Artículo completo
sobre Espartinas
Municipio residencial del Aljarafe con tradición taurina y vinícola que alberga un importante monasterio
Ocultar artículo Leer artículo completo
A las nueve de la mañana, cuando el sol ya calienta el alero de las casas bajas, el olor a manteca derretida se escapa de los obradores de la calle Real. Espartinas huele a domingo casi cualquier día: a tortas de aceite crujientes, a masa que se deshace entre los dedos. El pueblo se despierta despacio. Los vecinos cruzan la plaza con la bolsa del pan bajo el brazo, saludan al dependiente por su nombre y comentan si ha llovido algo por los campos del Aljarafe. Espartinas no es un sitio que se enseñe de golpe. Hay que caminarlo calle a calle, como cuando se pela una naranja y el aroma va llenando la cocina.
El Aljarafe en el plato
A primera hora, en las barras donde se sirve café desde temprano, todavía se ven desayunos de pan tostado con manteca colorá o aceite nuevo. El murmullo es bajo: gente mirando el móvil, otros comentando cómo viene la campaña del campo.
En muchas casas del Aljarafe el gazpacho se prepara espeso, casi para comer con cuchara, con pan asentado y buen chorro de aceite. No es una receta exclusiva de Espartinas, pero aquí aparece mucho en verano, cuando el calor aprieta y la cocina se resuelve con lo que haya fresco.
Los alrededores del pueblo han sido tradicionalmente tierra de huertas y olivares. En primavera es fácil ver espárragos trigueros en los mercados de la zona, atados en manojos finos. Se suelen hacer a la plancha o en revueltos sencillos, de esos que se comen de pie en la cocina.
El vino que aparece en muchas mesas sigue siendo vino de mesa, servido sin ceremonia. A menudo llega en garrafas compradas en cooperativas de pueblos cercanos del Aljarafe.
Un paseo hacia las antiguas salinas
A unos kilómetros del casco urbano, entre manchas de pinar y terreno de monte bajo, quedan restos de lo que se conocen como las antiguas salinas de Espartinas. Hoy el lugar es discreto: muros bajos, canalillos medio cubiertos por tierra y vegetación, y alguna explanada donde el sol cae sin sombra.
Durante mucho tiempo se habló de manantiales salinos en esta zona y de pequeñas explotaciones que aprovecharon esa agua. No todo está bien documentado y el paisaje ha cambiado bastante, pero todavía hay vecinos que recuerdan historias de camiones cargados de sal camino de Sevilla.
El paseo hasta allí discurre entre olivares viejos y caminos agrícolas. En algunos tramos el sendero se estrecha y las ramas rozan los brazos, dejando ese olor seco de la jara y el polvo caliente. Si no conoces bien la zona conviene llevar el recorrido marcado en el móvil o preguntar antes: los caminos se cruzan mucho y es fácil despistarse.
La romería de la Virgen de Loreto
A comienzos de otoño, cuando el calor ya afloja un poco, Espartinas se llena de carretas adornadas y caballos con cascabeles. Es la romería de la Virgen de Loreto, muy ligada a la historia del Aljarafe y a la devoción que hay en muchos pueblos de alrededor.
La escena tiene algo muy propio de esta zona: carros avanzando entre olivares, mujeres con mantilla, hombres con traje corto y altavoces donde suenan sevillanas casi sin descanso.
Hay un momento que muchos esperan cada año. Tradicionalmente, algunos aviones sobrevuelan el recorrido y dejan caer pétalos de rosa desde el aire. Los pétalos bajan despacio y se quedan pegados en los sombreros o en la tierra del camino. Dura apenas unos minutos.
Un pueblo que ha crecido hacia Sevilla
Espartinas ha cambiado mucho en las últimas décadas. Su cercanía con Sevilla —apenas unos kilómetros— ha hecho que mucha gente se mudara aquí buscando más espacio y casas con patio. En las zonas nuevas aparecen urbanizaciones y chalets con jardines jóvenes, todavía sin la sombra que dan los árboles viejos.
Aun así, el ritmo del casco más antiguo sigue siendo otro. Calles donde las casas casi se tocan por arriba, macetas en las puertas y tendederos cruzando de fachada a fachada.
Al caer la tarde puedes pasar por el parque de la Constitución. Los jubilados se reúnen bajo los naranjos para jugar a las cartas, las conversaciones saltan de un banco a otro y los niños dan vueltas en bicicleta alrededor del mismo camino una y otra vez. Cuando el aire se enfría un poco aparece el olor del jazmín mezclado con el de las bolsas de patatas recién abiertas.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Sevilla se llega en coche en pocos minutos por la A‑49, tomando una de las salidas hacia el Aljarafe. También se puede entrar por carreteras secundarias que atraviesan olivares y antiguas fincas agrícolas.
Hay autobuses metropolitanos que conectan con la capital, aunque los horarios suelen ser más frecuentes entre semana que en domingo. Conviene revisarlos antes.
El verano aquí es seco y pesado, sobre todo cuando el calor se queda pegado al asfalto incluso al anochecer. La feria del pueblo suele celebrarse en verano y durante esos días el ambiente cambia bastante: música alta, casetas y mucho movimiento hasta tarde.
Si prefieres ver Espartinas con menos gente, la primavera y el principio del otoño funcionan bien. Los campos del Aljarafe todavía conservan algo de verde y por las tardes se puede caminar sin esa sensación densa del verano más fuerte. Los fines de semana soleados llegan muchos coches desde Sevilla y el ambiente es más bullicioso que entre semana.