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sobre Benitagla
El municipio con menos habitantes de la provincia; refugio de paz en la Sierra de los Filabres
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El turismo en Benitagla empieza por entender dónde está el pueblo. Se asienta en la vertiente sur de la Sierra de los Filabres, a unos 950 metros de altitud, en una ladera seca y abierta hacia el valle. Aquí viven poco más de sesenta personas. El caserío se adapta a la pendiente con calles estrechas y curvas cortas, una forma de construir que recuerda al pasado morisco del lugar.
Contexto histórico y geográfico
Benitagla tiene raíces en la presencia bereber en la península. Su nombre suele interpretarse como “hijo de Tagla”, una referencia de origen árabe que aparece en varios topónimos de la zona. Tras la conquista cristiana del siglo XVI, el lugar continuó como pequeño núcleo agrícola, ligado a bancales de secano y a una ganadería modesta.
La comarca de Filabres‑Tabernas combina sierras relativamente altas con zonas muy áridas. En torno al pueblo aparecen encinas dispersas, algunos pinos carrascos plantados para fijar el terreno y mucho matorral bajo: tomillo, romero y otras especies adaptadas a la falta de agua. Los bancales abandonados que rodean el casco recuerdan que la agricultura tuvo más peso del que hoy parece.
La estructura del pueblo
El núcleo se recorre en poco tiempo. Las calles suben y bajan siguiendo la ladera, sin una trama regular. Las casas son sencillas, encaladas, con rejas y pequeños patios o azoteas.
La iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción ocupa el centro del pueblo. El edificio actual se levantó en el siglo XVI y fue reformado más tarde, probablemente en el XVIII. No es un templo grande, pero su posición en la plaza explica su papel en la vida local: allí se concentran las reuniones y muchas de las celebraciones.
Entre las casas se abren puntos desde los que se ven las lomas de alrededor y, cuando el día está claro, la franja más árida que anuncia el desierto de Tabernas. No hay miradores señalizados. Basta asomarse a cualquier calle que mire hacia el valle.
Caminos y paisaje alrededor de Benitagla
El paisaje que rodea el pueblo es el de una media montaña seca. Lomas redondeadas, barrancos profundos y pistas que siguen antiguos caminos agrícolas.
De Benitagla salen varias veredas y pistas forestales. Muchas se han usado tradicionalmente para acceder a bancales o para el paso del ganado. No siempre están señalizadas. Quien quiera caminar por la zona suele llevar mapa o preguntar a los vecinos.
La luz cambia mucho a lo largo del día. Por la mañana el relieve aparece más nítido; al caer la tarde los tonos ocres del terreno se acentúan y el pueblo queda en sombra mientras el valle aún conserva claridad.
Vida local, cocina y celebraciones
La cocina que se mantiene en el entorno responde a lo que daba la tierra: legumbres, platos de cuchara y embutidos elaborados en casa. No es una oferta pensada para visitantes. Se mantiene sobre todo en reuniones familiares y en fiestas del calendario local.
La celebración principal está ligada a la Inmaculada Concepción, en diciembre. Las procesiones y los actos religiosos se concentran en torno a la iglesia y la plaza. La Semana Santa se vive de forma sencilla, con los oficios litúrgicos como centro.
Durante el verano el pueblo cambia algo. Muchos vecinos que viven fuera regresan unos días y la población aumenta temporalmente. Se nota más movimiento en las calles y en las casas familiares.
Cómo llegar y qué conviene saber
Desde Almería capital lo habitual es tomar la A‑92 hacia el interior y después desviarse hacia Tabernas. Desde esa zona parten carreteras locales que suben hacia la sierra. El último tramo es de montaña, con curvas y pendientes.
Benitagla es un núcleo muy pequeño. No hay una infraestructura turística amplia. Quien se acerque suele hacerlo como parte de una ruta por la sierra de los Filabres o por los pueblos del entorno. Conviene llegar con el recorrido pensado y con tiempo para moverse por carreteras tranquilas.