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sobre Campofrío
Puerta de entrada a la sierra con una de las plazas de toros más antiguas de España; destaca por sus alcornoques centenarios y su tranquilidad
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El turismo en Campofrío empieza por una cosa simple: dónde dejas el coche. La carretera entra y prácticamente se acaba. Aparcas donde encuentres hueco. No hay parking ni zona marcada. El pueblo es pequeño y se recorre rápido. Calles en cuesta, casas blancas, la iglesia arriba.
Si vienes en fin de semana tranquilo, todo se ve en poco tiempo. En las fiestas de verano cambia la cosa y aparecen coches por todas las cunetas.
La plaza que se traga medio pueblo
La plaza de toros aparece de golpe. Sales de una calle estrecha y ya estás dentro. Es grande para un pueblo tan pequeño. Mide unos 53 metros de diámetro y suele fecharse a comienzos del siglo XVIII.
No es delicada ni especialmente bonita. Es un anillo de piedra viejo y bastante bruto. Pero funciona. Das la vuelta al ruedo en unos minutos y te haces una idea del tamaño. Aquí cabe bastante más gente que la que vive en Campofrío.
Durante las fiestas de verano se usa. El resto del año queda cerrada o medio vacía. Si el portón está abierto, entra y mira. No hay mucho más que hacer allí.
El puente viejo del Odiel
Desde la calle principal bajas en unos diez minutos. El camino lleva al Puente Viejo sobre el río Odiel.
Tiene tres arcos de piedra. Nada monumental, pero se nota que es antiguo. Se suele relacionar con las rutas mineras de época romana que sacaban mineral de esta zona hacia el interior.
La calzada conserva marcas de carros. Cuando llueve resbala bastante. No hay apenas señalización ni barandillas modernas. Solo el puente, el río abajo y el ruido del viento que sube del valle.
La iglesia de San Miguel
La iglesia está en la parte alta. Toca subir una cuesta corta pero empinada desde el ayuntamiento.
El edificio es sobrio. Piedra, volumen pesado, más cercano a un almacén fortificado que a una iglesia de postal. La estructura original es del siglo XV, aunque se reformó más tarde.
El interior solo se ve cuando abren para misa o algún acto. Dentro no hay demasiado que mirar salvo el retablo barroco. Fuera, el atrio tiene bancos bajo un pino. Los vecinos mayores suelen sentarse ahí cuando hace buen tiempo.
El agujero de la mina
Antes de entrar al pueblo habrás pasado cerca de la antigua Mina del Rey Salomón. Se ve desde la carretera.
Es una corta minera enorme. Aproximadamente dos kilómetros de largo y cerca de uno de ancho. La explotaron compañías británicas en el siglo XIX. Desde arriba parece un cráter limpio, como si alguien hubiera vaciado la montaña.
No hay mirador preparado ni demasiada protección. Si te acercas al borde, hazlo con cabeza. El viento pega fuerte y el terreno no siempre está firme.
Comer algo y cuándo venir
Aquí no hay mucha infraestructura para visitantes. En la plaza y en la calle del ayuntamiento suele haber un par de sitios sencillos donde comer lo que haya ese día. Cocina de la zona: guisos de cuchara cuando hace frío, dulces tradicionales en fechas señaladas. Nada pensado para turistas.
El pueblo no tiene horario. Puedes venir a cualquier hora y caminar sin problema. Entre semana apenas hay movimiento. Los fines de semana se nota algo más de gente.
Si coincide alguna fiesta local en verano, la plaza de toros se llena y el pueblo cambia por completo durante un par de días.
Un consejo simple: ven con tiempo, deja el coche arriba y baja andando. Da una vuelta, cruza el puente y siéntate un rato en el atrio de la iglesia. En una mañana lo tienes visto. Campofrío no es grande, pero tampoco pretende serlo.