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sobre Benizalón
Pueblo serrano dominado por el Santuario de Monteagud; vistas impresionantes de la sierra y el desierto
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A primera hora, cuando el sol empieza a rozar las fachadas encaladas, Benizalón todavía está medio en silencio. Alguna puerta se abre, se oye un coche que arranca cuesta arriba y el viento baja por la ladera con ese olor seco de la sierra: tierra, tomillo y polvo fino de los caminos. Desde la plaza se entiende enseguida cómo está hecho el pueblo: casas agarradas a la pendiente y calles que suben en zigzag entre muros blancos y portales antiguos.
Un pueblo pequeño en la sierra de los Filabres
Benizalón está en la parte oriental de la sierra de los Filabres, a bastante altura sobre el nivel del mar. Esa posición se nota en el aire —más fresco de lo que muchos esperan en Almería— y en la forma en que el paisaje se abre alrededor: lomas secas, bancales de almendros y algunos olivares que siguen marcando el ritmo agrícola de la zona.
En el centro está la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, frente a la plaza. No es un edificio monumental, pero organiza la vida del pueblo desde hace generaciones. A ciertas horas del día, cuando la luz entra de lado, la fachada blanquísima refleja tanto que obliga a entornar los ojos.
En una ladera cercana hay una pequeña ermita desde la que se domina buena parte del valle. El acceso suele hacerse por pista o sendero. No es un mirador preparado, más bien un alto en el camino desde donde se ven los pinares dispersos y los campos de almendros que rodean el municipio.
Caminar alrededor de Benizalón
El paisaje aquí se recorre mejor despacio. Alrededor del pueblo salen caminos agrícolas y senderos que bajan hacia ramblas secas o suben por las lomas cercanas. No hay señalización abundante en todos los tramos, así que conviene preguntar antes a algún vecino o en el ayuntamiento si se quiere hacer una ruta más larga.
En algunos puntos el suelo aparece cubierto de lajas de pizarra y matorral bajo. Cuando sopla el viento, el sonido es muy claro: ramas secas rozándose y, a lo lejos, algún rebaño moviéndose por la ladera.
En días muy despejados la vista alcanza sierras bastante lejanas, y a veces se intuye una línea azulada hacia el sur que recuerda la cercanía del Mediterráneo, aunque no siempre se distingue con claridad.
Noches muy oscuras
Uno de los detalles que más sorprenden al quedarse hasta tarde es la oscuridad. Hay poca iluminación fuera del casco urbano y el cielo aparece lleno de estrellas. En verano, cuando el calor del día se va retirando, es habitual subir a alguna loma cercana o simplemente sentarse en un banco de la plaza y mirar hacia arriba.
Si vienes en esas fechas, trae algo de abrigo ligero: incluso en agosto la temperatura baja bastante por la noche debido a la altitud.
Comida ligada al campo
La cocina que se encuentra en los pueblos de esta zona suele ser directa y contundente. Platos de cuchara cuando refresca, migas en días fríos y recetas donde aparecen mucho la cebolla, los pimientos secos o la carne de cabra. En temporada de almendra, el olor a fruto recién tostado aparece a menudo en las casas y patios.
En otoño todavía se ven cuadrillas trabajando en los almendros de los alrededores. Durante esos días el paisaje cambia: mantas extendidas bajo los árboles, golpes secos de vara y sacos amontonados al borde del camino.
Llegar y moverse
Desde la ciudad de Almería el trayecto suele llevar algo más de una hora, combinando autovía con carreteras comarcales que atraviesan la zona de Tabernas y se adentran después en los Filabres. Los últimos kilómetros son de curvas y calzada estrecha.
Al entrar en el pueblo conviene conducir despacio: algunas calles son muy pendientes y no siempre hay espacio para cruzarse con otro coche. Mucha gente deja el vehículo cerca de la plaza y se mueve a pie.
Cuándo venir
La primavera cambia bastante el aspecto de los alrededores. Entre febrero y marzo los almendros florecen y las laderas se llenan de manchas blancas y rosadas. El contraste con la tierra rojiza de la sierra es muy marcado.
El verano puede ser seco y luminoso, con tardes muy quietas. Si se visita en esa época, lo mejor es salir a caminar temprano o ya al caer la tarde. El otoño también tiene buen ritmo: menos calor y movimiento en los campos por la recogida de la almendra.
Benizalón no funciona como una parada rápida de carretera. Es un lugar pequeño, de los que se entienden mejor pasando unas horas sin prisa, viendo cómo cambia la luz sobre la sierra y escuchando lo que ocurre cuando el viento empieza a bajar por las lomas.