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sobre Lújar
Pueblo serrano mirando al mar desde la Sierra de Lújar; famoso por su alcornocal centenario y vistas panorámicas
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A las siete de la mañana, el aire en las calles de Lújar todavía conserva el frío de la noche. Se oye el chirrido de una persiana metálica, el arrastre de una escoba sobre la piedra. La luz, baja y dorada, tarda en llegar al fondo de las calles empinadas, dejando las sombras azuladas contra las paredes encaladas. El turismo en Lújar huele a leña quemada y a tierra seca, a café que hierve en alguna cocina. Este pueblo granadino, plantado a casi novecientos metros en la Costa Tropical, respira un aire distinto al de la franja litoral que se vislumbra más abajo.
La Plaza de la Constitución es un buen sitio para parar. No es grande. La rodean fachadas blancas y la iglesia de San Miguel, del siglo XVI, con una torre cuadrada y maciza que vigila el caserío. A media mañana, el sonido dominante es el de las conversaciones entre vecinos, el golpe seco de una puerta de madera, el repique lejano de las campanas.
Subir hacia el barrio alto
Las calles que trepan desde la plaza se estrechan. El empedrado da paso a lajas de piedra irregular que resbalan si llevas suelas lisas. Hay que caminar prestando atención. En los balcones de forja vieja se acumulan macetas: geranios con las hojas polvorientas, claveles, alguna enredadera que busca la luz.
En los rellanos inesperados, la vista se dispara hacia el sur. Aparecen entonces las laderas peladas, surcadas por bancales abandonados, y al fondo, en días muy claros, una línea fina y brillante: el Mediterráneo. Esa es la geografía real del lugar: la sierra áspera a tus espaldas y, allá abajo, el mar.
Senderos en la sierra
La montaña rodea el pueblo por completo. Es terreno seco, de tonos ocres y grises, salpicado de matas de romero, tomillo y aliaga. En primavera, cuando sopla el viento de levante, el aire se carga con el olor acre de la jara en flor.
Desde las últimas casas parten varios caminos. Uno bastante transitado lleva al Cerro del Conjuro. La subida es larga y constante; no hay fuentes en todo el recorrido. Arriba solo queda el viento y una panorámica amplia del valle del Guadalfeo. Si piensas hacer esta ruta, sal temprano o déjala para última hora de la tarde. Entre las doce y las cuatro el sol pega duro y no hay donde refugiarse.
Comer en Lújar
La comida aquí es contundente, hecha con lo que hay cerca. Migras con uvas o sardinas cuando refresca, platos de choto guisado, aceite local con un punto picante. Por la cercanía de la costa, a veces aparecen aguacates o chirimoyas en los mercados.
En algunas casas todavía se hacen dulces como las gachas con miel o la morcilla de calabaza, un guiño a las matanzas de antaño que mezcla lo dulce y lo salado.
Cuando anochece
Al caer la noche, las farolas dan una luz tenue y amarillenta. Si te alejas unos cien metros del último portalón, la oscuridad es casi completa. Entonces se ve el cielo: una cúpula negra llena de puntos brillantes, donde se distingue sin esfuerzo el rastro de la Vía Láctea. El único sonido suele ser el susurro del viento moviendo las hojas de una chumbera.
Fechas en el calendario
Las fiestas giran alrededor del patrón, San Miguel Arcángel, a finales de septiembre. Hay procesión por las cuestas y comidas largas en la plaza. Durante la Semana Santa salen tambores y saetas que resuenan entre los callejones.
Con los primeros fríos del otoño, a veces hueles a castañas asándose en un brasero de carbón junto al ayuntamiento. Es algo espontáneo, sin cartel ni horario.
Para tenerlo claro
Se llega desde Granada por carreteras comarcales. El último tramo serpentea por la montaña; son curvas cerradas donde no conviene ir rápido.
Lleva siempre calzado con buen agarre. Las cuestas son largas y hay tramos con piedra suelta. En invierno, aunque brille el sol a mediodía, al atardecer la temperatura cae en picado. Un jersey grueso no sobra.
Lújar no es un lugar para ver y marchar. Es para sentarse en un banco al sol de la mañana, notar el silencio entre campanada y campanada, y dejar que las horas pasen sin mirar el reloj. Aquí arriba aún se puede hacer eso.