadas.
Mucha gente del pueblo compra el vino en garrafa. Las de cinco litros todavía se ven salir de las bodegas los fines de semana. Si lo pides en un bar, lo normal es pedir un fino.
Qué ver sin alargar mucho la vuelta
La iglesia de Nuestra Señora está en la plaza. Se reconstruyó después del terremoto de 1755. Dentro hay una armadura de madera y un retablo barroco correcto. Se ve rápido.
En la misma zona hay columnas romanas reutilizadas como bolardos. Están ahí, sin cartel ni explicación. La mayoría pasa de largo.
El Cerro del Castillo queda a unos diez minutos andando. Arriba están los restos del antiguo asentamiento romano de Ostur. No queda gran cosa. Algunos muros y piedra suelta. La subida compensa por las vistas: viñedos alrededor y, si el día está claro, la línea de la sierra al fondo.
A un kilómetro está el santuario de la Virgen de la Victoria. El edificio actual también se levantó tras el terremoto. Cada 16 de agosto la zona se llena. Romería grande, mucha gente y mucho calor. Si buscas tranquilidad, ese día mejor no venir.
Comer en el pueblo
La caldereta de cordero es lo que más se repite. Aquí la hacen de varias maneras. Con guisantes es la versión que más se ve.
También aparece pescado en blanco con patatas cuando hay gurumelos en temporada. Suele ser en otoño, si el campo viene húmedo. Es cocina de casa, sin vueltas.
A media tarde salen muchas tortillitas de bacalao. Finas, poco rebozadas. Las piden sobre todo cuando la gente vuelve del campo.
Los postres son los de siempre. Arroz con leche templado o bizcochos caseros. Nada de platos decorados.
Cuándo ir
Primavera suele ser el momento más agradecido. Campos verdes y temperatura suave. A principios de febrero se celebra la romería del Palmiteo. Es pequeña. Mucho vecino y poco visitante.
En junio llega la feria del Valle y se mueve más gente por la comarca. En agosto se juntan las fiestas de San Roque y la Virgen de la Victoria. Calor fuerte y calles llenas por la noche.
El invierno es tranquilo. Los viñedos están en poda y en las bodegas hay tiempo para hablar con quien trabaja allí.
Rutas por los alrededores
Desde el cementerio sale el camino hacia Chucena siguiendo el arroyo del Algarbe. Ida y vuelta ronda los veinte kilómetros. Es pista agrícola, sin grandes paisajes. Tranquila, eso sí. A primera hora se ven garzas en las zonas húmedas.
También se puede caminar hasta Villalba del Alcor entre olivares. Son unos seis kilómetros. Muchos hacen la ida andando y luego vuelven en autobús si coincide horario.
No hay muchas fuentes en los caminos. Conviene llevar agua desde el pueblo.
El gasto aquí no suele ser alto. Aparcar es gratis y comer en un bar del pueblo normalmente no se dispara. Dormir ya obliga a mirar por la comarca o acercarse a Huelva.
Al final el plan es sencillo. Aparca, sube al Cerro del Castillo y mira el paisaje un rato. Luego baja a la plaza y toma un café. Con eso ya te haces una idea bastante clara de cómo es Manzanilla. No necesita mucho más.