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sobre Estepona
El Jardín de la Costa del Sol destaca por su casco antiguo lleno de flores y murales artísticos y sus extensas playas
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Estepona ocupa un tramo de costa abierto entre Marbella y la frontera con Cádiz, en la parte occidental de la Costa del Sol. Durante siglos fue un pequeño puerto pesquero protegido por la sierra Bermeja a la espalda y por una franja de playas amplias hacia el sur. La economía giró mucho tiempo alrededor del mar —pesca, salazones, pequeños embarcaderos— antes de que el turismo cambiara el ritmo del lugar en la segunda mitad del siglo XX.
En la terraza de un bar cualquiera frente a la playa todavía es fácil escuchar historias de cuando la orilla era casi un descampado y los bañistas llegaban desde Málaga en tren o en autobuses antiguos. La escena de las sardinas asándose junto a la arena no es una recreación reciente: forma parte de la vida cotidiana de la costa desde hace generaciones. Mucho antes, en los cerros cercanos a Alcorrín, hubo asentamientos fenicios vinculados al comercio marítimo y a la conservación del pescado.
El pueblo que se pintó a sí mismo
El casco antiguo de Estepona no es grande, pero tiene una trama irregular que recuerda su origen medieval. Calles estrechas, casas bajas encaladas y plazas pequeñas que aparecen de repente entre manzanas compactas. A finales del siglo XX el municipio inició un proceso de renovación urbana bastante visible: fachadas restauradas, macetas en muchas calles y una colección de murales de gran formato repartidos por distintos barrios.
Estos murales —pintados en medianeras y edificios completos— funcionan casi como un museo al aire libre. Algunos se ven desde lejos, otros aparecen de pronto al doblar una esquina. No están concentrados en un único punto, así que recorrerlos implica caminar bastante por el pueblo y salir también del centro histórico.
Entre las construcciones más antiguas destaca la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, levantada en el siglo XVIII sobre un antiguo convento franciscano. Su torre —hoy conocida como Torre del Reloj— se ha convertido en una referencia visual dentro del casco antiguo. A pocos pasos está la plaza de las Flores, con naranjos y bancos de piedra. A ciertas horas del día se llena de vecinos más que de visitantes.
Huellas antiguas en la costa
La ocupación de este tramo de litoral es mucho más antigua que el pueblo actual. En los alrededores se han encontrado restos de asentamientos protohistóricos y estructuras relacionadas con la producción de salazones en época romana, actividad muy extendida en toda la costa malagueña.
En el entorno de Alcorrín se documenta un enclave fenicio importante para el comercio marítimo del Mediterráneo occidental. Más hacia el interior, la necrópolis de Corominas conserva sepulturas prehistóricas excavadas en la roca, con miles de años de antigüedad.
Durante la etapa islámica existió aquí una fortificación costera destinada a vigilar el litoral. Hoy quedan restos muy fragmentarios en las lomas cercanas a Los Pedregales. Tras la conquista castellana en el siglo XV la villa pasó a integrarse en el sistema defensivo de la costa, una franja plagada de torres de vigilancia para alertar de incursiones por mar.
El orquidario y los parques del centro
Uno de los proyectos más visibles del Estepona reciente es el Orquidario, un conjunto de cúpulas de vidrio que funciona como jardín botánico cubierto. En su interior se cultivan centenares de especies de orquídeas y otras plantas tropicales, organizadas en varios niveles con cascadas y senderos.
El edificio llama la atención por su estructura de cristal y por el contraste con las casas bajas del entorno. Alrededor se han ido creando pequeñas plazas y zonas verdes que conectan con otras intervenciones urbanas del centro.
A esto se suma una serie de esculturas repartidas por calles y paseos. No forman un museo cerrado: aparecen en rotondas, parques o avenidas, de modo que uno se las encuentra casi por casualidad al caminar.
Cocina de costa
La cocina local parte de lo que tradicionalmente daba el mar y la huerta cercana. La sopa campera —con pan asentado, tomate, pimiento, cebolla y aceite de oliva— pertenece a esa lógica de aprovechar lo que había en casa.
En las playas siguen viéndose espetos de sardinas asados sobre brasas junto a la orilla. También son habituales las frituras de pescado pequeño: boquerones, calamares o puntillitas, normalmente enharinados antes de pasar por la sartén.
Son platos sencillos y muy ligados al clima de la costa, donde buena parte del año se come ligero y, cuando aprieta el calor, muchas recetas se sirven templadas o incluso frías.
Cómo moverse por Estepona
Estepona se sitúa a algo más de ochenta kilómetros de Málaga siguiendo la autovía del Mediterráneo. El acceso habitual es por carretera; el tren no llega hasta aquí.
El casco antiguo puede recorrerse caminando sin dificultad. Desde el centro hasta el puerto deportivo hay un paseo marítimo largo y bastante continuo que bordea varias playas urbanas.
En los últimos años se ha ido ampliando también la Senda Litoral, un itinerario peatonal y ciclista que conecta distintos tramos de costa. Permite caminar junto al mar durante varios kilómetros, pasando por zonas de dunas y playas menos urbanizadas a medida que uno se aleja del centro.
Los domingos suele instalarse un mercadillo en la zona del puerto. Y en verano el municipio celebra su feria anual, que concentra buena parte de la actividad festiva del calendario local.