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sobre Vilches
Pueblo rodeado de embalses con un castillo en la cima; excelentes vistas panorámicas
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Vilches ronda los 4.000 habitantes y queda a unos 65 kilómetros de Jaén. El pueblo se agarra a la A‑4 entre olivares, kilómetros y kilómetros. Si vienes en coche, lo normal es dejarlo cerca del centro y moverte andando. El casco no es grande y en media tarde lo tienes recorrido.
El castillo que no es castillo
El Castillo de Giribaile está a unos 7 kilómetros del pueblo. Se llega por una pista de tierra. No esperes aparcamiento como tal: la gente suele dejar el coche donde puede, cerca del cerro.
El lugar tiene historia larga. Primero fue oppidum ibérico y después fortaleza islámica. La conquista cristiana llegó en tiempos de Fernando III. Hoy lo que queda son restos sueltos: algún tramo de muro y poco más. Ruinas, sin reconstrucciones ni carteles espectaculares.
La subida es corta. Cinco minutos andando si dejas el coche abajo. Desde arriba se ve lo que hay alrededor: olivares hasta donde alcanza la vista y el valle del Guarrizas. Sirve para estirar las piernas y echar un rato.
Un pueblo que trabaja
Vilches no vive del turismo. Aquí la rutina gira más alrededor de la cooperativa, el campo y los bares de siempre.
Las casas son las típicas de la zona: fachada blanca, tejado de teja árabe, calles con alguna cuesta. En la calle Corredera hay un escudo del siglo XVIII en el número 38. Si te gustan esos detalles de piedra, míralo. Si no, pasas de largo y tampoco pierdes nada.
La estación de ferrocarril es del siglo XIX. Hoy siguen parando algunos trenes regionales. El puente sobre el río Guarrizas se suele fechar en el siglo XV y todavía lo cruzan coches. Eso sí llama un poco más la atención.
Qué se come aquí
No hay una lista larga de platos con nombre propio. La cocina es la que se repite por toda la provincia: jamón, secreto ibérico, salmorejo, pipirrana.
La regla es fácil: entra donde veas gente del pueblo. Si hay tortilla recién hecha, pídela. Si no, tira a lo que tengan ese día.
El producto que sí manda es el aceite. En esta zona se produce mucho y suele salir bueno. Mucha gente compra directamente en la cooperativa para llevarse una garrafa.
Cuándo venir y cuándo no
Primavera suele ser el mejor momento. Temperatura suave y los olivares todavía verdes.
Verano es duro. Treinta y muchos grados y poca sombra fuera del pueblo. Si vienes, mejor moverte a primera hora o al caer la tarde.
En otoño empieza el movimiento de la aceituna y hay más trajín en caminos y cooperativas. En invierno todo va más despacio y el pueblo se recorre en poco tiempo.
Consejo práctico
Vilches se ve rápido. El cerro de Giribaile te ocupa otro rato más. No da para mucho más que eso.
Si vienes desde lejos, compensa combinar la parada con Baeza o Úbeda, que están a poca distancia y tienen bastante más que ver.
Y para Giribaile: madruga un poco y lleva agua. Arriba no hay sombra ni fuentes. Aquí el sol pega directo.