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sobre Abla
Municipio situado en la vertiente norte de Sierra Nevada; destaca por su arquitectura tradicional y entorno natural
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Enclavado en las estribaciones de Sierra Nevada, a 861 metros de altitud, Abla emerge como una joya escondida en la comarca de Filabres-Tabernas. Este pequeño municipio almeriense de 1.255 habitantes conserva la esencia de la España rural más auténtica, donde el tiempo parece haberse detenido entre calles empedradas y casas blancas que se aferran a la ladera montañosa.
El pueblo, de origen árabe, debe su nombre a "Tabla", que significa "el monte", una denominación que cobra sentido al contemplar su ubicación privilegiada entre valles y cerros. Su arquitectura tradicional andaluza, salpicada de elementos moriscos, convierte cada paseo en un viaje al pasado, mientras que sus miradores naturales ofrecen panorámicas espectaculares de la vega del río Nacimiento y las cumbres nevadas de Sierra Nevada.
La tranquilidad que se respira en Abla es su mayor tesoro. Aquí, el visitante puede desconectar del ritmo acelerado de la ciudad y sumergirse en un entorno donde la naturaleza y la tradición conviven en perfecta armonía.
Qué ver en Abla
El patrimonio de Abla, aunque modesto, refleja su rica historia milenaria. La Iglesia Parroquial de San Sebastián preside el centro del pueblo con su torre campanario visible desde cualquier punto del municipio. Este templo del siglo XVI conserva elementos arquitectónicos que narran los diferentes períodos históricos por los que ha atravesado la localidad.
Paseando por el casco histórico, el visitante descubrirá calles estrechas y serpenteantes que mantienen la trama urbana original árabe. Las casas tradicionales, con sus fachadas encaladas y tejados rojos, crean un conjunto arquitectónico de gran belleza donde destacan algunos ejemplos de arquitectura popular andaluza con elementos decorativos de herencia musulmana.
El entorno natural constituye uno de los principales atractivos de Abla. Desde el pueblo se pueden contemplar magníficas vistas del Valle del Nacimiento y de las cumbres de Sierra Nevada. Los alrededores están surcados por barrancos y ramblas que en primavera se llenan de vegetación y color, creando paisajes de gran belleza.
Las fuentes naturales dispersas por el término municipal han sido tradicionalmente puntos de encuentro y descanso. Algunas de estas fuentes, como la que da nombre a la localidad, forman pequeños oasis de frescor especialmente apreciados en los meses de verano.
Qué hacer
La privilegiada ubicación de Abla la convierte en un punto de partida ideal para realizar rutas de senderismo por la Sierra de los Filabres y las estribaciones de Sierra Nevada. Los senderos que parten del pueblo permiten descubrir paisajes de gran diversidad, desde zonas áridas típicamente almerienses hasta bosques de pinos y encinas en las cotas más altas.
La gastronomía local mantiene las recetas tradicionales de la comarca. Los productos de la huerta, regada por las aguas del río Nacimiento, dan lugar a platos sabrosos donde destacan las verduras y hortalizas de temporada. Los guisos de cordero y cabrito, así como las migas, forman parte de una cocina rústica pero sabrosa que refleja la tradición pastoril de la zona.
Para los aficionados a la fotografía y la observación de la naturaleza, Abla ofrece oportunidades excepcionales. El contraste entre los paisajes semidesérticos y las zonas de regadío, junto con la arquitectura tradicional del pueblo, proporcionan infinitas posibilidades para capturar la esencia del interior almeriense.
La proximidad a otros pueblos de la comarca permite realizar rutas culturales que incluyen localidades como Gérgal o Fiñana, cada una con su propia personalidad e historia que contar.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Abla mantiene vivas las tradiciones populares andaluzas. Las fiestas patronales en honor a San Sebastián se celebran en enero, coincidiendo con la festividad del santo patrón. Durante estos días, el pueblo se engalana y los vecinos participan en procesiones y actos religiosos que mantienen viva la devoción popular.
En agosto tienen lugar las fiestas de verano, momento en el que el pueblo duplica su población con el regreso de emigrantes y visitantes. Durante estas fechas se organizan actividades culturales, música tradicional y degustaciones de productos locales que permiten conocer de cerca las costumbres de la comarca.
La Semana Santa se vive con especial intensidad, manteniendo tradiciones centenarias que han pasado de generación en generación. Las procesiones por las calles empedradas del pueblo crean una atmósfera de recogimiento y devoción muy característica de los pueblos andaluces.
Información práctica
Para llegar a Abla desde Almería, hay que tomar la A-92 en dirección Granada hasta la salida de Gérgal, desde donde una carretera comarcal conduce al pueblo en aproximadamente 10 minutos. El trayecto total desde la capital almeriense es de unos 45 kilómetros.
una de las mejores época para visitar Abla es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra toda su belleza. Los meses de verano pueden ser calurosos, aunque la altitud del pueblo proporciona un clima más fresco que en el litoral.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y, si se planean excursiones por los alrededores, equiparse adecuadamente para el senderismo. El pueblo cuenta con servicios básicos, aunque para mayor variedad gastronómica o de alojamiento conviene explorar también las opciones en localidades cercanas de la comarca.