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sobre Castro de Filabres
Pequeño pueblo de pizarra y piedra en la sierra; arquitectura negra tradicional bien conservada
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En las alturas de la Sierra de los Filabres, a 960 metros sobre el nivel del mar, se encuentra Castro de Filabres, una pequeña aldea almeriense que parece suspendida en el tiempo. Con apenas 109 habitantes, este diminuto enclave de la comarca de Filabres-Tabernas representa la esencia más auténtica del interior andaluz, donde cada rincón cuenta la historia de una forma de vida ancestral ligada a la montaña.
Rodeada de paisajes áridos pero sorprendentemente bellos, Castro de Filabres ofrece al visitante la oportunidad de desconectar completamente del bullicio urbano. Sus casas blancas se aferran a las laderas como testigos silenciosos de siglos de historia, mientras que el aire puro de la sierra y el silencio únicamente interrumpido por el viento crean una atmósfera de paz absoluta. Es el destino perfecto para quienes buscan el turismo rural más auténtico, lejos de las multitudes y conectando con la Andalucía más genuina.
Qué ver en Castro de Filabres
La iglesia parroquial constituye el principal foco patrimonial del pueblo, presidiendo la plaza central con su sencilla pero hermosa arquitectura popular andaluza. Su campanario se alza como referencia visual desde cualquier punto de la aldea, y sus muros encalados reflejan la luz intensa de la sierra almeriense.
El propio urbanismo de Castro de Filabres merece una visita pausada. Sus calles estrechas y empinadas, adaptadas a la orografía montañosa, conservan el trazado irregular típico de los pueblos de origen árabe. Las casas tradicionales, con sus fachadas blancas, tejados de teja árabe y pequeños patios, forman un conjunto arquitectónico de gran valor etnológico.
Los alrededores naturales constituyen sin duda el mayor atractivo de Castro de Filabres. La Sierra de los Filabres despliega aquí toda su belleza austera, con paisajes de matorral mediterráneo, pinos carrascos y almendros que tiñen de blanco y rosa las laderas en primavera. Las vistas panorámicas desde el pueblo abarcan kilómetros de montañas onduladas, creando un espectáculo visual especialmente impresionante al amanecer y al atardecer.
La flora y fauna autóctonas ofrecen interesantes oportunidades de observación para los amantes de la naturaleza. Jaras, tomillos y retamas perfuman el aire, mientras que no es raro avistar águilas, búhos reales y otras rapaces sobrevolando los barrancos cercanos.
Qué hacer
Castro de Filabres es un punto de partida ideal para explorar la Sierra de los Filabres a través de rutas de senderismo que se adaptan a diferentes niveles. Los caminos tradicionales que conectaban la aldea con los cortijos cercanos se han convertido en senderos perfectos para caminar entre paisajes de gran belleza, donde el silencio y la inmensidad del territorio invitan a la contemplación.
La observación astronómica encuentra aquí condiciones excepcionales gracias a la ausencia de contaminación lumínica y la altitud. Las noches estrelladas en Castro de Filabres resultan verdaderamente espectaculares, convirtiendo cualquier terraza o mirador improvisado en un observatorio natural.
Para los interesados en la fotografía de paisajes, la aldea y sus alrededores ofrecen infinitas posibilidades. La luz cambiante de la sierra, los contrastes cromáticos entre el blanco de las casas y el ocre de la tierra, y las composiciones que forman las montañas crean escenarios únicos en cada momento del día.
La gastronomía local, aunque sencilla, refleja la tradición culinaria de la sierra almeriense. Los productos de la tierra, como las migas, el gazpacho serrano, los guisos de caza y las hierbas aromáticas que crecen silvestres, forman parte de una cocina honesta y sabrosa que algunos vecinos aún preparan siguiendo recetas tradicionales.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, cuando el pueblo recibe a antiguos vecinos que regresan para participar en las celebraciones. Aunque modestas por el tamaño de la población, estas fiestas mantienen vivas tradiciones como la música popular, los bailes regionales y las verbenas al aire libre.
La Semana Santa, pese a la reducida población, conserva un carácter recogido y emotivo, con procesiones que recorren las calles empinadas de la aldea en un ambiente de profunda religiosidad popular.
En primavera, coincidiendo con la floración de los almendros, algunos años se organizan pequeñas celebraciones que aprovechan la espectacular transformación del paisaje para crear eventos que combinan naturaleza y tradición.
Información práctica
Para llegar a Castro de Filabres desde Almería capital, hay que tomar la A-92 en dirección norte hacia Guadix hasta la salida hacia Gérgal, continuando después por carreteras comarcales que serpentean por la sierra durante aproximadamente una hora y media. El acceso final se realiza por una carretera de montaña en buen estado pero con numerosas curvas.
una de las mejores época para visitar la aldea es primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra sus mejores colores. El verano puede resultar caluroso durante el día, aunque las noches son frescas por la altitud. El invierno, aunque frío, ofrece días despejados ideales para el senderismo.
Es recomendable llevar ropa de abrigo para las noches, independientemente de la época del año, y calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y los senderos de montaña. La aldea cuenta con servicios básicos, pero conviene aprovisionar combustible y alimentos en poblaciones mayores antes de la ascensión.