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sobre Trigueros
Pueblo de la campiña famoso por el Dolmen de Soto y las fiestas de San Antonio Abad; rica historia agrícola y patrimonio prehistórico
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Hay un momento, justo cuando abandonas la autovía del mar y te metes en una carretera secundaria, en el que el paisaje cambia como quien cambia de canal. De pronto ya no hay playas ni chiringuitos, sino campos abiertos, algo de olivar y un cielo que parece más grande de lo normal. Ese es el momento en el que sabes que has entrado en el Condado de Huelva, y que Trigueros anda ya bastante cerca.
Un pueblo levantado sobre lo que fue una fortaleza
Trigueros es de esos sitios que no entienden de prisas. Tiene un tamaño medio —ni aldea diminuta ni ciudad— y en el centro las calles siguen el patrón de muchos pueblos onubenses: casas blancas, alturas bajas y esquinas donde el coche pasa justo, como cuando aparcas en el garaje de casa de un amigo y calculas al milímetro.
La referencia del pueblo es la iglesia de San Antonio Abad. A simple vista parece un templo grande, de los que dominan la plaza. Pero si te cuentan la historia cambia la cosa: en ese mismo lugar hubo una fortaleza de época medieval que quedó muy dañada tras el terremoto de Lisboa de 1755. Con el tiempo el espacio terminó transformándose y hoy la iglesia ocupa ese lugar.
Cuando lo sabes, empiezas a mirar distinto: muros gruesos, partes que parecen más defensivas que religiosas… da la sensación de que la piedra ha ido cambiando de función con los siglos, como esas casas antiguas que han sido tienda, vivienda y almacén según la época.
El dolmen de Soto, uno de los grandes del sur
A las afueras del pueblo está el Dolmen de Soto, y aquí Trigueros juega en otra liga. No es un dolmen pequeño perdido en mitad de un campo: es uno de los monumentos megalíticos más grandes de la península.
El corredor es largo, de esos que te hacen avanzar despacio casi sin darte cuenta. Las piedras verticales pesan toneladas y llevan ahí miles de años. Cuando entras te pasa una cosa curiosa: bajas la voz sin que nadie te lo pida. No es miedo ni solemnidad; es más bien la sensación de estar en un lugar muy antiguo donde han pasado muchas generaciones antes que tú.
Suele visitarse con control de acceso y explicación, lo cual se agradece, porque entender cómo se construyó y para qué se utilizaba cambia bastante la experiencia.
Aquí el choco manda en la mesa
Vamos a lo práctico, que al final es lo que todos miramos cuando viajamos: qué se come.
En esta parte de Huelva el choco con papas es casi una institución. El nombre suena humilde, pero el guiso tiene su aquel: sepia, patata, caldo con sabor a mar y ese punto espeso que pide pan al lado. De esos platos que no necesitan inventos modernos.
Luego está el jamón ibérico que llega desde la sierra de Huelva. No hace falta montar ceremonia: unas lonchas, un plato sencillo y ya está. Si pillas temporada de gurumelos —esas setas de primavera tan buscadas por aquí— aparecen en revueltos, guisos o simplemente a la plancha.
Es comida bastante directa, muy de casa. Sales lleno y con la sensación de haber comido como come la gente del pueblo.
Cuando llegan las fiestas el pueblo cambia de ritmo
San Isidro, a mediados de mayo, es uno de esos momentos en los que Trigueros se llena de gente que vive fuera pero sigue diciendo “voy al pueblo”. Aparecen primos, amigos de la infancia y familias enteras que vuelven solo para esos días.
El ambiente es más de reunión que de espectáculo: casetas de peñas, música, gente que se encuentra después de meses. Tiene más pinta de fiesta compartida que de evento montado para visitantes.
En verano llega la romería de San Benito, muy conocida en la zona. Carrozas, caballos, trajes de romero y un camino que la gente prepara durante meses. Si coincides esos días verás al pueblo entero metido en la romería, como si todos hubieran decidido salir juntos de excursión.
Consejo de amigo: cuándo venir
Mi consejo: evita agosto si buscas ambiente de pueblo vivo. No porque haya agobio, sino porque el calor aprieta y el ritmo baja bastante. Muchos días parecen una sobremesa larga.
Primavera funciona mucho mejor. Los campos alrededor están verdes y el pueblo tiene más movimiento. Y si vienes en febrero, la Candelaria suele llenar las calles de vecinos y hogueras, que es una forma bastante auténtica de ver cómo se reúne la gente aquí.
Y ya que estás, busca el choco con papas en alguna carta. No hace falta que te lo vendan como nada especial. Simplemente pídelo y luego me cuentas.
Trigueros no es el pueblo más famoso de Andalucía ni el que sale en todas las guías. Pero es de esos sitios donde pasas unas horas, comes bien, hablas con gente del lugar y te vas pensando: “oye, pues aquí se estaba a gusto”. Y a veces eso vale más que cualquier foto espectacular.