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sobre Navas de San Juan
Pueblo de tradición olivarera y taurina; destaca por sus romerías
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Navas de San Juan es como ese primo que solo ves en bodas y funerales: cuando llega su momento, resulta que tiene más historias que contar que el que se fue a Australia. Y mira que no es grande —cuatro mil y pico vecinos, arriba o abajo—, pero empiezas a rascar un poco y aparecen detalles curiosos: por ejemplo, un lavadero antiguo que todavía se conserva y que aquí mencionan con bastante orgullo.
No es uno de esos pueblos que te abruman con monumentos cada veinte metros. Aquí la cosa va más de ritmo tranquilo, de plazas donde la gente se conoce y de ese paisaje de olivar que rodea todo el término.
El pueblo que se compró su propio nombre
Una de las historias que más se repiten en Navas de San Juan tiene que ver con su nombre. A comienzos del siglo XIX el pueblo consiguió el título de villa pagando a la Corona, algo que en aquella época no era tan raro. A partir de ahí quedó fijado el nombre que tiene hoy, con el “San Juan” ligado a la devoción local.
La iglesia de San Juan es el edificio que más presencia tiene en el centro. No es una catedral ni pretende serlo, pero cuando entras hay ese olor a cera y a madera vieja que todos asociamos con las iglesias de pueblo. El techo de madera vista llama bastante la atención.
El campanario está vinculado a una torre más antigua que formaba parte de la fortificación del lugar. Subiendo se entiende bien la posición del pueblo: al norte empiezan los montes de Sierra Morena y al sur se abre el mar de olivos típico de esta parte de Jaén.
Aceite, romero y cocina de sierra
Aquí el aceite de oliva no es un producto gourmet que se saca para la foto. Es lo normal. La tostada del desayuno suele llegar con un buen chorro y nadie se sorprende.
La cocina del pueblo sigue bastante ligada a lo que da la sierra cercana: platos contundentes cuando refresca y cosas más frescas en verano, con gazpachos y salmorejos que entran solos cuando el calor aprieta. También aparecen guisos de caza en temporada y mucha cocina hecha con ajo, tomillo y aceite nuevo.
Hay quien habla con bastante orgullo del flan casero que se prepara en algunas casas y bares del pueblo. De esos que salen firmes, con bastante huevo. Ese tipo de postre que parece sencillo hasta que intentas hacerlo tú en casa.
Para entender mejor todo lo que rodea al aceite, el pueblo tiene un pequeño museo dedicado a este mundo. Está instalado en un edificio que antes tenía otro uso muy distinto y ahora explica cómo funciona una almazara y cómo ha cambiado el trabajo del campo con los años. Si vas con niños suele funcionar bien porque hay maquetas y cosas que se pueden mirar sin demasiada teoría.
Cuando llegan las fiestas
Si hay un momento en el que Navas de San Juan cambia completamente es durante la romería de la Virgen de la Estrella. Se celebra en primavera y el camino hasta la ermita reúne a muchísima gente de la zona. Son unos cuantos kilómetros andando entre carretas, música y familias enteras que aprovechan el día para verse.
En junio llegan las fiestas de San Juan y el ambiente sube varios puntos. Muchos navenses que viven fuera vuelven esos días, así que el pueblo se llena de gente que se saluda como si no hubieran pasado los años. Hay encierros, casetas y bastante movimiento por las calles hasta bien entrada la noche.
En agosto suele repetirse el ambiente festivo con otra feria pensada sobre todo para quienes no pudieron venir en junio. Es algo bastante común en pueblos donde mucha gente trabaja fuera.
Y en invierno aparece el carnaval, que aquí se vive con ganas. Comparsas, disfraces y bastante humor local. De esos carnavales donde más de una letra solo la entienden los del pueblo, porque hablan de lo que ha pasado durante el año.
Paseos sencillos alrededor del pueblo
Una de las cosas agradables de Navas de San Juan es que no hace falta organizar mucho. Llegas, aparcas cerca del centro y en pocos minutos estás caminando por la plaza.
Desde ahí salen varios paseos fáciles:
- El camino que lleva hasta el antiguo lavadero conocido como Las Pilas, a un paseo corto del casco urbano. A veces todavía se ve a gente mayor acercándose por allí, más por costumbre que por necesidad.
- La ruta hacia la ermita de la Virgen de la Estrella, que sigue en parte el recorrido de la romería. Es un paseo largo pero bastante llevadero, entre campo y olivar.
Si te gusta caminar un poco más, por la zona también aparecen restos de caminos antiguos y cerros desde los que se ve todo el valle del Guadalquivir cubierto de olivos. En días claros el paisaje se vuelve casi hipnótico: filas y filas de árboles hasta donde alcanza la vista.
Un pueblo que va a su ritmo
Navas de San Juan no juega a ser lo que no es. No hay grandes hoteles ni calles pensadas para el turismo rápido. El plan suele ser más sencillo: una casa rural, desayuno con pan tostado y aceite, paseo por el pueblo y charla con quien toque en la plaza.
Es ese tipo de sitio donde, si vuelves al año siguiente, probablemente te encuentres a la misma gente en los mismos bancos. Y eso, en tiempos de viajes exprés y lugares que cambian cada temporada, tiene bastante valor.